En el estado Guárico se encuentra Ortiz, el pueblo que inspiró la novela Casas muertas de Miguel Otero Silva, una población que quedó plasmada eternamente en la obra literaria de este afamado autor como metáfora del abandono y la desigual modernización, impulsados por el olvido y las epidemias de paludismo que diezmaron a los pueblos llaneros a mediados del siglo XX.
Este pueblo real de los llanos centrales sirvió de base para la ficción, capturando la atmósfera de un lugar que agonizaba, pero también de un país en transformación. La famosa novela venezolana dibuja a un Ortiz en decadencia luego de una epidemia de paludismo que provocó la muerte o migración de sus habitantes, impulsada además por la explotación petrolera, dejando una población mermada y las “Casas muertas”.
Un retrato de la Venezuela rural que sufrió las contradicciones del progreso, convirtiéndose en una obra cumbre de la literatura venezolana.
Pero este pueblo no siempre fue así. Hubo un momento en el siglo XIX que llegó a ser bautizado como “La Flor de los Llanos” por su pujante economía agropecuaria y sus signos de bienestar social. En ese entonces llegó a ser la sexta ciudad más importante Venezuela.
El valle de Ortiz
Ortiz tiene una superficie de 5.081 kilómetros cuadrados, lo que representa un 7,8% de la superficie del actual estado Guárico, en un valle rodeado por pequeños cerros de la cordillera del interior, en el tramo que se extiende entre la depresión Turbio -Yaracuy, por el oeste y la depresión Unare, por el este, y se eleva entre la parte central de la depresión llanera y el mar Caribe.
Desde el punto de vista hidrográfico, la zona pertenece a las aguas fluviales de la Cuenca del Río Tiznados y el río Paya, este último afluente de esta entidad llanera y de gran importancia en la región noroccidental.
Esta red hidrográfica principal, representada por los ríos Paya, San Antonio y el Vilchez, cumple un papel de primer orden en el área, pues son tierras aluviales que drenan y ofrecen ventajas aprovechables para el poblamiento humano.
Característica definió el trazado del camino real o los caminos de recuas que lo comunicaba con los Valles de Aragua y Caracas. Desde el siglo XVII se conoció como el Valle de Ortiz y San Antonio. Sería el espacio donde se edificaría el pueblo de Casas muertas.
Origen ancestral
En términos geográficos el Valle de Ortiz estaba adscrito al Valle de Parapara, sitio más antiguo y primero de los pueblos fundado por colonos españoles. A su vez, estaban en poder administrativo de San Sebastián de los Reyes.
Para el momento de la colonización el espacio físico estaba estructurado por pequeñas comunidades indígenas nómadas. Así lo atestiguan la cantidad de topónimos de origen caribe-cumanagotos, como restos de petroglifos y algunas piezas arqueológicas encontradosen el lugar. Destacan los hallazgos en la llamada Sierra de Tiznados y Paya Abajo, espacios cruzados por varios ríos y quebradas. Ambos lugares sirvieron de asiento fundamental a grupos indígenas nómadas y luego al poblamiento europeo. Las tierras localizadas al sur, regadas por el río Paya y más allá el Guarumen y el Tiznados, eran planas y ricas en pajizales para la expansión ganadera y el establecimiento de hatos. Estudios etnohistóricos recientes han podido encontrar vestigios de esas culturas en Paya Arriba, tales como utensilios de uso doméstico: platos, vasos, figuras de barro en general, piedras trabajadas o lítica.
Existen varias versiones del origen del nombre de esta población llanera. Una de ellas afirma que el nombre de Ortiz viene de una palabra de origen vasco que significa lugar donde abundan las “argomas”, en referencia a una planta espinosa cuyo nombre científico es Ulex beaticus.
Otra teoría señala que es la variante vasca del término latino Fortunus “suerte”, que dio origen al apellido Fortún, pues como en vasco no existe el sonido de la “f” el Fortún se convirtió en “Ortún” y de allí a Ortiz.
