De marzo a abril, las calles de buena parte de Venezuela se cubren de coloridas flores en diversos tonos que varían desde blanco, distintos rosados hasta lilas y morados, ofreciendo un panorama efímero pero muy hermoso: Son las flores del apamate, el “primo” rosado del araguaney que, al igual que éste, durante la mayor parte del año pasan desapercibidos, pero al llegar su floración, pierden sus hojas y resplandecen con el llamativo color que cubre todas sus ramas.
El apamate antes de la floración. Fotografía: Vereda/ULA.
Este árbol ha sido reconocido como símbolo y digno representante de la flora de Cojedes y ofrece, además de esa impactante floración, una hermosa madera que se torna de color gris al ser expuesta al sol y al aire, es fácil de labrar. Su vida es bastante larga y es de crecimiento rápido.
El Tabebuia rosea, su nombre científico, es un árbol nativo de los bosques tropófilos de la zona intertropical americana. Se encuentra en México, Centroamérica y en la Sudamérica tropical: Venezuela, Colombia y regiones costeras de Ecuador.
Convoca al agua
Apamate blanco.
El nombre científico del apamate proviene de Tabebuia, un vocablo con el cual los indígenas de Brasil designan a éste árbol. Se le atribuye la propiedad de “llamar al agua”, porque se le encuentra a menudo cerca de los cursos del vital líquido.
Crece prácticamente en todo el país, se encuentra con más frecuencia en los bosques deciduos (que pierden sus hojas) de los estados Cojedes, Barinas, Portuguesa y Miranda. También se le puede observar en los bosques húmedos de Guayana, Zulia y Yaracuy.
Su tronco puede llegar a medir de 70 centímetros a un metro de diámetro y, a veces, suele estar ligeramente acanalado, con pocas ramas gruesas horizontales. Presenta en su corteza escamas entre pardo grisáceos a amarillentas.
La gama de colores que brinda el apamate le da un tinte meláncolico que combina con la paz de los atardeceres cojedeños, lo que inspiró al ilustre poeta venezolano Andrés Eloy Blanco, quien escribió el poema La Flor del Apamate, del cual compartimos dos versos:
“Que pena de medio luto
Tiene la flor de apamate,
Qué pena de medio luto,
Desde que tú de marchaste.
Tu marcha me echó en las venas
los morados de la tarde,
la sangre me quedó viuda
como la flor de apamate”.
Con información de Guía de árboles de Venezuela (1) y Vereda
(1) Hoyos, J. (1987), Guía de árboles de Venezuela, Sociedad de Ciencias Naturales La Salle.
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