Color, luz y movimiento a lo Cruz Diez humanizan espacios en represa del Guri

El color, la luz y el movimiento al estilo de Carlos Cruz Diez humanizan espacios de la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar, popularmente conocida como la represa del Guri, lo que transforma la frialdad de este coloso de concreto en un encuentro vivo con la percepción humana, en beneficio tanto de trabajadores como de visitantes.

Con la obra Ambientación cromática, Cruz Diez convirtió el concreto gris de las salas de turbinas de Guri en un lienzo infinito que respira con el entorno, pues el arte no adorna, sino que redefine la funcionalidad del espacio al mejorar el bienestar psicológico de quienes operan en estos sitios de alta presión laboral.

En manos de Cruz-Diez, el color en Guri ha actuado como traductor entre la potencia del río Caroní y la fragilidad humana, recordando que detrás de cada megavatio generado por una de las más grandes centrales hidroeléctricas del mundo hay una historia, un cuerpo, una mirada que merece habitar el espacio con dignidad y asombro.

Guri es una de las mayores obras de ingeniería del mundo

La Central Hidroeléctrica Simón Bolívar se erige como una de las mayores obras de ingeniería del mundo. Está ubicada en el estado Bolívar, sobre el río Caroní. Inaugurada en etapas entre 1963 y 1986, cuenta con una capacidad instalada de 10.235 megavatios distribuidos en 20 unidades generadoras. Su capacidad anual es de unos 47.000 gigavatios, que representan más de 60% de la electricidad de Venezuela. Es un sistema interconectado.

El embalse de Guri, con 4.250 km² de superficie y 138.000 millones de m³ de agua, ocupa el séptimo lugar global en volumen represado. Esta monumental estructura, ubicada en el Cañón de Necuima a 100 km de la confluencia del Caroní con el Orinoco, posee muros de concreto que superan los 100 metros de altura y un diseño que integra dos centrales paralelas para maximizar la eficiencia hidráulica.

Su construcción demandó una inversión de 5.800 millones de dólares y transformó la matriz energética venezolana, sustituyendo termoelectricidad por hidroelectricidad y ahorrando combustibles fósiles equivalentes a 300.000 barriles diarios de petróleo. Hoy, pese a retos operativos por mantenimiento, sigue siendo pilar del sistema interconectado nacional, iluminando desde Caracas hasta regiones remotas.

Piezas monumentales de Cruz Diez están en las Salas de Máquinas 1 y 2

Iniciada en 1977 y culminada en 1986, la obra de Cruz Diez en Guri está conformada por piezas monumentales distribuidas en las Salas de Máquinas 1 y 2. En la primera sala, con dimensiones de 260 metros de longitud, 23 metros de anchura y 26 metros de altura, instaló imponentes muros de color aditivo, dispuestos en módulos que combinan tres tonos interferidos mediante secuencias de líneas negras.

El efecto que percibe el visitante, por la distancia y su desplazamiento frente al muro, es la aparición de gamas cromáticas diferentes a las utilizadas. Por otra parte, en el centro de la referida sala, 10 Cromoestructuras circulares, de 14 metros de diámetro, están instaladas como tope de los generadores o turbinas que allí operan.

Su material es la fibra de vidrio. Están sustentadas por unas estructuras metálicas que permiten la movilización y apilación hasta de tres módulos. Destaca que incorporan el mismo principio participativo que las Fisicromías, ya que cada cúpula está formada por aletas que albergan un ordenamiento sistemático del color en su interior.

Estos elementos tridimensionales, combinados con el movimiento del espectador y el giro de la cúpula misma, producen cambios de tonos de un amplio espectro cromático a un efecto monocromo. Así, Cruz-Diez consiguió fusionar el principio de la Fisicromía con una obra de ingeniería de gran envergadura, configurando un conjunto de piezas que representa una de las contribuciones magistrales en la historia del arte contemporáneo a nivel global.

Sala de máquinas 2 presenta una Fisicromía mural y 10 Cromoestructuras circulares

La Sala de Máquinas 2, cuyas dimensiones son de 300 metros de largo por 26 metros de ancho y 28 metros de alto, presenta una Fisicromía mural de 270 metros de longitud por 7 metros de alto, más 10 Cromoestructuras circulares de 8 metros de diámetro por 4 de alto.

En la Fisicromía mural se crea un clima cromático cambiante y evolutivo, dado el desplazamiento del espectador, mientras que las Cromoestructuras circulares, hechas para situar el lugar de las turbinas generadoras, son estructuras metálicas de color rojo, verde y azul.

Estos colores se transforman por el mismo motivo que la Fisicromía, pero con la incidencia de las transformaciones de color que se producen por la Cromosaturación desde la pared de fondo. En consecuencia, se trata de un conjunto de 1200 lámparas en rojo, verde y azul que los visitantes activan en su recorrido desde la mezzanina.

Vale resaltar, que para Venezuela es motivo de reconocimiento y orgullo contar con esta obra que es única en el mundo porque en ella se integran el arte, la arquitectura y la ingeniería, en un contexto monumental, sin perder de vista los principios esenciales de la proposición cinética que sostiene a toda la obra plástica del maestro Cruz-Diez.

Carlos Cruz-Diez nunca entendió el arte como un objeto decorativo

Carlos Cruz-Diez (1923-2019) nunca entendió el arte como un objeto decorativo, sino como un fenómeno que se completa en la interacción entre la obra, el espacio y el observador. Sus investigaciones sobre el color autónomo, la fisicromía y la saturación cromática buscaban devolver al espectador su rol activo en la construcción de la realidad visual.

Al integrar su lenguaje en los espacios de Guri, Cruz-Diez activó el concreto. Las superficies antes inertes se volvieron campos de percepción donde la luz tropical, las sombras proyectadas por la estructura y los pigmentos industriales dialogan, creando una experiencia que muta con la hora del día, la estación y el ritmo de quien la transita.

Humanizar una obra de ingeniería no implica añadir ornamentos, sino restituirle una dimensión integral del ser humano en su cultura, sociedad, historia y biología. En el Guri, la intervención de Cruz-Diez operó precisamente en ese umbral, donde ingenieros, técnicos, obreros y visitantes dejaron de ser meros espectadores de una máquina para convertirse en participantes de un entorno sensible.

Parte del legado de Cruz-Diez sigue siendo un manifiesto silencioso: el espacio que sostiene la vida moderna también debe alimentar la experiencia humana. Su obra en la represa no solo desafía el desgaste del tiempo, invita a repensar cómo diseñamos, habitamos y sentimos las grandes creaciones artísticas que articulan nuestra civilización.

Con información de:

Fotos cortesía de: Pinterest, Susanabenko en blogspot, Wikipedia

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