Camino de ganados
Ortiz era un camino de ganados ubicado en la entrada de los Llanos de la vieja Provincia de Caracas, que iba desde Calabozo, Tiznados y los ilimitados hatos hasta la entrada de los Valles de Aragua por la Villa de San Luis de Cura. Estos pueblos salieron de las misiones y el ganado, en lenta penetración de la basta llanura, y crecieron lentamente con el aumento de los rebaños.
La tradición oral atribuye el origen del poblado a un cacique establecido en el valle quien junto a sus descendientes crearon una población que sería bautizada con su propio nombre. Sin embargo, los orígenes históricos del pueblo que años después sería el escenario de Casas muertas se remontan a mediados del siglo XVII, fecha en que la comunidad fue elevada a parroquia eclesiástica bajo el título de Santa Rosa de Lima.
A finales del siglo XVII se funda la población permaneciendo como Parroquia Civil de San Sebastián de los Reyes, para entonces el área pertenecía al estado Aragua, pero luego de un tratado con el estado Guárico se hace un intercambio de territorios resultando esta zona bajo jurisdicción guariqueña.
En su proceso socio-histórico, el pueblo se levanta con el impulso económico y social experimentado en el siglo XVIII gracias a la producción ganadera y los cultivos de tabaco, añil y algodón, entre otros rubros. Esto, junto al crecimiento de la población, llevó a la “puerta de entrada de los Llanos” o “garganta de los llanos que era la Provincia de que Ortiz, a ser denominada Village. Así en 1800 Alejandro de Humboldt lo llamaba “villorrio”.
Ortiz en la Independencia
Durante la Guerra de Independencia, Ortiz fue azotado por tropas realistas al mando de Eusebio Antoñanzas, lugarteniente de Domingo Monteverde. Sus hombres incendiaron la ciudad en 1812 y establecieron sus cuarteles en el pueblo para evitar sublevaciones.
A pesar de ello, el pueblo se unió a la causa, generándose manifestaciones públicas de adhesión a Simón Bolívar. El 26 de marzo de 1818, se registró el combate en el que el Libertador venció a Miguel de La Torre. Para el 18 de agosto se había firmado la capitulación entre el realista José Antonio Arizábalo y Octavio ante Lorenzo Bustillos, ratificada por José Antonio Páez el 4 de septiembre en Ortiz. Posteriormente, se llevó a cabo la Batalla de La Cuesta, el 30 de noviembre de 1829, en donde ni realistas ni patriotas obtuvieron la victoria.
Dos veces capital
Guárico consiguió su autonomía en 1848, y el 18 de febrero de ese año José Tadeo Monagas creó el nuevo cantón de Ortiz. Sin embargo, sería disuelto el 22 de febrero de 1864 al triunfar el federalismo y crearse los veinte estados independientes y el Distrito Federal. En medio de la Guerra Federal se llevó a cabo la Batalla de Los Playones de Ortiz, en la que el general Zoilo Medrano venció a las tropas centralistas del gobierno de Julián Castro, el 18 de marzo de 1858.
En 1866 Ortiz pasó a llamarse Departamento Bermúdez y en 1872 le fue concedido el título de ciudad. Esta fue una de las épocas de mayor auge pues contaba con un colegio de francés, cuatro periódicos y tres escuelas, una diurna, otra nocturna y una para señoritas. Cuando en 1873 Joaquín Crespo – natural de Parapara – fue presidente del estado Guárico, trasladó la capital a Ortiz (1877).
A comienzos del siglo XX el poblado fue azotado por el paludismo, origen del éxodo de sus habitantes el cual se hizo más dramático en 1918, cuando la peste española acabó de manera definitiva con la población restante, circunstancia bajo la que pareció realmente “Casas muertas”.
En 1970 Ortiz se encontraba subsumido dentro del Distrito Roscio, actual municipio Juan Germán Roscio. Tras una restauración que abarcó gran parte del siglo XX, Ortiz fue declarado municipio autónomo en 1988 por disposición de una nueva ley político territorial.
