La lapa de montaña es un roedor de gran tamaño y emblemático los ecosistemas andinos de América del Sur. Habita los bosques nublados densos altoandinos, páramos y subpáramos de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y del noroeste de Venezuela.
Se trata de una especie singular y de gran relevancia ecológica, tanto por su papel en la dispersión de semillas como por su adaptación a ambientes de altura que en el ámbito global es amplia, registrándose su presencia entre 2.000 4.260 metros sobre el nivel del mar.
Pero en Venezuela, se restringe a lugares específicos de la cordillera andina, donde vive entre los 2.000 y 3.000 msnm. De acuerdo a lo estimado, ocupa un área aproximada de 6.500 km² en nuestro país, lo que representa alrededor del 15% de su distribución mundial.
Cuniculus taczanowskii es su nombre científico. El género Cuniculus proviene del latín cuni, un conejo y ulus, sufijo que significa similar o parecido a, “parecido a un conejo”. También se le conoce como paca de montaña o guardatinaja de páramo.
Un roedor de gran tamaño
Este roedor de tamaño mediano a grande, puede alcanzar hasta 80 centímetros de longitud en la adultez, y pesar cerca de 7.5 kilogramos. Su pelaje, largo y denso, presenta una coloración variable que abarca tonos que van del marrón oscuro al rojizo, así como tres o cuatro líneas blancas punteadas a los costados, muy notables y análogas a las que tiene la lapa común o lapa de tierras bajas (Cuniculus paca), especie hermana.
Los colores oscuros del dorso contrastan con la tonalidad más clara, casi blanca, de su vientre. Además, resaltan las orejas cortas y anchas, los ojos grandes y vibrisas sensoriales largas que le permiten orientarse en la oscuridad.
Por otra parte, la cola de la lapa de montaña es muy corta, casi imperceptible. Las hembras suelen ser ligeramente más grandes que los machos, superándolos en unos 10 a 20 centímetros en longitud.
Animal nocturno y solitario
Es un animal nocturno, solitario y territorial, rasgos distintivos de su comportamiento. Aunque su actividad principal es durante la noche, puede ser vista ocasionalmente durante el día, principalmente cuando necesita alimentarse.
Poseedora de una gran agilidad y rapidez, lo que le permite escapar de depredadores como felinos y aves rapaces, la lapa de montaña es buena saltador, capaz de moverse entre la vegetación y terrenos irregulares con facilidad.
Otra característica de Cuniculus taczanowskii es que es un animal semifosorial: Vive tanto en la superficie como excavando o escondiéndose parcialmente bajo tierra para refugiarse y protegerse. Se adapta a entornos superficiales y subterráneos, aprovechando las ventajas de ambos.
La dieta y la reproducción de la lapa de montaña
Estrictamente herbívora, la lapa de montaña, se alimenta de frutas, hojas y semillas propias de su ecosistema andino. Entre sus alimentos preferidos se cuentan frutos como el guamo, la Inga spuria y la fresa silvestre. Debido a su adaptación a climas fríos y vegetación fibrosa, este roedor posee un sistema digestivo con un ciego grande que le permite procesar eficientemente alimentos ricos en fibra.
Sin embargo, tiene una dieta selectiva pues elige especies vegetales específicas y muestra conductas particulares como manipular frutos antes de comerlos, incluso arrastrándolos a lugares seguros para su consumo.
El comportamiento independiente se refleja también en la reproducción; la hembra de Cuniculus taczanowskii alcanza la madurez sexual a los nueve meses de edad y los machos al año. La especie no tiene una temporada de cría definida y el tiempo de gestación es de 114 a119 días y aunque puede tener hasta dos crías por camada, lo común es una.
Durante este periodo, la madre pasa más tiempo en el nido, pero debe salir a buscar alimento. El macho, por su parte, se aparta tras la relación sexual, reforzando el carácter solitario e independiente de la especie. La reproducción se da principalmente en condiciones nocturnas, coincidiendo con sus hábitos de actividad.
Importancia ecológica y estado de conservación
Sin duda la lapa de montaña desempeña un papel fundamental como dispersora de semillas, contribuyendo a la regeneración y mantenimiento de los bosques andinos.
Ha sido clasificada a nivel global como “casi amenazada” en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN), a pesar del decrecimiento poblacional de la lapa de montaña en casi la totalidad de los Andes. La continua pérdida y fragmentación de su hábitat por deforestación, tala, quema y expansión agrícola, además del impacto de la cacería ilegal en varias regiones donde se valora su carne como fuente proteica accesible para pobladores locales, son las amenazas que enfrenta.
Mientras que, en el Libro Roja de la Fauna Venezolana, fue incluida en la categoría de “vulnerable”. Aunque en nuestro país parte de su distribución está en los límites de áreas protegidas como los parques nacionales Sierra Nevada y El Tamá, hasta ahora no se ha evaluado la capacidad protectora de ambos para esta especie.
Su preservación es responsabilidad de todos
Ampliar los estudios de la lapa de montaña, comprender sus características biológicas, distribución, hábitos y amenazas es crucial para diseñar estrategias de conservación efectivas.
La protección de su hábitat natural, la regulación de actividades que impactan su supervivencia y la educación ambiental, particularmente en las comunidades aledañas a las zonas donde vive la lapa de montaña, son prioridades inmediatas. Estas acciones exigen un esfuerzo coordinado para asegurar que futuras generaciones puedan seguir disfrutando de este patrimonio natural andino invaluable y los ecosistemas que la albergan.
Con información de Sistema Venezolano de Información sobre la Diversidad Biológica (SVDB), Especies Amenazadas (Libro Rojo de la Fauna Venezolana) y BIOWEB (Ecuador).
Fotografías publicadas en BIOWEB
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