Con sus hábitos predominantemente diurnos y su particular físico, el jaguarundí, jaguarundi o gato moro (Herpailurus yagouaroundi), desafía los cánones de todos los felinos del mundo, los cuales aprovechan la oscuridad para acechar a sus presas.
Este singular mamífero posee una de las distribuciones geográficas más amplias entre los felinos americanos, aunque su densidad poblacional es baja. Su rango se extiende desde el sur de Texas en Estados Unidos, atraviesa todo México, América Central, para llegar hasta el norte y centro de Sudamérica, incluyendo la cuenca del Amazonas, el Pantanal brasileño y las estribaciones de los Andes.
En Venezuela, el jaguarundí presenta una distribución geográfica amplia pero irregular, extendiéndose desde el nivel del mar hasta las estribaciones de los Andes. A pesar de su amplia dispersión en el territorio nacional, las poblaciones venezolanas de Herpailurus yagouaroundi enfrentan presiones significativas derivadas de la actividad humana.
El jaguarundí es la única especie del género Herpailurus
El jaguarundí es la única especie del género Herpailurus. Durante mucho tiempo se creyó que estaba estrechamente emparentado con los guepardos, pero estudios genéticos recientes han demostrado que su linaje se separó hace millones de años, siendo pariente cercano del puma (Puma concolor).
Este ágil felino posee un cuerpo alargado, patas cortas, una cabeza pequeña y chata, además de una cola larga y gruesa que puede medir hasta dos tercios de la longitud de su cuerpo. Los adultos pesan entre 3.5 y 9 kilogramos y miden de 50 a 75 centímetros de largo sin contar la cola.
Una de sus características más curiosas es la ausencia de manchas en la edad adulta, a diferencia de la mayoría de los felinos pequeños. Además, presenta dos fases de color o “morfos” genéticos que pueden nacer en la misma camada: el morfo gris (cacomictli), con pelaje de color gris pizarra, pardo grisáceo o negruzco; y el morfo rojo (yagouaroundi), con pelaje de tonalidades rojizas, castañas o marrón leonado.
Herpailurus yagouaroundi es eminentemente diurno
Mientras que el ocelote, el jaguar o el margay patrullan sus territorios bajo la luz de la luna, el jaguarundí es un animal eminentemente diurno, aunque también puede mostrar picos de actividad crepuscular (al amanecer y al atardecer).
Los biólogos atribuyen este comportamiento diurno a dos factores evolutivos principales. Por un lado, para evitar la competencia, pues al cazar en el día reduce el riesgo de enfrentarse o ser depredado por felinos nocturnos más grandes y agresivos como jaguares, pumas y ocelotes. Por otro, la disponibilidad de presas, dado que su dieta se compone principalmente de pequeños roedores, aves y reptiles que presentan mayor actividad durante las horas de luz.
Cabe destacar que para adaptarse a la luz solar, el jaguarundí cuenta con pupilas que se contraen en una línea vertical estrecha (a diferencia de las pupilas redondas de los felinos nocturnos), lo que le permite regular la entrada de luz y tener una excelente agudeza visual diurna.
Un depredador oportunista y generalista
Es un depredador oportunista y generalista. Su dieta incluye roedores (como ratas y conejos), aves terrestres, reptiles (iguanas, lagartijas y serpientes), anfibios, cangrejos de río e insectos grandes. Ocasionalmente, el jaguarundí puede consumir frutas o carroña.
A diferencia de los felinos que acechan desde las ramas de los árboles, el jaguarundí es un cazador terrestre. Utiliza su excelente visión y oído para detectar movimientos en la hojarasca o la hierba alta. Su estrategia consiste en un acecho sigiloso seguido de una carrera corta y explosiva para atrapar a su presa. Es un trepador capaz, pero rara vez caza en los árboles.
Herpailurus yagouaroundi es solitario y territorial. Los machos poseen territorios que se superponen con los de varias hembras. Para marcar su territorio y comunicarse, utilizan glándulas odoríferas, orina y heces, pero su método más distintivo es la vocalización.
Esta vocalización es otro de los desafíos de los cánones felinos del jaguarundí, quien es capaz de emitir una variedad de sonidos que incluyen silbidos agudos, chirridos, gorjeos (similares a los de las aves), ronroneos y aullidos fuertes. Estos sonidos son utilizados para mantener el contacto entre madres y crías, así como para advertir sobre intrusos de su territorio
Sistema de apareamiento polígamo
Además de usar sus glándulas odoríferas, orina y heces para marcar territorio y comunicarse, la descrita capacidad vocal del jaguarundí también le es útil para atraer parejas durante la época de celo. Su sistema de apareamiento es polígamo. Tras un período de gestación de aproximadamente 70 a 75 días, la hembra da a luz a una camada de 1 a 4 crías en nidos construidos con hierba densa, troncos huecos o madrigueras abandonadas.
Los cachorros nacen con los ojos cerrados, que abren entre los 9 y 13 días. A diferencia de los adultos, las crías nacen con manchas oscuras, las cuales van desapareciendo a medida que crecen, alcanzando la coloración uniforme del adulto hacia los 3 o 4 meses de edad.
La madre amamanta a sus crías durante unos 3 meses, aunque comienzan a consumir carne a las pocas semanas de nacer. La esperanza de vida en libertad es de unos 10 a 12 años, aunque en cautiverio pueden superar los 20 años.
En Venezuela, habita desde el nivel del mar hasta estribaciones de los Andes
En Venezuela, la presencia del jaguarundí se extiende desde el nivel del mar hasta las estribaciones de los Andes, generalmente por debajo de los 1.500 metros de altitud. Su presencia es particularmente notable en los Llanos venezolanos, donde encuentra un hábitat ideal en los bosques de galería, las sabanas con matorrales densos y las zonas inundables.
Asimismo, habita en los estados de la región amazónica y guayanesa (estados Amazonas y Bolívar), en las formaciones xerófilas y manglares de la costa (incluyendo la península de Paraguaná y el estado Falcón), y en las cordilleras tanto de la Costa como de los Andes, aunque en estas últimas su avistamiento es menos frecuente debido a su marcada preferencia por climas más cálidos y vegetación baja.
Clasificado globalmente por la Lista Roja de la UICN como Preocupación Menor (LC), en Venezuela las poblaciones de jaguarundí enfrentan presiones significativas derivadas de la actividad humana. La expansión de la frontera agrícola, la ganadería extensiva y la tala indiscriminada han fragmentado sus hábitats naturales, afectando críticamente a las poblaciones en zonas costeras y de pie de monte.
Aunque no suele ser el objetivo principal de la cacería comercial, es frecuentemente perseguido y abatido por productores avícolas y rurales que lo consideran una amenaza para las aves de corral. Sumado a esto, su costumbre diurna y su desplazamiento a ras del suelo lo hacen altamente vulnerable a los atropellos en carreteras, por lo que su supervivencia depende de la preservación de áreas protegidas llaneras y selváticas, así como de la conservación de los corredores riparios.
Con información de Sistema Venezolano de Biodiversidad Biológica, Mongabay, Amazona Zoo, Zoológico Leslie Pantín, Zoológico Las Delicias y Wikipedia
Fotos cortesía de Enciclovida y Mongabay
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