Ana María Campos encarna el espíritu indomable de la mujer venezolana

Ana María Campos encarna el espíritu indomable de la mujer venezolana en la lucha por la independencia de la dominación imperial. Tanto de las que, al igual que ella, participaron en la liberación de la patria en el siglo XIX, como de las que defienden sus derechos en este siglo XXI.

La valentía para enfrentar al poder colonial junto a su negativa a doblegarse ante la tortura la convirtieron en un símbolo eterno de resistencia y dignidad. Su famosa frase «Si Morales no capitula, monda» no solo fue una expresión de desafío contra el jefe realista Francisco Tomás Morales, sino una profecía que se cumplió con la Batalla Naval del Lago de Maracaibo.

Esta venezolana, oriunda del estado Zulia, demostró que el coraje de una sola persona puede inspirar a toda una región y que la lucha por la libertad siempre vale la pena, sin importar el precio personal que haya que pagar.

Nació en una de las familias más aristocráticas de la región zuliana

Ana María Campos nació el 02 de abril de 1796 en Los Puertos de Altagracia, actual estado Zulia, en el seno de una de las familias más aristocráticas de la región zuliana. Sus padres fueron don Domingo José de Campos y Perozo de Cervantes, y doña María Ana Cubillán de Fuentes y Vera, ambos de origen familia destacado.

 

Su privilegiado estatus social no la eximió de las limitaciones que la sociedad colonial imponía a las mujeres de su época, por lo que recibió una educación limitada, restringida principalmente al estudio del catolicismo y las labores del hogar.

No obstante, su sed de conocimiento e inquieto espíritu la llevaron a convertirse en una autodidacta
que se destacó por su formación en las artes sociales e incluso en el código de caballería, llegando a ser conocida como una consumada amazona.

El empeño puesto en adquirir conocimientos por cuenta propia logró que Ana María Campos accediera a las ideas revolucionarias de la Ilustración que circulaban en los círculos intelectuales de la colonia. Esta inusual formación para una mujer de su tiempo, también le permitió desarrollar un carácter firme y determinado que sería fundamental en su posterior lucha independentista.

Compromiso con la independencia de Venezuela

El compromiso de Ana María Campos con la independencia de Venezuela se manifestó de manera contundente a los 26 años, en 1822. Tras el triunfo del Ejército Libertador en la Batalla de Carabobo, (24 de junio de 1821), las tropas realistas siguieron generando choques con las fuerzas republicanas durante dos años más.

Desde la provincia de Maracaibo, que había pasado al control realista, el mariscal de campo español Francisco Tomás Morales se propuso desestabilizar a la Gran Colombia, lo cual ponía en riesgo también la campaña libertadora del Sur, donde ya brillaba la victoria del prócer Antonio José de Sucre en la Batalla de Pichincha.

Al enterarse de los planes desestabilizadores de Morales, el Libertador dispuso la recuperación de Maracaibo. El general de brigada Mariano Montilla recibió el encargo de montar una base operativa en Riohacha para liberar la fundamental provincia occidental.

Su casa fue centro de la resistencia independentista en la Provincia de Maracaibo

Ana María Campos abrió las amplias salas de su casa familiar en Los Puertos de Altagracia para la organización de reuniones clandestinas de patriotas, convirtiéndose en un centro neurálgico de la resistencia independentista en la Provincia de Maracaibo. Desde allí, coordinaba actividades de inteligencia, organizaba encuentros conspirativos y mantenía viva la llama de la rebelión contra el dominio español.

Su valentía y determinación la llevaron a proclamar públicamente una frase que se convertiría en legendaria: «Si Morales no capitula, monda», lo que en el lenguaje vernáculo de la época significaba que, si el Mariscal Morales no se rendía, moriría a manos de las tropas patriotas que asediaban a los españoles.

Esta consigna se popularizó rápidamente entre la población marabina, convirtiéndose en un canto de resistencia que desafiaba abiertamente la autoridad del temido Mariscal Morales. La frase reflejaba no solo la determinación de Ana María, sino también la confianza en el triunfo final de la causa independentista.

Morales ordenó su arresto en septiembre de 1822

El Mariscal Francisco Tomás Morales, informado de las actividades subversivas de la rebelde venezolana y de la popularidad de su famosa frase, ordenó arrestarla en septiembre de 1822. La acusación principal fue por organizar reuniones clandestinas para derrocar a la corona española y ser la autora de la sediciosa frase que circulaba por toda la provincia marabina.

