Científicos convierten colillas de cigarrillos en asfalto para carreteras más duraderas

Científicos europeos han desarrollado un sistema innovador que transforma colillas de cigarrillos, incluidas las de cigarrillos electrónicos, en un componente clave de asfalto para pistas y carreteras más resistentes y ecológicas. El proyecto combina residuos urbanos persistentes con tecnologías avanzadas de materiales para alargar la vida útil de las vías y reducir la huella ambiental de la construcción.

Al convertir un desecho considerado tóxico en un material de refuerzo, los científicos abren la puerta a una visión circular donde la “basura” puede convertirse en infraestructura útil. El grupo, conformado por investigadores de la Universidad de Granada (UGR), España, en colaboración con la Universidad de Bolonia, Italia, ha sido apoyado con el cofinanciamiento del Gobierno de China.

La idea surgió ante dos problemas simultáneos: por un lado, la enorme cantidad de colillas que se arrojan cada año al suelo, playas y ríos, y, por otro, la necesidad de asfaltos más duraderos y sostenibles que reduzcan las reparaciones frecuentes y el consumo energético.

El proceso comienza con la selección y limpieza de los filtros

El proceso para convertir colillas en asfalto comienza con una etapa de selección y limpieza de los filtros. La zona final de la colilla, la que se ha quemado y queda llena de cenizas, se descarta, ya que no es aprovechable como material estructural.

Lo que se mantiene es la parte compuesta por fibras de celulosa y plástico PLA (un biopolímero termoplástico derivado de recursos orgánicos renovables), que constituye la mayor parte del filtro y ofrece un cierto potencial de refuerzo mecánico.

Una vez limpiada, esta fracción se tritura y se mezcla con cera Fischer‑Tropsch, un aglutinante que ayuda a uniformar el material y facilita su procesamiento. Luego, mediante un sistema de prensado, calor controlado y corte en frío, se obtienen pellets reciclados, pequeñas unidades granuladas que contienen las fibras de colilla rodeadas de cera.

Estos pellets son el primer gran aliado de la mezcla asfáltica, porque, al entrar en la planta de asfalto, liberarán su contenido de fibras y plástico al contacto con el betún caliente, integrándose de forma controlada en la matriz del pavimento.

Colillas fueron combinadas con un 40% de pavimento reciclado

 

En el Laboratorio de Ingeniería de la Construcción de la Universidad de Granada se realizó la fase experimental de incorporación de los mencionados pellets en mezclas asfálticas. La novedad no fue solo usar colillas, sino combinarlas con un 40% de pavimento reciclado procedente de carreteras deterioradas, lo que eleva de forma significativa el porcentaje total de material reciclado en la mezcla.

Durante la fabricación, el betún caliente funde la cera Fischer‑Tropsch contenida en los pellets, liberando las fibras de celulosa y plástico que pasan a formar parte de la matriz asfáltica. Estas fibras actúan como microrefuerzos internos, capaces de absorber tensiones y reducir la aparición de grietas por fatiga o cambios térmicos.

Además, la cera modifica la viscosidad del betún, lo que permite trabajar la mezcla a temperaturas más bajas, con un menor consumo energético y menores emisiones de gases contaminantes.

Vida útil más larga

Los ensayos realizados por el equipo de la UGR han demostrado que estos nuevos asfaltos superan al convencional en resistencia ante fisuración causada por cargas de tráfico y variaciones de temperatura. Las fibras provenientes de las colillas ayudan a que el pavimento se mantenga más flexible y menos propenso a romperse, lo que se traduce en una vida útil más larga y menos necesidad de reparaciones frecuentes.

Esta mejora se evalúa mediante el método UGR‑FACT®, un sistema de análisis estructural patentado por la Universidad de Granada que permite controlar la durabilidad y el comportamiento mecánico de materiales con alto contenido reciclado.

Pero el beneficio va más allá de la duración de la carretera. Al integrar colillas y otros materiales reciclados, se reduce la extracción de materias primas vírgenes y se disminuye la generación de residuos en vertederos.

Vale destacar que a nivel global se estima que se generan alrededor de 9 billones de colillas cada año, la mayoría de composición plástica, las cuales tardan décadas en degradarse y liberan compuestos nocivos. Convertir parte de ese volumen en pavimentos significa no solo reducir la contaminación visual, sino también ofrecer un valor residual a un desecho que, de otro modo, seguiría acumulándose en el entorno.

