Homogeneización de bosques desplaza árboles nativos y debilita los ecosistemas

Los bosques del planeta están entrando en una nueva etapa marcada por la homogeneización del paisaje forestal, la pérdida de especies especializadas o nativas y ecosistemas menos resilientes, al ser menos capaces de resistir sequías, plagas o cambios bruscos de temperatura, advierte una investigación internacional.

El estudio publicado en Nature Plants, analizó más de 31.000 especies de árboles para trazar un mapa global de los posibles cambios en los bosques en las próximas décadas. La investigación determina un patrón inquietante que señala que los bosques tienden a llenarse de especies de crecimiento rápido, mientras que los árboles lentos, longevos y altamente especializados retroceden, en incluso llegan a desaparecer.

Según el estudio, esta tendencia, observada en todos los bosques del mundo, afecta con especial dureza las regiones tropicales y subtropicales, donde se concentrará el aumento futuro del riesgo para especies que representan la columna vertebral de estos bosques.

Esta uniformidad de los bosques, impulsada por la intervención humana, debilita los ecosistemas, reduce la biodiversidad y aumenta de manera notable el riesgo de incendios, lo que subraya la necesidad de estrategias de manejo forestal que prioricen la diversidad y la resiliencia ecológica.

Estudio internacional

 

Un amplio estudio internacional publicado recientemente en la revista Nature Plants y liderado por la East China Normal University ha analizado más de 31.000 especies de árboles en todo el mundo. La investigación, en la que también participa el Creaf, ofrece una visión global del posible cambio de los bosques en términos de composición, resiliencia y funcionamiento ecológico.

Al respecto, Josep Peñuelas, investigador en el Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales (CREAF) en España, y coautor del estudio, advierte de las graves consecuencias de esta dinámica que, entre otras cosas, compromete la capacidad de los bosques para almacenar carbono a largo plazo, un factor clave en la lucha contra el cambio climático.

El estudio advierte que los árboles de rápido crecimiento están desplazando especies clave y debilitando la resiliencia de los bosques. Estaa homogeneización ocurre en parte porque las especies como robles o encinas, tienen una madera más densa con hojas gruesas y raíces fuertes, por lo que crecen lentamente y necesitan más tiempo para establecerse. En contraposición, las especies colonizadoras crecen mucho más rápido porque tienen madera menos densa y hojas más ligeras, arraigan con facilidad y ocupan los espacios libres después de una perturbación como un incendio. “Además, como crecen más rápido, esta expansión la ha favorecido la actividad humana, por ejemplo, repoblando zonas quemadas con pinos o promoviendo plantaciones de eucaliptos para la producción de madera”, explica Peñuelas.

La investigación apunta que cerca del 41 % de las especies de árboles naturalizadas, no originarias de una región, comparten estos rasgos de crecimiento rápido y hojas pequeñas. Esto las hace muy competitivas en paisajes degradados por la actividad humana, pero pobres sustitutas de las especies nativas en términos de servicios ecológicos.

Paisajes pierden su diversidad

Debido a la intensificación de los usos industriales del suelo, los paisajes están perdiendo su diversidad de especies y funciones, lenguajes y prácticas, llevando a una crisis de sostenibilidad a la que se enfrentan actualmente tanto la familia humana como el resto de las especies del planeta.

En este sentido, otro estudio sobre la homogeneización de los paisajes en el mundo determinó cuatro fuerzas impulsoras principales que caracterizan y contribuyen a éste fenómeno. En primer lugar, está el imperativo del crecimiento económico. Le sigue la producción industrializada de materias primas; la despoblación rural y el abandono de las prácticas tradicionales.

Estos aspectos están presentes en varios casos incluidos en el estudio, aunque adopten formas y manifestaciones diferente de acuerdo al contexto.

Consecuencias de la pérdida de árboles

Si continúan las tendencias actuales de cambio climático y explotación forestal, los bosques serán un conjunto de árboles con hojas ligeras y madera menos densa, capaces de crecer rápido y colonizar suelos alterados. Entre ellos diferentes especies de acacia, eucalipto, álamo o pino. Pero esta homogeneización tiene un costo, pues estas especies son más vulnerables a sequías prolongadas, tormentas intensas, plagas y enfermedades emergentes. Además, a largo plazo, los bosques dominados por ellas tienden a ser menos estables y menos eficaces a la hora de fijar carbono durante décadas.