Durante el interrogatorio, el mismo Morales exigió a Ana María Campos que se disculpara y se retractara de sus palabras. Lejos de amedrentarse, la joven patriota admitió ser la autora de la frase y se negó rotundamente a pedir disculpas o suplicar piedad. “Si Usía no capitula, monda” le dijo en su cara, y cuando le preguntó sobre los recursos con los que contaban los insurgentes, contestó: “Con el genio de Bolívar y sus valientes paladines, quienes apónganse quien se opusiere, triunfarán”.

Su dignidad y firmeza ante el poderoso Mariscal español demostraron un coraje excepcional, especialmente considerando el contexto patriarcal y represivo de la época. Como castigo ejemplarizante, fue condenada a una humillante flagelación pública. La sentencia incluía montar en un burro (en lugar de un caballo, como señal de oprobio y degradación) y ser azotada por las calles de Maracaibo mientras permanecía semidesnuda.

El verdugo encargado de ejecutar el castigo de nombre Valentín Aguirre, la azotó brutalmente mientras recorría las calles de la ciudad. Sin embargo, lo que debía ser un espectáculo de humillación se transformó en una demostración de dignidad incomparable. Cada vez que el verdugo o las autoridades le preguntaban si deseaba arrepentirse o pedir perdón, Ana María respondía con voz firme: «Si Morales no capitula, monda».

Participó en rol de apoyo durante la decisiva Batalla Naval del Lago de Maracaibo

Aunque Ana María Campos soportó el castigo y sobrevivió a la tortura, las lesiones sufridas afectaron gravemente su salud de manera permanente. Pero nada la apartó de la causa independentista. Aún débil por las secuelas de los brutales azotes recibidos, participó en rol de apoyo durante la decisiva Batalla Naval del Lago de Maracaibo, librada el 24 de julio de 1823.

Esta batalla, comandada por el Almirante José Prudencio Padilla, resultó en una victoria contundente de las fuerzas patriotas sobre la escuadra española, asegurando la independencia definitiva de Maracaibo y de Venezuela. Como Ana María había profetizado, el orgulloso Mariscal de Campo Francisco Tomás Morales debió capitular ante las tropas libertadoras, cumpliendo así las palabras de la heroína marabina.

La capitulación de Morales, firmada el 03 de agosto de 1823, marcó el fin del dominio español en Venezuela y validó tanto la valentía como la visión de Ana María Campos, quien había anunciado la derrota del imperio cuando todo parecía perdido. El hasta entonces capitán general de Venezuela entregó lo que quedó de su escuadra, la plaza de Maracaibo, el castillo San Carlos, el de San Felipe (en Puerto Cabello), además del resto de los sitios que ocupaba la corona española.

Aunque su vida fue corta, el legado es imperecedero

Ana María Campos falleció el 17 de octubre de 1828, a la temprana edad de 32 años, en las orillas del Lago de Maracaibo. Su muerte fue consecuencia directa de las lesiones sufridas durante la tortura de 1822, que le provocaron ataques epilépticos, uno de ellos le provocó la muerte. Aunque su vida fue corta, el legado es imperecedero.

En la actualidad, numerosos sitios Maracaibo y el resto del estado Zulia llevan su nombre, incluyendo calles, plazas públicas y un importante complejo petroquímico. Un monumento en la plaza que lleva su nombre la representa en un burro, recordando su martirio y heroica resistencia. En 2016, el Consejo Legislativo zuliano estableció la Orden Ana María Campos, en reconocimiento a las mujeres que luchan activamente por la igualdad de género y el empoderamiento.

Hoy, a casi dos siglos de su muerte, Ana María Campos sigue viva en la memoria del pueblo venezolano como una de las heroínas más queridas y admiradas por su resistencia ante el dolor y la humillación. Su martirio recuerda que la libertad se conquista con valentía, se defiende con dignidad y se mantiene con compromiso inquebrantable.

La poetisa venezolana Rosa Virginia Martínez (1915-1983) dedicó a la heroína el poema «Canción de Primavera»:

«Heroína del alba y de la rosa:
Entre espadas y sangre,
Tu corazón de fuego en fuego arde
¡Cómo pasa tu nombre por la historia,
En ritmo de jazmín, laurel y gloria!».

Con información de:

Fotos cortesía de: CiudadCss.info, minmujer.gob.ve, colombiainforma.info, ultimasnoticias.com.ve, slideshare.net, wikipedia.org

 

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