Legado escultórico de Alejandro Colina honra la identidad venezolana

Con obras monumentales que reflejan su profundo respeto y reconocimiento a la herencia cultural de nuestro país, el legado escultórico del maestro Alejandro Colina honra y exalta la identidad venezolana.

La escultura de María Lionza sobre la danta, su obra más reconocida; las estampas de los Caciques: Tiuna, Manaure, Yaracuy, Caricuao y Chacao; el busto de la Negra Matea, la estatua ecuestre del Negro Primero, la Madre Tierra y Los Centinelas, constituyen claros ejemplos del arraigado sentido nacionalista de este artista caraqueño.

Escultura de María Lionza

Colina es considerado el máximo exponente de la escultura monumental venezolana y el más alto representante de la tendencia indigenista de la escultura nacional. Así lo demuestra la presencia de su obra en varios estados de nuestra geografía.

Juan Alejandro de Jesús Colina Viera

El inicio del siglo XX (1 de febrero de 1901) vio nacer, en la parroquia caraqueña de Altagracia, a Juan Alejandro de Jesús Colina Viera. Hijo de Fermina Viera y Clavijo, descendiente de inmigrantes canarios, y de Alejandro Torcuato Colina, cuyo linaje coreano contó con León Colina, destacado político y militar del ejército federalista.

Su incursión en el mundo del arte comenzó a los 12 años, aunque registrado con 13, cuando ingresó en la Academia de Artes Plásticas de Caracas (actual Escuela Cristóbal Rojas), paso que fue motivado por la observación de un amigo de la familia, el escritor e historiador Francisco Jiménez Arráiz, quien reconoció su talento artístico cuando jugaba esculpiendo figuras de barro en el patio de su casa.

En la Academia, Colina recibió formación en dibujo bajo la tutela de Antonio Herrera Toro y en escultura con Cruz Álvarez García. Paralelamente a sus estudios académicos, asistió a la Escuela de Artes y Oficios de Caracas, donde aprendió mecánica, pues consideraba que un artista debía contar con ingresos propios. Allí llegó a desempeñar el cargo de subdirector a los 18 años.

Alejandro Colina durante sus años como mecánico en la Marina Mercante.

Su interés por la figura humana lo llevó a asistir como oyente a las clases de anatomía del doctor Luis Razetti, en la Universidad Central de Venezuela. Se afirma que el doctor José Gregorio Hernández estuvo en el jurado calificador de la obra (El Anthropopithecus o el Nacer de la idea), presentada por Alejandro Colina al culminar sus estudios de Artes. El actual primer santo nacional, también visitaba al escultor en su taller.

Colina coexistió con pueblos indígenas

Escultura Cacique Tiuna

Aunque escultor, el artista caraqueño también trabajó en el ferrocarril Caracas-La Guaira y la marina mercante. Durante 17 años, se desempeñó como mecánico para buques mercantes, lo que le permitió viajar durante más de una década. En 1920, decidió trasladarse a La Guajira, en el estado Zulia, donde coexistió con los pueblos indígenas del occidente del país.

En su estancia de ocho años en la Guajira venezolana, se dedicó a tomar notas y a estudiar las costumbres, tradiciones y leyendas de las comunidades locales. Esta inmersión cultural tuvo un impacto profundo en su obra, convirtiendo a los indígenas en el tema central de su producción artística.

Los últimos toques a la escultura Liberacion, 1968

Indo-dolencia, fue la obra con la que inició su camino de reconocimiento a los pueblos indígenas. Era una india desnuda y embarazada, de cuyos pezones brotaba leche materna, así celebró el papel de la mujer indígena como dadora de vida. Fue exhibida en el Museo de la Universidad Central de Venezuela y duramente criticada por el sector eclesiástico.

Mostró la dignidad de un pueblo afectado por la conquista

 

Con su arte, Alejandro Colina celebraba la herencia cultural de las comunidades indígenas, al exaltarlas en su carácter de raza autóctona junto a sus valores ancestrales como mitos, leyendas y dioses, para mostrar la dignidad de un pueblo afectado por la conquista.

El Piache

Por ello su estilo artístico se inscribe dentro del Indigenismo, un movimiento artístico que surgió en América Latina en la década de 1920, promoviendo un arte que valorara las culturas precolombinas y se centrara en la propia cultura, rechazando la dominancia del arte europeo.

Entre las esculturas más importantes y representativas de Colina destaca, en primer lugar, María Lionza (1951), diosa indígena de la naturaleza originaria del estado Yaracuy que es figura de culto religioso.

