Los tepuyes, las formaciones sedimentarias más antiguas del planeta, sustentan una invaluable diversidad biológica con especies, de flora y fauna, únicas en el mundo. Entre la vegetación que cubre estas mesetas verticales y especialmente abruptas habita el ave Tinamú Tepuy (Crypturellus ptaritepui).
Conocida también por los nombres Inambú Tepuy y Tepui Tinamou, pertenece a la familia Tinamidae y representa uno de los endemismos más estrictos de la avifauna venezolana.
De distribución geográfica restrictiva, la presencia de Crypturellus ptaritepui se ha registrado hasta ahora en los tepuyes Ptaritepui, Auyantepui, Chimantátepui y Sororopántepui, así como en zonas de Sierra de Lema, todos localizados al sureste de Venezuela, en la Gran Sabana, estado Bolívar.
Tinamú Tepuy suele detectarse con mayor frecuencia a través del oído que de la vista. Además de ser un ave un poco esquiva, la densidad del sotobosque y a la coloración de su cuerpo, que se integra con los tonos del suelo y la materia orgánica en descomposición contribuyen a que sea más fácil escuchar su canto característico: un silbido largo y agudo que se desvanece al final.
Desarrolla su ciclo vital a nivel del suelo
La estructura corporal de Crypturellus ptaritepui es compacta, característica de las aves que caminan por el suelo del bosque. Los registros ornitológicos indican que mide entre 27 y 30 centímetros de longitud. El peso de los ejemplares documentados fluctúa alrededor de los 300 gramos, lo que lo sitúa en un rango de tamaño intermedio dentro del género Crypturellus.
Cabeza y cuello muestran una coloración marrón con matices grisáceos. Mientras que el dorso y las alas exhiben un tono café oscuro que carece de las barras o manchas transversales presentes en otras especies emparentadas. En el pecho, el plumaje adquiere una tonalidad grisácea que se aclara hacia la zona del vientre, terminando en matices canela cerca de la región anal.
Uno de los rasgos distintivos para la identificación de Tinamú Tepuy es el color de las patas y el pico. El maxilar superior es de color negro, mientras que la mandíbula inferior suele presentar tonos amarillentos o rosáceos en la base. Las patas son cortas y robustas, con una coloración que varía entre oliva y marrón grisáceo.
Un ave autóctona de tepuyes venezolanos
Ptaritepui
La distribución geográfica de esta ave endémica de Venezuela es restrictiva. Su presencia se sitúa exclusivamente a tepuyes del sureste de nuestro país, en una vasta región del estado Bolívar: la Gran Sabana.
El nombre científico, Crypturellus ptaritepui, hace referencia al Ptaritepui, tepuy donde se avistaron los primeros ejemplares y se registró para la ciencia. Sin embargo, estudios posteriores han confirmado su presencia en otras formaciones: Auyantepui, Chimantátepui, Sororopántepui y zonas de la Sierra de Lema
El rango altitudinal donde se localiza esta ave es entre los 1.350 metros sobre el nivel del mar y los 1.800 metros. No se encuentra en las llanuras bajas que rodean las mesetas, lo que convierte a estas montañas en islas biológicas para la especie. El ecosistema predilecto es el bosque nublado de ladera y el bosque de transición hacia la cima. Zonas se caracterizan por una precipitación anual elevada y una capa de nubes casi permanente que mantiene la humedad del musgo y la hojarasca en niveles máximos.
La vegetación en estas áreas incluye árboles de altura media y una alta densidad de plantas epífitas y helechos. El Tinamú Tepuy utiliza los espacios entre las raíces y los troncos caídos para desplazarse, evitando las áreas abiertas donde la visibilidad ante posibles depredadores aumenta.
La vida de Tinamú Tepuy en el sotobosque
Sin lugar a dudas Crypturellus ptaritepui es uno de los tinámidos menos conocidos. Hay pocos registros fotográficos y la investigación científica sobre esta especie en la actualidad es limitada. La mayoría de los datos provienen de expediciones puntuales.
Pero al igual que los otros miembros de su familia se rige por la discreción. Como miembro del orden Tinamiformes, posee la capacidad de volar, pero lo hace únicamente en situaciones de emergencia o peligro inminente. Sus vuelos son cortos, ruidosos y de trayectoria directa hacia la vegetación densa. La mayor parte del tiempo se desplaza caminando por el suelo, utilizando sus patas fuertes para hurgar entre la materia vegetal.
Su dieta es omnívora y oportunista. Se alimenta de semillas caídas, frutos pequeños que se desprenden de los árboles del sotobosque y una variedad de invertebrados que habitan en la hojarasca, tales como hormigas, escarabajos y larvas.
Una especie poco estudiada
La vocalización es el aspecto más estudiado de Tinamú Tepuy. Su canto consiste en una serie de silbidos monótonos que se repiten con intervalos regulares, generalmente durante el amanecer o el atardecer.
El sistema reproductivo de los tinamúes es particular en el reino animal: se practica la poliginia y la poliandria. Los machos son los encargados de la incubación de los huevos y del cuidado de los polluelos, mientras que las hembras pueden depositar huevos en los nidos de diferentes machos durante un mismo ciclo estacional.
Aunque no existen registros fotográficos extensos de los nidos en estado silvestre para esta especie específica, se infiere por sus parientes más cercanos que el nido es una depresión simple en el suelo, protegida por raíces o arbustos, donde depositan huevos.
Los riesgos latentes que enfrenta Crypturellus ptaritepui
Auyantepui
La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) clasifica al Tinamú Tepuy bajo la categoría de “Preocupación Menor”, pero con una salvedad importante: la tendencia de su población se considera estable únicamente debido a la inaccesibilidad de su hábitat. El hecho de vivir en zonas remotas dentro de un área protegida como el Parque Nacional Canaima, le otorga una protección natural frente a la expansión urbana o la deforestación masiva.
No obstante, la especie enfrenta riesgos latentes. El cambio climático representa la amenaza principal, ya que el aumento de las temperaturas globales puede reducir el área de los bosques nublados de altura, obligando a las especies a desplazarse hacia cimas más altas que tienen un límite físico definido.
Asimismo, el incremento de incendios forestales en las faldas de los tepuyes durante las temporadas de sequía extrema afecta la calidad del hábitat en los bordes de su distribución.
En las laderas de los tepuyes de la Gran Sabana, Tinamú Tepuy continúa recorriendo el suelo de sotobosque, ajena a los cambios que ocurren en las tierras bajas, cumpliendo su función como dispersora de semillas y parte integral de la cadena trófica de las montañas más antiguas del continente. Su supervivencia depende directamente de la integridad de estos ecosistemas aislados, que funcionan como laboratorios naturales donde el tiempo parece transcurrir a un ritmo diferente.
Con información de Birds of the World (Cornell Lab of Ornithology), eBird y INUC
Fotos publicadas en Cornell Lab of Ornithology
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