La Antártida ha vuelto a sorprender con un descubrimiento que desafía la comprensión de la vida en los extremos del planeta. El desprendimiento de un iceberg gigante ha actuado como una llave que abrió la puerta a un ecosistema marino inexplorado en este misterioso continente.
Fue a mediados de enero de este año, cuando un iceberg denominado A-84 se desprendió de la plataforma helada George VI, en el mar de Bellingshausen. Este suceso, producto del cambio climático, reveló un mundo submarino vibrante y diverso, repleto de vida en formas y tamaños inimaginables, que permaneció oculto durante siglos en 540 kilómetros cuadrados de lecho marino.
Imágenes satelitales de reflectancia corregida MODIS que muestran el iceberg desprendido de la plataforma de hielo Jorge VI en el mar de Bellingshausen el 19 de enero de 2025. Reconocemos el uso de imágenes de la aplicación NASA Worldview , parte del Sistema de información y datos de ciencias de la Tierra de la NASA (ESDIS).
Un equipo internacional de investigadores del Schmidt Ocean Institute logró explorar esta nueva extensión de fondo marino en la que descubrieron una biodiversidad sorprendentemente rica, donde destacan corales, peces de hielo, estrellas de mar de colores brillantes, arañas y esponjas marinas gigantes, además de pulpos.
Un oasis de vida bajo el hielo
El mar de Bellingshausen es una región conocida por su belleza agreste e importancia ecológica. Allí, el desprendimiento del referido iceberg, cuyo tamaño es comparable a la ciudad estadounidense de Chicago, dejó al descubierto un oasis de vida bajo el hielo.
Como se trató de un evento aleatorio, el equipo internacional de científicos modificó su plan inicial de investigación y a bordo de un buque se dirigió a la zona que quedó expuesta para examinar exhaustivamente el inexplorado ecosistema marino.
Durante ocho días, con la ayuda del vehículo teledirigido SuBastian, investigadoras e investigadores lograron explorar el fondo marino hasta profundidades de 1.300 metros. El registro de imágenes y la recolección de muestras biológicas, reveló una biodiversidad asombrosa con muchas especies hasta ahora desconocidas para la ciencia.
Criaturas han desarrollado estrategias únicas para sobrevivir
La vida en la Antártida exige adaptaciones extraordinarias, y las criaturas de este ecosistema no son una excepción. Han desarrollado estrategias únicas para sobrevivir en un entorno donde la luz solar es escasa y las temperaturas son extremadamente bajas.
El estudio de los expertos ha permitido ahondar en los mecanismos de nutrición de los que estos ecosistemas se valen para sobrevivir en ambientes extremos. Consideran que, a pesar de la ausencia de luz solar directa, la vida es posible porque las corrientes oceánicas aportan los nutrientes vitales para las especies detectadas.
Algunas especies, como las esponjas y los corales, se alimentan filtrando partículas orgánicas del agua. Otras, como las estrellas de mar, son depredadores que se alimentan de otros animales. Y todas ellas, de alguna manera, han logrado prosperar en un mundo que parecía inhóspito e inhabitable.
Un laboratorio natural invaluable
El hallazgo de las señaladas especies marinas constituye mucho más que una simple curiosidad científica, pues representa un laboratorio natural invaluable para estudiar la vida en condiciones extremas y comprender mejor cómo los ecosistemas marinos se adaptan al cambio climático.
Los científicos están ansiosos por continuar el estudio sobre las adaptaciones únicas de estas criaturas, su papel en el ecosistema antártico, cómo podrían verse afectadas por el calentamiento global y la necesidad de proteger estos frágiles ecosistemas.
La revelación de la inexplorada biodiversidad marina ha abierto nuevas puertas a la investigación antártica. Los expertos están planeando nuevas expediciones para ahondar en la exploración y descubrir aún más secretos sobre la vida en el llamado continente helado.
Recopiladas muestras geológicas para entender los cambios
Además del descubrimiento ecológico, la expedición recogió muestras geológicas que contribuirán a entender los cambios que durante décadas ha tenido la capa de hielo de la Antártida, situación que incide directamente en el aumento del nivel del mar global.
La misión forma parte del proyecto internacional Challenger 150 respaldado por la Unesco. Este equipo multidisciplinario está compuesto por científicos de Portugal, Reino Unido, Chile, Alemania, Noruega, Nueva Zelanda y Estados Unidos.
Se espera que los datos obtenidos, mediante vehículos submarinos autónomos, ayuden a mejorar las proyecciones sobre el impacto del agua de deshielo glaciar en la región. Si bien el descubrimiento es un testimonio de la resiliencia de la vida y la capacidad de adaptación de los organismos marinos, también es un recordatorio de la importancia de la exploración y la investigación científica para comprender y proteger a la Tierra.
Con información de La Opinión, Wired y DW
Fotos cortesía de Schmidt Ocean Institute, DW, La Opinión y Wired
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