María Lionza, mujer venezolana de gran belleza

Alejandro Colina representa a María Lionza sobre la danta como una mujer venezolana de gran belleza, desnuda y voluptuosa, con caderas anchas y fuerte musculatura, montando a horcajadas sobre un tapir (danta) que se apoya sobre una serpiente. La escultura está cargada de simbolismo, ya que es venerada como una diosa de la naturaleza, el amor, la paz y la armonía; así como protectora de los bosques, las aguas y los animales.

La diosa, que ofrece al cielo una pelvis femenina, símbolo de fertilidad, originalmente fue creada en piedra artificial, con réplicas posteriores en yeso y bronce. Sus dimensiones son de 5.9 × 1.2 × 3.74 metros.

Inicialmente ubicada frente al Estadio Olímpico de la Ciudad Universitaria de Caracas para los Juegos Bolivarianos de 1951, la popular escultura fue trasladada a la Autopista Francisco Fajardo de Caracas, en 1953. Hoy, su sitio de veneración está en la montaña de Sorte, en el estado Yaracuy, mientras que una réplica permanece en la mencionada arteria vial capitalina.

El carácter monumental de la obra de Alejandro Colina

Cacique Caricuao, parroquia Caricuao, Caracas.

Un rasgo distintivo de la obra de Colina es su carácter monumental, pues es reconocido por crear esculturas públicas de gran escala, integrándose en los espacios urbanos en el contexto de la modernización de las ciudades venezolanas. Es notable su dominio de las figuras tridimensionales para las que usaba materiales como mortero o piedra artificial, aunque también empleó el bronce en su etapa final.

La representación de líderes indígenas es otro tema recurrente en la obra de Alejandro Colina. A través de las estatuas de caciques como Tiuna, Chacao, Yaracuy, Manaure y Guacamaya, entre otros, el artista buscaba rescatarlos del olvido e insertarlos en la geografía patria, exaltando a los autóctonos y resaltando sus valores.

Busto de la Negra Matea

Estas esculturas, de anatomía sobrehumana, transmiten la fuerza y la dignidad de un pueblo afectado por la Conquista. En tal sentido, las figuras del escultor caraqueño se caracterizan por un ritmo tenso y robusto, sugiriendo un movimiento dramático contenido. Presentan una fuerte construcción muscular, enfatizando la fuerza física y la resistencia de nuestros pueblos ancestrales.

En las estatuas y bustos de caciques, Colina solía emplear el color negro mate, posiblemente con un significado simbólico relacionado con la tierra o la estética indígena. No obstante, la escultura El Conjuro de Caricuao, mejor conocida como el indio Caricuao, está trabajada en granito y cemento rojo, porque el guerrero se teñía la piel de ese color con onoto.

Dedicó gran parte de su vida al Monumento al Libertador

A finales de la década de 1920, Alejandro Colina comenzó a desarrollar el Monumento al Libertador, obra escultórica donde Simón Bolívar ofrendaba su espada victoriosa al Todopoderoso.  Pese a que le dedicó gran parte de su vida, se convirtió en una gran frustración al no poderla concretar.

El modelo del Monumento al Libertador, que financió con recursos propios, fue presentado por Colina décadas después. Era un proyecto de gran envergadura para el Waraira Repano, montaña a la que amó profundamente, que no se ejecutó, porque la desnudez de Bolívar (cubierto solamente por el manto de iris) fue considerada ofensiva para la época.

Monumento a San Juan Bautista, popularmente conocido como el Sanjuanote de San Juan de Los Morros

Un proyecto que sí se concretó fue el Monumento a San Juan Bautista, popularmente conocido como el Sanjuanote de San Juan de Los Morros (Guárico), aunque por negarse a bajarle el brazo derecho fue acusado de comunista, despedido antes de culminar la obra y apresado por órdenes del entonces presidente, Juan Vicente Gómez, en 1933.

En 1936 fue liberado, pero con problemas psicológicos, tuvo que recibir la ayuda de Andrés Eloy Blanco, para recuperarse en el Hospital Psiquiátrico de Caracas, donde creó el mural “Arte, Ciencia y Psiquiatría” y doce bustos de pacientes. Ese mismo año se casó con Emilia Heredia Hurtado con quien tuvo tres hijos. Para entonces, ya tenía dos, de su primer matrimonio, con Alejandrina Issa. Alejandro Colina murió el 23 de octubre de 1976. Tenía 75 años.

 

Con información de Vereda ULA, La Guía de Caracas, Cuatro F, Caricuao Foto Historia Blog y Dinero

Fotos cortesía de Rurumo (Rufino Uribe-Flickr), Archivo Grupo Últimas Noticias (Pinterest), Ebefa Venezuela, Guillermo Martínez Molina (Pinterest),   Venezuela de Ayer, Entre rayas, Robustiano Gorgal (Flickr), Diario El Nacionalista, Wikimedia, Archivo El Nacional (Pinterest)


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