El cambio climático y los microbios: la guerra invisible bajo nuestros pies

¿Alguna vez te has detenido a pensar en lo que ocurre bajo la suela de tus zapatos cuando caminas por un parque o un bosque? Aunque no los veamos, billones de diminutos seres vivos trabajan sin descanso para que la vida en la Tierra sea posible. Sin embargo, el equilibrio de este universo microscópico está en peligro.

Actualmente, el cambio climático y los microbios mantienen una relación tensa que podría acelerar el calentamiento global o, en el mejor de los casos, ofrecernos una tabla de salvación inesperada.

En el corazón de Massachusetts, el Bosque de Harvard oculta un secreto tecnológico. A diez centímetros de profundidad, una red de cables calienta el suelo artificialmente para simular el futuro del planeta.

La ecóloga Serita Frey lleva décadas observando este fenómeno y advierte que no solo está cambiando el paisaje que vemos, como la falta de nieve o la llegada de especies invasoras, sino también la función de las bacterias y hongos que procesan los nutrientes esenciales para la vida.

Comunidades en transformación bajo el calor

Lámparas infrarrojas calientan tanto el suelo como el aire para simular el cambio climático en una estación de investigación en Oklahoma. Cortesía de J. Zhou

El experimento no se limita a los bosques. En las praderas de Oklahoma, el ecólogo Jizhong Zhou utiliza lámparas infrarrojas para calentar tanto el aire como la tierra.

Los resultados son reveladores: tras cinco años de calor constante, las poblaciones de microorganismos que mantienen la fertilidad del suelo cambiaron drásticamente. Lo que normalmente tardaría décadas en evolucionar de forma natural, ocurrió en apenas un lustro.

El impacto del cambio climático y los microbios es una calle de doble sentido. Estos organismos son los encargados de descomponer la materia orgánica. En este proceso, liberan o absorben gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono y el metano. Si el calor los “estresa” demasiado, podrían empezar a liberar carbono a la atmósfera de forma masiva, creando un círculo vicioso de calentamiento difícil de detener.

El desafío de mapear un mundo invisible

Estudiar a estos seres es como intentar armar un rompecabezas de un billón de piezas sin tener la imagen de la caja. Como son invisibles al ojo humano, los científicos dependen del análisis de ADN ambiental. Sin embargo, saber qué microbio está presente es solo la mitad del trabajo; lo difícil es entender qué función cumple en su ecosistema.

Para cerrar esta brecha, investigadores como Michael Van Nuland están creando un “atlas” de hongos. Estos organismos forman alianzas con las raíces de los árboles para ayudarlos a absorber nutrientes. Si el cambio climático y los microbios simbióticos no logran adaptarse al mismo ritmo, bosques enteros podrían morir al perder a sus socios microscópicos, incluso si los árboles intentan resistir el calor por su cuenta.

“No se trata solo de una especie, sino de la red de interacciones que les permite prosperar”, explica Van Nuland.

¿Héroes o villanos en el Ártico?

Uno de los puntos más críticos de esta investigación se encuentra en el permafrost, la capa de suelo congelada del Ártico. Con el deshielo, virus y bacterias que han estado “dormidos” durante milenios están despertando. Al activarse, comienzan a devorar la materia orgánica antigua, liberando nubes de metano.

No obstante, no todo son malas noticias. Los científicos están explorando cómo ciertos virus (fagos) podrían actuar como “controladores de plagas”, infectando a los microbios que emiten gases nocivos para frenar sus emisiones. Es una carrera tecnológica para entender si podemos usar la propia biología de la Tierra para sanarla.

Microbios al rescate de los corales

La esperanza también brilla bajo el mar. Raquel Peixoto, ecóloga marina, ha logrado avances sorprendentes utilizando probióticos – similares a los que tomamos para la flora intestinal – en arrecifes de coral blanqueados por el aumento de la temperatura del océano. Al restaurar las bacterias beneficiosas, los corales tratados muestran una salud significativamente mejor que los que luchan solos contra las olas de calor.

En conclusión, el binomio entre el cambio climático y los microbios definirá la habitabilidad de nuestro mundo en el próximo siglo. Aunque el panorama parece desafiante, estos diminutos ingenieros de la naturaleza han sobrevivido a cambios climáticos durante 3.500 millones de años. La pregunta ahora es si aprenderemos a colaborar con ellos a tiempo para proteger nuestro hogar común.

 

Con información de Science News y Tropical Diseases, Travel Medicine and Vaccines


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