Casas muertas
“En aquel mediodía caliente y sordo se percibía más hondamente la yerma desolación de Ortiz, el sobrecogedor mensaje de sus despojos. No transitaba un ser humano por las calles, ni se refugiaba tampoco entre los muros desgarrados de las casas, cual si todos hubiesen escapado aterrados ante el estallido de un cataclismo, ante la maldición de un dios cruel. Apenas, desde un rancho miserable, llegaba el estertor de un hombre que sudaba su fiebre agarrotado entre los hilos sucios de su chinchorro. A su alrededor volaban sosegadamente las moscas, moscas verdes, gordas, relucientes, único destello de acción, única revelación de vida entre los terrones de las casas muertas”.
Fragmento de Casas muertas. Miguel Otero Silva
«Casas muertas» es un clásico de la novela latinoamericana que ubicó a Miguel Otero Silva entre los escritores de su generación. Refleja la crónica de un pueblo condenado a desaparecer por la decrepitud de sus estructuras y el desánimo de sus pobladores.
Fue escrita con serenidad y concisión, pero también con melancolía y momentos de concentrado lirismo. Sus personajes cautivan por su intensidad sin estridencias ni superficialidades. Esta segunda producción narrativa de Otero Silva fue publicada en el año 1955 y con ella obtuvo el Premio Nacional de Literatura.
Narrada a través de la historia de amor de Carmen Rosa y Sebastián, la novela se basa en hechos y personajes reales del pueblo de Ortiz, ciudad que a finales del siglo XIX fue una pujante hasta que fue devorada por la epidemia del paludismo y la desigual modernización.
Víctimas del progreso
La trama de Casas muertas está basada en el declive del pueblo de Ortiz, tras la muerte por varias epidemias y la migración de muchos habitantes a otras ciudades en busca mejores fuentes de empleo motivados por el boom del nuevo mercado de la producción petrolera.
Así, Miguel Otero narra en forma descriptiva el proceso de los pueblos latinoamericanos que fueron sometidos al interés del capitalismo, convirtiéndose en víctimas de un incierto progreso por la llamada modernización desintegradora.
El texto ilustra el proceso de sometimiento de los “pueblos tristes” de Nuestra América a intereses externos, víctimas de un falso progreso que los llevó a un futuro incierto.
Algunos elementos del Ortiz de hoy
Actualmente, Ortiz tiene cuatro parroquias: Ortiz, San Francisco de Tiznados, San José de Tiznados y San Lorenzo de Tiznados Entre los elementos arquitectónicos que hablan de su auge destaca la Iglesia de Santa Rosa de Lima, cuyos orígenes se remontan al siglo XIX. Después de varias construcciones, actualmente el templo cuenta con un acabado en obra limpia de ladrillo. Fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1960.
Entre las manifestaciones tradicionales de este poblado llanero destacan justamente las dedicadas a su patrona, Santa Rosa de Lima, que incluyen la peregrinación en las primeras semanas de agosto, la cual se extiende por dos semanas para recorrer todos los sectores del pueblo. Además de las fiestas patronales, que se realizan la última semana del mismo mes de durante tres días consecutivos.
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Otro sitio emblemático de esta población llanera es el Cementerio Viejo de Ortiz, conocido como Cementerio Colonial o el de Los Españoles, construido en 1873, cuyo cierre en 1910 marcó el fin de la epidemia. Justamente, la historia del cierre total del camposanto significó el entierro final de la población. Este viejo cementerio estaba dividido en dos secciones: un sitio para los ricos y otro para las clases más humildes.
Con información de Saberes Africanos, La máquina de Anaís, Fuego Cotidiano y Cuenta el Abuelo
Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano 2004-2007, Municipio Ortiz, estado Guárico. Instituto del Patrimonio Cultural, Caracas, 2008.
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