El mundo ha entrado en una era de “bancarrota hídrica” alerta un informe de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que señala que el saldo del planeta en cuanto al recurso es negativo pues el 70% de los grandes acuíferos está en declive.
De acuerdo al análisis de la Universidad de Naciones Unidas, la humanidad no solo ha gastado el ingreso anual de agua de ríos y lluvias, sino que ha vaciado los ahorros milenarios guardados en glaciares, humedales y acuíferos.
Más de la mitad de los grandes lagos del planeta se están secando y en 50 años se han perdido humedales equivalentes a toda la superficie de la Unión Europea. La magnitud empieza a ser visible en los datos y en el territorio. Tres de cada cuatro personas viven en países con escasez, contaminación o sequías recurrentes. Cerca de 4.000 millones sufren estrés hídrico al menos un mes al año. Algunas pérdidas podrían ser irreversibles, advierten los investigadores.
Esta advertencia cambia la forma de entender la escasez de agua, evidenciando que no se trata solo de una “crisis” pasajera. En este sentido, científicos advierten que en muchos lugares del planeta el agua disponible ya no puede volver a los niveles de antes. Ante esta realidad, la ONU plantea que hay que dejar de tratar el tema como una emergencia temporal y empezar a gobernar un mundo con menos agua disponible: proteger lo que queda, reducir la demanda y cambiar cómo producimos alimentos y cómo crecen las ciudades.
Bancarrota hídrica global
Dirigido por Kaveh Madani, profesor de investigación del Instituto CREST en el City College de Nueva York, el informe de la ONU describe un fallo sistémico permanente en el que la familia humana ha agotado el capital natural necesario para la recuperación de los recursos hídricos.
El término de “bancarrota hídrica” aparece en el docuemento titulado Global Water Bankruptcy, Living Beyond Our Hydrological Means in the Post-Crisis, publicado en enero de 2026 por el Instituto de la Universidad de las Naciones Unidas para el Agua, el Medio Ambiente y la Salud (UNU-INWEH). Con sede en Canadá, fue creado en 1996 y es uno de los 13 institutos que conforman la Universidad de las Naciones Unidas (UNU), rama académica de la ONU.
“Este informe cuenta una verdad incómoda: muchas regiones están viviendo por encima de sus posibilidades hidrológicas y muchos sistemas hídricos críticos ya están en quiebra”, afirma el autor principal Kaveh Madani, director del UNU-INWEH. Al respecto, explica que muchas regiones han vivido muy por encima de sus recursos, extrayéndolos de un saldo que de por sí ya era negativo.
El problema es sistémico. El informe identifica dos motores: la expansión agrícola y urbana en zonas áridas y el calentamiento global, que intensifica la evaporación y vuelve las lluvias más erráticas. Asimismo, conecta el estrés hídrico con migraciones, conflictos y protestas. Cuando fallan los sistemas de agua, se resienten el empleo, la producción de alimentos, la vida cotidiana y la estabilidad política. También advierte que cualquier mejora tecnológica necesita ir acompañada de reducciones reales en el uso del agua, pasando por la agricultura, responsable de la mayor parte del consumo mundial de este recurso.
La bancarrota hídrica en cifras
Otros aspectos cruciales destacados en el mencionado documento son: déficit hídrico estructural; acuíferos en retroceso; demanda de agua superior a la recarga; presión conjunta de la agricultura y el clima. Esto convierte al agua en factor de inestabilidad social.
Existen una variedad de cifras que evidencian la bancarrota hídrica. En la actualidad el 75 % de la población mundial vive en países con inseguridad hídrica; 4 mil millones de personas sufren escasez grave de agua al menos un mes al año; 1 de cada 4 carece de acceso a agua potable gestionada de manera segura; unos 2.200 millones de personas, mientras 3.500 millones carecen de saneamiento seguro. Además, más de la mitad de los alimentos del planeta se producen en regiones donde las reservas de agua disminuyen.
Por otra parte, más de la mitad de los grandes lagos del mundo han perdido agua desde 1990, y desde 1970 se ha destruido alrededor del 35 % de los humedales naturales y el 30% del hielo de glaciares y zonas polares. Un número creciente de ríos no logran llegar al mar o están por debajo de su caudal durante partes significativas del año. Mientras el agua subterránea abastece a la mitad de la población mundial y sostiene el 40 % del riego agrícola.
A esto se suma que la extracción excesiva de agua subterránea ya ha contribuido a una significativa subsidencia del terreno en el 5% de la superficie terrestre mundial: 2.000 millones de personas habitan sobre terrenos que se hunden por la sobreexplotación de aguas subterráneas.
La contaminación amplifica la crisis pues, incluso en territorios con abundancia hídrica, la calidad del agua se deteriora. El crecimiento de centros de datos, la contaminación industrial, los vertidos urbanos y el uso masivo de fertilizantes convierten recursos potenciales en agua inutilizable.
¿Qué es la bancarrota hídrica?
La ONU acuña el término bancarrota hídrica para referirse a la situación de lugares donde el uso excesivo la degradación prolongada del agua ha llevado a ríos, acuíferos, lagos y ecosistemas más allá de su capacidad de recuperación.
Esta expresión se aplicaría a aquellos territorios donde la situación de los recursos hídricos es totalmente insostenible al haber superado la capacidad de satisfacer la demanda con los recursos anuales que se reciben y de renovar los reservorios de agua heredados del pasado.
Así, el término describe cuando las sociedades extraen agua por años y décadas más rápido de lo que la naturaleza puede reponerla, no solo de ríos y lluvias, sino también de reservas que tardan siglos en recuperarse como acuíferos, humedales y glaciares.
