Convierten más de 3 millones de toneladas de basura en electricidad y calefacción

Suecia se ha posicionado como un referente mundial en la gestión de residuos al transformar, en un año, más de 3 millones de toneladas de basura procedente de Noruega, Reino Unido, Irlanda e Italia en electricidad y calefacción para los hogares de esa nación.

Este modelo, que combina innovación tecnológica, políticas ambientales estrictas y una economía circular, no solo resuelve el problema de la basura interna, sino que genera ingresos al importar residuos de naciones vecinas que luchan por gestionarlos.

En un mundo donde la crisis climática exige soluciones sostenibles, el caso sueco ilustra cómo la basura puede ser un recurso valioso reduciendo emisiones de dióxido de carbono (CO2) y fomentando tanto el reciclaje como la independencia energética.

Gobierno sueco impulsó las plantas de incineración con recuperación de energía

 

La historia de este sistema comienza en la década de 1990, cuando Suecia enfrentaba vertederos saturados y una dependencia de combustibles fósiles para calefacción y electricidad. Con el fin de optimizar recursos, el gobierno impulsó las plantas de incineración con recuperación de energía (WtE por sus siglas en inglés), reguladas por la Ley de Protección Ambiental de 1998.

Estas plantas convierten el 50% de los residuos municipales en energía, suministrando electricidad a 1,5 millones de hogares y calefacción distrital a más de 1,2 millones. Un ejemplo emblemático es la planta de Höje, en Malmö, que procesa 350.000 toneladas al año y genera 200 gigavatios hora (GWh) de electricidad, que beneficia a 20.000 hogares, además de 600 GWh térmicos para calefacción urbana.

En 2024, las exportaciones netas de energía desde residuos alcanzaron 20 teravatios hora (TWh), lo que cubrió el 20% de la calefacción distrital nacional. Vale destacar que las municipalidades suecas reciben unos 50 euros por tonelada de basura importada, con lo que cubre costos operativos y financia más reciclaje.

El corazón del sistema son las incineradoras modernas

El corazón del sistema son las incineradoras modernas, equipadas con calderas de recuperación de calor, turbinas de vapor y filtros avanzados. El proceso inicia con la separación mecánica, mediante la cual metales y reciclables se extraen, dejando un combustible derivado de residuos (RDF, por sus siglas en inglés),

Tal combustible derivado de residuos tiene un alto poder calorífico, de 10 a15 megajulios por kilogramo (MJ/kg, que es una unidad de densidad de energía o poder calorífico) y se quema a 850-1.000°C. Esto produce un vapor que impulsa generadores eléctricos y agua caliente para redes distritales.

Ante las críticas que ambientalistas hacen a Suecia por su sistema de quema de basura para producir energía, las plantas incorporan filtros de gases que reducen los óxidos nitrosos (NOx) en un 90%; partículas, en un 99% y dioxinas por debajo de 0,1nanogramo por metro cúbico (ng/m³).

Además, plantas como la de Uppsala, prueban tecnologías de Captura y Almacenamiento de Carbono (CCS) en asociación con una empresa sueca cuyas plantas filtran el CO2 directamente del aire ambiente mediante un proceso de adsorción-desorción que lo elimina permanentemente (hasta 800.000 toneladas en 2025). Finalmente, reutilizan subproductos útiles, donde las cenizas se emplean en construcción como escoria ligera para carreteras y el yeso de los filtros en agricultura

Suecia adopta metas de reciclaje cada vez más exigentes

Por otra parte, Suecia adopta metas de reciclaje cada vez más exigentes. Los residuos no reciclados pagan altos impuestos, mientras gravámenes bajos a la energía renovable incentivan las plantas de valorización energética de residuos o  WtE.

Destaca que 99% de los hogares suecos tienen recogida selectiva, con tasas de reciclaje del 48% para papel/plástico y compostaje del 15%. Esto crea 3.000 empleos directos en el sector y fomenta innovación, como el uso de IA para optimizar combustión en plantas como la de Göteborg.

Para los hogares, el impacto es positivo, pues la calefacción distrital cubre 70% de las necesidades urbanas a precios estables (entre 0,08 y 0,10 euros por kilovatio hora), frente a la volatilidad del gas. Estudios han revelado que en invierno, plantas como la de Helsingborg suministran calor a barrios enteros, reduciendo la pobreza energética al 1%.

Con voluntad política y tecnología, la basura deja de ser problema

El modelo sueco demuestra que con voluntad política y tecnología, la basura deja de ser problema para convertirse en solución energética. Países como Dinamarca (líder en WtE) y Singapur lo replican, pero Suecia con sus 10 millones de habitantes que generan unos 4,5 millones de toneladas de residuos domésticos al año, destaca por su integración en la calefacción distrital.

Transformar 3 millones de toneladas de basura importada en energía vital para hogares no solo resuelve crisis locales, sino que inspira un mundo donde los desechos impulsan el progreso sostenible.

Y todo, pese a retos como la referida necesidad de controlar las emisiones de CO2, para lo que el plan nacional sueco se plantea reducir residuos incinerados en un 20%, vía más compostaje y economía circular, en el 2030. Así como alcanzar la neutralidad climática para 2045, transformando la tecnología WtE en un proceso “carbono negativo”, mediante la captura y almacenamiento de carbono (CCS) combinada con hidrógeno verde.

 

Con información de Ecoinventos, Surl I y Surl II y La Colonia Portal

Fotos cortesía de Ecoinventos, Surl e Información


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