Los abejorros encuentran soluciones ingeniosas a problemas inesperados

Un grupo de abejorros comunes, uno de los polinizadores más efectivos de Europa, sorprendió a la comunidad científica al desafiar lo que hasta ahora se creía sobe la inteligencia.

Una reciente investigación de un equipo de científicos nórdicos demostró que que estos polinizadores son capaces de resolver problemas nuevos de forma espontánea con soluciones ingeniosas, sin entrenamiento previo e incluso cuando la recompensa no está a la vista.

Tradicionalmente se ha pensado que la habilidad de analizar una situación nueva y encontrar una salida lógica era un terreno exclusivo de los seres humanos y de algunos vertebrados de gran cerebro, como los primates, los delfines y los cuervos. Sin embargo, un nuevo estudio revela que los abejorros poseen capacidad de resolución de problemas, un hallazgo que demuestra que el tamaño del cerebro no dicta necesariamente los límites de la flexibilidad cognitiva.

Hace más de un siglo, el psicólogo Wolfgang Köhler demostró que los chimpancés podían resolver retos inéditos combinando objetos de forma repentina, como apilar cajas para alcanzar un plátano colgado. Ese experimento se convirtió en uno de los pilares para hablar de la comprensión espontánea en animales. Hoy, un equipo de investigadores de las universidades de Oulu, Helsinki y Turku, en Finlandia, ha observado un comportamiento sorprendentemente similar en los Bombus terrestris.

El experimento: ¿Cómo piensa un abejorro?

En la investigación publicada por la revista Science, los científicos diseñaron una tarea de manipulación de objetos completamente nueva para estos insectos. El proceso no incluyó un adiestramiento previo sobre cómo llegar a la meta; al principio, los insectos solo sabían que una flor artificial azul contenía una recompensa de néctar.

El espacio fue diseñado para que los insectos pudieran caminar pero no volar, obligándolos a encontrar otra solución. El objetivo era que el polinizador usara la bolita, como herramienta, para alcanzar la flor artificial.

Para garantizar que el éxito de los insectos no fuera una casualidad, el equipo científico diseñó varios experimentos de control. En la primera, el abejorro solo necesitaba usar la pelotita como banco y tomar el azúcar. La segunda tenía una barda con un agujero donde la bolita podía cruzar si era empujada, y del otro lado se encontraba la flor. Mientras que, para la tercera, se diseñó un pequeño laberinto donde había que transportar la pelotita a un pequeño compartimento donde se encontraba el azúcar.

En las tres pruebas, los abejorros resolvieron sin entrenamiento previo hacerlo, e incluso algunos “hicieron trampa” encontrando atajos para obtener la recompensa.

Capacidad genuina para resolver

El estudio revela que los abejorros poseen capacidad de resolución de problemas de manera genuina, descartando explicaciones simples como el éxito accidental, las conductas de juego, el aprendizaje por ensayo y error, o la simple guía visual.

En los escenarios más exigentes, la flor incluso se ocultó de la vista de los insectos mientras movían la pelota, lo que impedía que simplemente se dirigieran hacia un estímulo visual directo. Aun así, llevaron el objeto al lugar correcto.

“Esto es, esencialmente, una versión para insectos del clásico problema de la caja y el plátano. El animal debe darse cuenta de que un objeto puede ser reubicado y utilizado como herramienta para alcanzar un objetivo que de otro modo sería inaccesible”, explica Olli Loukola, investigador principal y docente de la Universidad de Oulu.

Por su parte, Akshaye Bhambore, autor principal del artículo, destaca el valor del descubrimiento: “Lo que hace que este comportamiento sea especialmente notable es que nunca se les enseñó a rodar la pelota. Era un desafío totalmente nuevo. Su conducta parecía orientada a un fin, y los individuos que lo lograron mostraron patrones de movimiento mucho más directos”.

Sorpresa constante en el laboratorio

Ver el desarrollo del experimento fue una sorpresa constante para los propios investigadores. Los videos registrados muestran cómo, tras unos momentos de exploración aparentemente aleatoria, el insecto realiza una secuencia de acciones altamente eficiente que lo lleva directo a la solución.

Este trabajo se suma a una lista creciente de evidencias que demuestran que las abejas y abejorros tienen habilidades cognitivas complejas, como el aprendizaje social, la resolución de acertijos y la cooperación. Sin embargo, los expertos aclaran que esto no significa que los insectos tengan un razonamiento o una autoconciencia de tipo humano.

No se trata de afirmar que piensen como nosotros, pero este estudio revela que los abejorros poseen capacidad de resolución de problemas con cerebros en miniatura, abriendo horizontes sobre cómo surgen las respuestas flexibles en la naturaleza. Durante más de cien años, esta ciencia se centró en los vertebrados; a partir de ahora, los insectos han entrado oficialmente en la conversación.

 

Con información e imágenes de Science News, Universidad de Oulu, Ecoticias, La Jornada, Ciencias Uruguay


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