El análisis explica que además de gastar en exceso sus “ingresos” anuales de agua provenientes de lluvias, ríos, suelos y nieve, muchas sociedades también han agotado los “ahorros” acumulados durante décadas, siglos o milenios en reservorios naturales de agua dulce.
Ahora bien, es necesario considerar tanto la cantidad como la calidad de agua accesible. Las fuentes superficiales de agua polucionadas, los acuíferos y suelos salinizados significan que la fracción de agua verdaderamente utilizable disponible se está reduciendo.
Consecuencias de la bancarrota
“Las consecuencias de la bancarrota hídrica son visibles en todos los continentes: ríos que ya no llegan al mar; lagos, humedales y glaciares que se han encogido o desaparecido; acuíferos exprimidos hasta que el terreno se hunde y el agua salada se introduce en ellos; bosques y turberas que se secan e incendian; desiertos y tormentas de polvo que se expanden, y ciudades llevadas repetidamente al borde del Día Cero” o momento en que se quedarán sin capacidad de ofrecer abastecimiento a sus habitante, señalan los autores del informe.
Al respecto, explica que se trata de síntomas de sistemas que han gastado en exceso su presupuesto hidrológico y han erosionado el capital natural que una vez hizo posible la recuperación.
En diversas áreas del planeta, la bancarrota hídrica es especialmente tangible, explica el texto que destaca regiones de Asia meridional y central, incluyendo el norte de China. A ello se suman Oriente Medio y el Norte de África, afectando al Mediterráneo y el sur de Europa. Mientras que en América destacan el suroeste de Estados Unidos y el norte de México, con especial presión en la cuenca del río Colorado. También incluye partes del sur de África y distintas regiones de Australia.
Debido a estas circunstancias, la gran familia humana enfrenta consecuencias como sequías más largas, alimentos más vulnerables, ciudades que se hunden, territorios que pierden sus fuentes de agua, y un impacto mayor en comunidades rurales, pueblos indígenas y poblaciones pobres. En muchas regiones, la lluvia anual y el caudal de ríos y embalses ya no cubren la demanda humana, agrícola e industrial. El déficit se compensa extrayendo aguas subterráneas que tardan siglos y hasta milenios en recuperarse.
Bancarrota, estrés o crisis
Como ya se explicó, la bancarrota hídrica es la extracción excesiva y persistente de aguas superficiales y subterráneas que supera los flujos renovables y los niveles seguros de agotamiento, frente a la pérdida irreversible del capital natural relacionado con el agua.
“Los términos habituales ‘estrés hídrico’ y ‘crisis hídrica’ no son adecuados para describir todas las situaciones. El estrés hídrico describe una alta presión que aún es reversible; la crisis describe choques agudos y limitados en el tiempo. La bancarrota hídrica debe reconocerse como un estado post-crisis distinto, donde el daño acumulado y el exceso han socavado la capacidad del sistema para recuperarse”, afirman los autores del informe, quienes enfatizan la necesidad de abordar la situación como una quiebra definitiva.
El estrés hídrico refleja una alta presión humana sobre las fuentes de suministro de agua que puede ser reversible en cierto tiempo con medidas de gestión adecuadas, mientras que la crisis hídrica describe situaciones agudas y temporales, que pueden superarse con un cambio en las precipitaciones y también en la gestión de la situación.
Impacto económico
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Los impactos económicos de la bancarrota hídrica son igualmente alarmantes. «Esta quiebra no es un problema local, es un riesgo sistémico que fluye por las venas del comercio mundial», advierte el científico Madani.
Además del valor perdido de los humedales, el costo mundial anual de los daños relacionados con sequías inducidas por el hombre alcanza 260 mil millones de euros, y el 50 % de la producción mundial de alimentos está en riesgo debido a la inestabilidad o disminución del agua almacenada.
Durante las últimas cinco décadas, el mundo ha perdido aproximadamente 410 millones de hectáreas de humedales, equivalente a la superficie de la Unión Europea, y la pérdida de servicios ecosistémicos de estos humedales está valorada en más de 5.1 billones de dólares, lo que equivale aproximadamente al PIB anual combinado de unos 135 de los países más pobres del mundo.
Conclusiones
Al publicar este informe, la ONU aboga por entender la gravedad de la situación y tomar medidas globales para ofrecer soluciones. “Este informe no es otra advertencia sobre una crisis que podría llegar en el futuro. Es una declaración de que el mundo ya está viviendo por encima de sus posibilidades hidrológicas y que muchos sistemas hidrológicos manejados por el ser humano están operando en un estado de bancarrota hídrica”, afirma el UNU-INWEH
En este sentido, señala que se requiere un reinicio global de la gobernanza del agua, pasando de la gestión de crisis a la de la quiebra, priorizando la adaptación a las nuevas realidades hidrológicas, la protección del capital natural restante y la justicia hídrica. Así, propone recortar los derechos de extracción para ajustarlos a la oferta real y transformar sectores intensivos en agua, como la agricultura y la industria.
Reconocer la bancarrota hídrica obliga a cambiar la relación con los ecosistemas. Menos sobreexplotación de acuíferos significa menos subsidencias, menos salinización de suelos y más resiliencia frente a sequías. Proteger humedales y caudales ecológicos es una inversión en estabilidad climática, biodiversidad y seguridad alimentaria. Reducir la contaminación del agua mejora la salud humana y reduce la presión sobre nuevas fuentes.
La Conferencia del Agua de la ONU 2026 se presenta como la oportunidad crítica para este «rescate hídrico».
Como mensaje definitivo, el informe señala que es posible aprender a vivir con menos agua, pero exige gestión real lo que exige comenzar a medir para registrar datos que apunten a un balance hídrico fiable y a una estratégica planificación.
Con información de ONU, Ecoinventos, Fundación Aquae y Atlántico