Además del problema de biodiversidad, también se afecta al ciclo del carbono, el agua y la estabilidad del suelo. Bosques menos diversos suelen almacenar menos carbono a largo plazo, filtran menos el agua de lluvia y son más propensos a la erosión tras incendios o talas.

Para Jens-Christian Svenning, profesor y director del Centro para la Dinámica Ecológica en una Biosfera Nueva (Econovo) de la Universidad de Aarhus, el mayor riesgo no es solo perder árboles, sino perder funciones ecológicas completas. “Estamos hablando de especies únicas, muchas concentradas en regiones tropicales y subtropicales. Cuando estas especies desaparecen dejan vacíos que los árboles invasores rara vez pueden llenar, aunque crezcan más rápido y se dispersen con facilidad”, indicó.

Los árboles actúan como la estructura invisible del ecosistema. Almacenan grandes cantidades de carbono en su biomasa, crean microclimas bajo sus copas y ofrecen refugio a especies que no sobreviven en entornos abiertos o degradados. En paisajes dominados por pocas especies, las plagas pueden propagarse con mayor facilidad, lo que obliga a usar más tratamientos químicos o a asumir pérdidas forestales masivas. Todo esto tiene un efecto en cadena sobre ríos, acuíferos y comunidades humanas que dependen del bosque para vivir.

Homogeneización golpea con más fuerza al trópico

 

La homogeneización forestal golpea con más fuerza a los trópicos y subtrópicos. En estos espacios se concentran muchas especies de distribución limitada, árboles que solo existen en valles concretos, laderas específicas o islas biogeográficas.

Para el primer autor del estudio, Wen-Yong Guo, de la Universidad Normal del Este de China en Shanghái, estas especies son especialmente vulnerables porque no tienen un plan alternativo geográfico. Esto significa que, si su entorno se transforma por deforestación, incendios o invasión de especies rápidas, puede presentarse una extinción local o incluso total.

Por otra parte, el estudio prevé que en regiones más frías del hemisferio norte aumente la presencia de especies naturalizadas adaptadas. En estos paisajes, el avance de árboles rápidos puede cambiar la fisonomía de los bosques en solo una o dos generaciones humanas. Detrás de este proceso hay una combinación de factores: infraestructuras, silvicultura intensiva, comercio global de especies, demanda de biomasa y madera de rápido crecimiento. Plantar árboles “productivos” es una solución tentadora a corto plazo. Pero ecológicamente, el sistema se vuelve más frágil.

“Hablamos de especies altamente únicas, especialmente concentradas en regiones tropicales y subtropicales, donde la biodiversidad es alta y los ecosistemas están estrechamente interconectados. Cuando las especies autóctonas especializadas desaparecen, dejan vacíos en los ecosistemas que las especies invasoras raramente consiguen llenar, incluso si son de crecimiento rápido y de alta dispersión”, afirma Jens-Christian Svenning, profesor y director del Centro de Dinámica Ecológica en una Biosfera Nueva (Econovo) de la Fundación Nacional Danesa de Investigación, en el Departamento de Biología de la Universidad de Aarhus, y uno de los principales autores del estudio sobre homogeneización de los bosques.

Priorizar especies nativas y lentas

 

Los modelos del estudio muestran que, si no se actúa, las especies ya naturalizadas y de crecimiento rápido ganarán aún más terreno en las próximas décadas. En la práctica, la competencia por luz, agua y nutrientes se intensifica. A las especies locales, ya presionadas por el clima y la fragmentación del hábitat, les cuesta más recuperarse.

Ante esta realidad, la gestión forestal pasa a ser una herramienta clave contra la pérdida de biodiversidad. Hay que limitar la expansión descontrolada de especies exóticas invasoras y proteger los árboles autóctonos de crecimiento lento y los que están amenazados. No se trata solo de plantar más árboles, sino de mejorar esta acción.

Por esta razón, se debe dar prioridad a especies lentas, raras o propias de cada región, lo que puede aumentar la diversidad estructural del bosque, mejorar su capacidad de resistir eventos extremos y favorecer la recuperación de fauna asociada, desde grandes mamíferos dispersores de semillas hasta insectos polinizadores.

En Europa, por ejemplo, algunos proyectos de restauración reintroducen especies de frondosas autóctonas en zonas dominadas durante décadas por monocultivos de coníferas. En América Latina, iniciativas de restauración de corredores biológicos buscan conectar fragmentos de selva para que las especies de crecimiento lento puedan recolonizar áreas degradadas.

 

Con información de Ecoinventos, Ecosystemsandpeople y Ecoticias

 


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