La humanidad divaga, no piensa ni actúa en términos de especie, se mueve sin determinantes estratégicas y tropieza con los escombros de su obra destructiva. El desplazamiento errático confunde los instrumentos de la navegación civilizatoria y no sabe si se avanza o retrocede. La idea de proyecto humano no existe.
Su futuro demanda mayor amplitud de miras, organizar las respuestas por acometer ante las amenazas que ponen en riesgo su vida; lo contrario inexorablemente reducirá su locomoción a una mera y finita tutela de la subsistencia.
Pero el instinto de preservación no basta para asegurar la continuidad material-existencial ni para guiar la direccionalidad societal, por lo que llegado el momento la selección natural deberá ser sustituida por la evolución racional.
Llegó la hora de pensar en términos de humanidad y de elaborar el plan de sobrevivencia que asuma la trascendencia civilizatoria como la única opción posible.
Para ello el Hormé se constituye en fuerza propulsora que posibilita el movimiento no errático, por tanto, planificado de la futura Civilización Trans-Sapiens.
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