La atención se centra en colillas de cigarrillos electrónicos

Aunque el proyecto se aplica tanto a colillas convencionales como a colillas de cigarrillos electrónicos, la atención se centra especialmente en estas últimas, ya que concentran una mayor proporción de fibras y plásticos aprovechables.

Destaca que el consumo de cigarrillos electrónicos entre jóvenes de 14 a 30 años ha aumentado en los últimos años, lo que ha disparado la presencia de estos residuos en espacios públicos. Al ser más sintéticos, sus filtros suponen una carga extra para el medio ambiente, pero, al mismo tiempo, ofrecen un recurso valioso para refuerzos asfálticos si se recogen y tratan adecuadamente.

La investigación resalta que la alta concentración de fibras en las colillas electrónicas las convierte en una materia prima especialmente interesante para la ingeniería de materiales. Esto impulsa la necesidad de campañas específicas de recogida de residuos de vapeo, junto con puntos de depósito en parques, centros educativos y zonas urbanas con alto tráfico peatonal.

En el futuro, la integración de programas como los mencionados con la industria asfáltica podría cerrar un ciclo donde lo que antes se consideraba basura de alta rotación se reutilice como componente estructural de cada ciudad.

Sistema técnico robusto y escalable

El proyecto no ha sido un esfuerzo aislado, sino el resultado de colaboración internacional entre el Laboratorio de Ingeniería de la Construcción de la UGR y el Departamento de Ingeniería Civil, Química, Medioambiental y Materiales de Bolonia, lo que ha permitido diseñar un sistema técnico robusto y escalable.

La cofinanciación del Gobierno de China refleja el interés de un país que enfrenta enormes retos de contaminación urbana y expansión de infraestructuras, y que ve en estos desarrollos una vía para combinar sostenibilidad y crecimiento.

Lo invertido por China no solo financia la investigación, sino que también abre la puerta a pruebas a mayor escala en territorio asiático, donde millones de vehículos circulan diariamente y donde la durabilidad de las carreteras es un asunto de relevancia económica y ambiental.

Siguiente etapa: trasladar el asfalto con colillas a ensayos en carreteras reales

Aunque los resultados iniciales provienen de laboratorio, la siguiente etapa es trasladar el asfalto con colillas a ensayos a mayor escala en carreteras reales. Los investigadores señalan que este paso es crucial para evaluar cómo se comporta el pavimento bajo condiciones de uso cotidiano: variaciones de clima, intensidad de tráfico, y exposición prolongada a la lluvia, el sol y los agentes químicos.

Tales pruebas piloto permitirían ajustar la formulación de la mezcla, definir los espesores óptimos y generar datos que respalden la incorporación de este material en normativas de construcción. Paralelamente, se impulsa la creación de sistemas eficientes de recuperación de colillas en espacios públicos, que faciliten la industrialización del proceso.

En tal sentido, puntos de recogida específicos, acuerdos con empresas de limpieza urbana y campañas de sensibilización podrían convertir la colilla en un recurso gestionado, del mismo modo que hoy se reciclan papel, vidrio o plástico de envases. Esta visión integral es clave para que la idea pase de ser una innovación de laboratorio a convertirse en una práctica habitual en la construcción de pistas, carreteras y zonas urbanas.

Colillas ahora se presentan como una oportunidad para la construcción sostenible

El trabajo de los científicos europeos abre un debate más amplio sobre cómo la sociedad percibe la basura urbana. Mientras que las colillas han sido durante décadas un símbolo de descuido ambiental, ahora se presentan también como una oportunidad para la construcción sostenible.

Dualidad que obliga a repensar los modelos de gestión de residuos, buscando que cada desecho se convierta, en la medida de lo posible, en materia prima para nuevos usos. En las ciudades, donde la contaminación visual de filtros en el suelo es un problema cotidiano, la idea de ver esas mismas colillas transformadas en pistas de atletismo, parques o tramos de carretera puede ayudar a reforzar la conciencia ciudadana.

La sensación de que lo que se tira “se queda ahí” puede cambiar si las personas comprenden que, con el apoyo de la ciencia y la política pública, incluso los residuos más pequeños pueden servir para construir infraestructuras más duraderas y limpias.

 

 

Con información de Universidad de Granada, Stakeholders, La República, Motorpasión Moto

Fotos cortesía de Motorpasión Moto, La República, Ecoavant, Canal UGR, Resurja


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