Alfredo Ramírez y el arte en todas sus expresiones

Si hay algo que define el trabajo de Alfredo Ramírez es su versatilidad como artista plástico, tanto en concepto y técnica como en los materiales que usa para realizar sus obras.

 

Desde la pintura, la cerámica, y el mármol, pasando por metales, elementos mecánicos, y hasta radiografías han servido, por un espacio de más de 30 años de trayectoria, como elemento expresivo para este artista caraqueño.

 

Y es que cuando hablamos del uso de medios mixtos en Venezuela sin duda destaca el trabajo de Ramírez, cuya versatilidad lo ha llevado en los últimos años a engalanar los espacios públicos de la ciudad de Caracas para el disfrute de todos.

 

Atawa Shihi, parte del proyecto Viarte, es la tercera obra escultórica de Ramírez, de una serie de creaciones de gran formato ejecutadas en metal e instaladas en espacios urbanos, que comenzó con La Aguja de Caracas en la plaza Diego Ibarra (inaugurada en el marco del Bicentenario de la Independencia de Venezuela en el año 2011); y continuó con Biosilice, ubicada en la entrada del Cementerio General del Sur desde el año 2013.

 

En la variedad está el gusto

 

La multifacética trayectoria artística de Alfredo Ramírez comenzó en la pintura con sus estudios en la Escuela Cristóbal Rojas en el año 1975, y continuó con su participación en el taller del pintor Ángel Foong. Continuaría estudiando esta disciplina en Italia, en la Academia de Bellas Artes de Brera (Milán), y en la Academia de Bellas Artes de Venecia, ciudad en la que además expandió su horizonte creativo al estudiar litografía, grabado y serigrafía en el Instituto Internacional de la Gráfica.

 

De vuelta a Venezuela se instala en Mérida, ciudad que marca su vida y trayectoria plástica. En esa entidad andina comenzó su trabajo en docencia e instaló dos murales, uno para la Biblioteca Central de Barquisimeto y otro de grandes dimensiones en la Avenida Tulio Febres Cordero, iniciando así las intervenciones artísticas en espacios urbanos.

 

En la década de los 90 se radica nuevamente en Caracas, desde donde continuó desarrollando sus múltiples formas de expresión plástica. Elementos mecánicos, como los utilizados en El beso automático, obra con la que participó en la III Bienal de Guayana; barro, radiografías, diapositivas y otros materiales se seguirían sumando a los medios para mostrar su particular visión artística, la cual ha expuesto en importantes espacios como la Galería de Arte Nacional, el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, el Museo Alejandro Otero, el I Salón Pirelli, la Fundación Mendoza y la Fundación Cisneros.

 

El cuerpo humano

 

Entre los temas que ha trabajado destaca la reflexión acerca del cuerpo humano, desde su dentadura hasta sus vértebras. Una de sus propuestas más ambiciosas en torno a esto lo llevó en 1994 a obtener la beca PS1 Museum del Instituto de Arte Contemporáneo de Nueva York. Se trataba de un proyecto de instalaciones que abarcaban desde maquinarias en movimiento hasta investigaciones del cuerpo humano con rayos X, a través de las cuales proponía relaciones y diferenciaciones entre cuerpo y alma, carne y huesos.

 

En ese entonces comentó sobre su trabajo: «son piezas que tienen vida propia, como el motor central que nos rige: el parasimpático, respecto al consciente. Quise separarlo respecto del cuerpo, como un animal primitivo en vuelo libre. El hombre es una máquina de ingerir conocimientos, incluso, él vampiriza en torno a las ideas».

 

Metal y mármol

 

El artista ha continuado su exploración de medios, destacando en sus últimas obras el uso del metal, especialmente el aluminio, material con el cual ha esculpido obras monumentales que abordan espacios urbanos, llevando con ellas el arte a los habitantes de la ciudad.

 

La Aguja de Caracas sería la primera de esas obras. Su primera noche en su espacio definitivo en la renovada plaza Diego Ibarra, ubicada en el centro de Caracas, la pasó en compañía de su autor, quién después de semanas sin dormir descansó, al fin, al lado de la espigada escultura, amaneciendo a su lado el 5 de julio de 2011, fecha en que la Patria cumplía 200 años de libertad.

 

El proyecto de rehabilitación del Cementerio General del Sur de Caracas en 2013, incluyó la instalación, en su entrada, de la escultura metálica Biosilice, que da la bienvenida a los miles de visitantes del mausoleo más importante del país.

 

Atawa Shihi cerraría la serie de obras metálicas, escultura del proyecto Viarte inaugurada en 2014. La estilizada estructura tubular de 24 metros le da su nombre, que significa árbol en lengua indígena yanomami. Esta obra monumental se puede ver a la distancia desde distintos algunos en la avenida Francisco Fajardo frente al Coliseo de Petare.

 

La versatilidad artística y capacidad técnica de Alfredo Ramírez le ha permitido asumir otra exigente faceta, la de restaurador de obras de reconocidos artistas: Penetrable de Jesús Soto, intervenida en 2006 y Espejo Solar de Alejandro Otero, en la cual trabajó en 2010.

Biografía mínima

Más del Artista

Con información de Fundarte, Proyecto Extramuro, Guía Caracas y en el sitio web del artista

El proceso creativo es una ‘sucesión’, como la de las guerras y conquistas, donde las ideas van tomando el espacio de lo realizable, según su fuerza y sentido de pertenencia, a un territorio que las hará posibles.

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