Fiesta de San Juan en Tarmas, testimonio de un pueblo que lucha por su memoria ancestral

En Nuestra Señora de La Candelaria de Tarmas, pueblo del estado La Guaira asentado a unos 700 metros sobre el nivel del mar, cada 24 de junio se realiza la Fiesta de San Juan Bautista, celebración que al son de los tambores entrelaza las raíces africanas, indígenas y españolas de sus habitantes como testimonio de un pueblo que lucha por la preservación de su memoria ancestral.

Se trata de un latido colectivo que atraviesa generaciones, donde los tambores no solo marcan el ritmo, también dictan el latido de una comunidad que se niega a olvidar su historia. Porque, pese a presiones externas, migración y olvidos institucionales, las y los tarmeños han hecho de San Juan una forma de resistencia que cada año renueva su pacto con lo sagrado.

Este testimonio colectivo, transmitido con tambores que retumban desde el amanecer, cantos compartidos en las plazas y ofrendas que combinan fe católica y sincretismo, es un recordatorio de que la identidad se cuida, y de que la supervivencia cultural del pueblo depende tanto de la fidelidad a las raíces como de la capacidad para adaptarlas a los tiempos presentes.

A Carayaca llegaron africanas y africanos esclavizados

Para comprender la magnitud de la fiesta de San Juan en Tarmas, es imperativo remontarse a los tiempos de la colonia, cuando las costas y montañas de la actual parroquia Carayaca fueron escenario de la llegada forzosa de miles de africanas y africanos esclavizados, provenientes de regiones como Guinea, Angola, Reino del Congo y Ghana.

Pertenecientes a etnias como lucumí, congo, bantú y mandinga, estos hombres y mujeres fueron llevados a trabajar en las prósperas haciendas cacaoteras y cañeras de la zona, entre las que destacaban Chichiriviche, La Florida, Guare, Guaricuay, Curiana y Uricao o Uricaro.

Con ellos trajeron su cosmogonía, deidades y tambores. En su panteón, Changó era el rey del trueno, pero bajo el yugo de la imposición católica y la Inquisición, los esclavizados utilizaron el sincretismo como una herramienta de supervivencia y rebelión espiritual.

Así, Ogún de los Hierros, el señor de la guerra y el hierro, fue camuflado bajo la figura de San Juan Bautista. Es por ello que, aunque es una escultura de hombre blanco, en el imaginario popular afrovenezolano, San Juan es un “santo negro”, un guerrero liberador que escucha el clamor de los oprimidos.

Devoción a San Juan ha estado acompañada de un espíritu de rebeldía

La devoción a San Juan en Venezuela ha estado acompañada de un espíritu de rebeldía desde los primeros alzamientos como el del Rey Miguel, en las minas de Buría (occidente del país) en 1553, hasta la conspiración independentista de Gual y España, en 1797, cuando participó el sargento mulato Lorenzo Acosta.

También resonaron los tambores en son de libertad durante las revueltas en la Hacienda Chichiriviche, lideradas por los esclavizados Isidoro y Antonio José; así como en las batallas de la Guerra Federal.

Con la abolición de la esclavitud y los sucesivos movimientos migratorios internos, muchas de las familias afrodescendientes (de apellidos Mayora, Benítez, Bello, León, Iriarte, entre otros) bajaron de las haciendas coloniales de Carayaca y se asentaron en el casco central del pueblo de Tarmas.

Estas familias se mudaron con sus tradiciones, cantos, mitos y la devoción inquebrantable por San Juan, junto a todo su acervo cultural, el cual integraron al del pueblo, que históricamente también contaba con marcados orígenes indígenas de la civilización Katugua. El tambor tarmeño es, en esencia, el compendio musical de un pueblo que siempre luchó por su dignidad y legado.

La Víspera, momento de intimidad espiritual

La magia de la Fiesta de San Juan en Tarmas se teje desde el atardecer del 23 de junio. Conocido como La Víspera este es un momento de intimidad espiritual. La celebración suele alojarse en la casa de una devota o devoto, preferiblemente en el hogar de alguien que lleve por nombre Juan o Juana.

El ambiente se prepara con un altar sagrado, decorado con flores, frutas, plantas ornamentales y velas. Allí reposa la imagen de San Juan Bautista. La noche inicia con el “convido” o “convite”, una invitación cantada que recorre las calles llamando a los fieles a participar.

Luego, se reza el rosario, fusionando la catolicidad con la espiritualidad ancestral.
Tras el rezo, las mujeres del pueblo, verdaderas guardianas de la tradición oral, entonan el “Llamado”. Este canto ceremonial no es bailado. El propósito es despertar al santo de su “sueño profundo” para que otorgue fertilidad a la tierra, proteja las cosechas, permita que las mujeres conciban y aleje las inundaciones.

Las voces femeninas, acompañadas por los primeros toques de tambor, resuenan con versos como: “Despierta si estás dormido, mi Juan, / de este sueño tan profundo, / que te viene a visitar, / las celosías del mundo”.

El 24 de junio Tarmas despierta con los tambores

Cada 24 de junio, al amanecer, Tarmas despierta con el retumbar de los tambores. Más tarde, aproximadamente a las 10 de la mañana se celebra la misa en honor a San Juan Bautista, ceremonia donde la liturgia católica y la tradición afrovenezolana se dan la mano, porque los tambores se ubican junto al altar, y las partes invariables de la misa se cantan a su ritmo, mismo que siguen quienes bailan mientras llevan las ofrendas al altar.

Al mediodía, las campanas de la iglesia parroquial repican con fuerza. El Santo es sacado en procesión por las calles del pueblo, recorrido que tiene un destino específico: visitar los hogares donde viven personas llamadas Juan o Juana, para saludarlas en su día. Frente a las puertas, los devotos cantan: “Ábreme la puerta Juana, / ábremela corazón, / y si esta puerta no se abre / échale al quicio jabón”.

Pueblo de Tarmas

En la plaza del pueblo, se lleva a cabo uno de los rituales más emblemáticos: el bautizo del Santo. Antiguamente, esta ceremonia se realizaba en una acequia (canal de agua) a las afueras del pueblo. En la actualidad, San Juan es bautizado con ron, para bendecir a la comunidad y sellar el pacto de fidelidad con su pueblo. Las y los devotos lo bailan, pasándolo de persona en persona, en un acto de éxtasis colectivo y veneración.

El alma sonora de la fiesta de Tarmas reside en los tambores cumacos

En los tambores cumacos reside el alma sonora de la fiesta de San Juan de Tarmas. A diferencia de otros tambores venezolanos, los cumacos se colocan en posición horizontal y el tamborero se sienta sobre ellos, percutiendo con las manos el parche de cuero (fijado con clavos). La percusión se complementa con los palitos, dos varas de madera que golpean el tronco del tambor para mantener el pulso y el ritmo.

El conjunto en honor a San Juan se compone de tres tambores, cada uno con una función rítmica y sonora específica: el Burro Negro, es el más grande y de sonido más grave; la Campana, que es el tambor mediano; y la Media Campana, el más pequeño y agudo.

Sobre esta base rítmica florecen los dos bailes característicos de la festividad: El Lejío, que se baila en pareja enlazada. Es un baile de coquetería, elegancia y sensualidad, similar a la guaracha. Las letras de los cantos de Lejío son crónicas vivientes; comentan el quehacer diario, los acontecimientos y las vivencias cotidianas del pueblo tarmeño.

La Jinca es la otra danza. Es de cortejo y galanteo. Según los cultores de Tarmas, la Jinca simboliza el agradecimiento por un milagro concedido o una promesa cumplida. Es un baile más terrenal, de zapateo y conexión con la tierra.

Décadas de lucha contra el olvido y la aculturación

La Fiesta de San Juan en Tarmas es un ejercicio de resiliencia. Por décadas, la comunidad ha luchado contra el olvido y la aculturación. Figuras legendarias como Pabla Mayora, recordada por bailar con la imagen de San Juan sobre su cabeza «haciendo de la noche día», son evocadas con reverencia por las actuales lideresas y guardianas de la tradición. El grupo «Tambores Cumacos de Tarma» también es fundamental en la prolongación del legado ancestral.

Su importancia trasciende las fronteras locales. El 14 de diciembre de 2021 el Ciclo festivo de la devoción y culto a San Juan Bautista / Fiesta de San Juan Bautista / Parranda de San Juan fue declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), lo que valida siglos de lucha, sincretismo y supervivencia cultural.

La Fiesta de San Juan Bautista en Tarmas es mucho más que una fecha en el calendario; es la materialización de la memoria histórica de un pueblo. En cada golpe del Burro Negro, en cada verso del Lejío y en cada gota de ron derramada en el bautizo del santo, los tarmeños rinden homenaje a sus ancestros que llegaron cruzando el Atlántico en condiciones infrahumanas, pero que lograron sembrar en estas tierras, bañadas por el legendario Mar Caribe, una cultura indestructible.

 

Con información de Testimonio de la Tradición, Centro de la Diversidad Cultural y Festividad en honor a San Bautista en el pueblo de Tarmas en Monografías

Fotos cortesía de Testimonio de la Tradición, Centro de la Diversidad Cultural, Alba Ciudad, Fundación Bigott (Facebook) y Gonzalo Trujillo Hernandez (Facebook)


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