Erigido para proteger a los habitantes de Pampatar de piratas y corsarios, el castillo San Carlos de Borromeo se distingue entre las fortificaciones margariteñas del mismo estilo, por su histórica resistencia desde el inicio de su construcción, en el siglo XVII.
Proyectado por el ingeniero militar Juan Betín, el castillo quedó culminado en 1684, 20 años después del inicio de su construcción. Primero fue destruido por piratas holandeses, dos años más tarde inició la reconstrucción, pero antes de finalizar las obras un nuevo ataque, esta vez de una escuadra francesa, lo destrozó parcialmente. También, ha sido objeto de múltiples trabajos de recuperación.
De área de polvorín a prisión
Destaca la breve permanencia de Luisa Cáceres de Arismendi, en una celda frente a la rampa, luego del martirio en el castillo de Santa Rosa y antes de ser trasladada a La Guaira. Se afirma que también estuvieron en cautiverio Petronila Mata, Manuel Plácido Maneiro y Francisco Esteban Gómez, entre otros.
Una experiencia peculiar para los turistas es comprobar cómo las o los prisioneros lograban mandar mensajes sin que se enterara el par de soldados presentes. Los guías recrean la experiencia con quien quiera participar. Todo es posible gracias a que la forma de cúpula del calabozo y el material de las paredes, facilitan la transmisión de sonidos. Algunos guías afirman que así, Luisa Cáceres pasó información valiosa a su criada para su esposo.
La estrategia consistía en que la o el cautivo fingía que rezaba de cara a una de las esquinas traseras del recinto para evitar maltratos de los dos guardias que entraban a la entrega de alimentos, quienes se ubicaban en el centro como barrera con el indígena que colocaba los alimentos en una mesa de la esquina delantera contraria. La realidad es que los de las esquinas se comunicaban con nitidez, a través de las paredes, sin que los soldados se enteraran.
Patriotas sitiaron el castillo San Carlos de Borromeo
En el siglo XIX, en plena guerra por la independencia, como hecho histórico resaltante se recuerda que durante la toma de la isla de Margarita por las tropas del patriota Santiago Mariño, fue sitiado el castillo San Carlos de Borromeo. Era el año 1813 y allí resultó herido el despiadado gobernador español, Eusebio Antoñanzas, quien murió un mes después en Estados Unidos, país que lo acogió luego de huir de Venezuela.
Otro acontecimiento histórico fue el intento de destruir el castillo de Pampatar por parte de las tropas españolas, el 3 de noviembre de 1816. Obligados a evacuar la isla de Margarita, tras embarcarse con todas sus pertenencias, dejaron una mecha encendida que conducía a un montón de pólvora. Accidentalmente, un soldado patriota notó la mecha y la apagó sin demora.
La edificación fue recuperada por los españoles, un año después, cuando Pablo Morillo la convirtió en su fortaleza, pero el gusto les duró solo seis semanas, pues los aguerridos margariteños lograron que huyeran al combatirlos con su táctica de guerra de guerrillas.
La fosa del castillo fue usada como caballeriza
A continuación, se pasa el patio de armas, donde se formaba la tropa conformada por entre 40 y 50 soldados, con los dormitorios en la parte trasera y el baño, al cual se entraba agachado, debajo de la rampa de subida, en el costado derecho de la edificación. En el centro destaca el aljibe del castillo, de seis metros de profundidad, con capacidad para recoger 150 mil litros de agua de lluvia, convertido en pozo de los deseos.
Preciosa vista del mar Caribe desde el castillo
En el techo del castillo también se aprecia el farallón de Pampatar o Isla Blanca, un islote rocoso que ha servido de referencia a navegantes a lo largo de la historia. Este monumento natural es de alto interés turístico por ser hogar de una gran cantidad de aves, hermosos arrecifes de coral y una imagen de la Virgen del Valle sumergida en sus alrededores.
Una ancha rampa permite subir a esta especie de mirador, cuya base es el muro de protección de la edificación que cuenta con un espesor de ocho a 15 metros. Hay cuatro torretas de vigilancia, cada una alineada con su baluarte. Se trata de dos garitas y dos pequeñas atalayas desde donde un vigía avisaba, con una guarura o botuto, cuando divisaba embarcaciones sospechosas.
La rampa era usada para subir material pesado encima de caballos, como cañones, balas, la pólvora, cuando se reforzaba la seguridad ante un posible ataque. Abajo permanece una docena de cañones de 36 libras, alineados frente a la costa, con los que disparaban a las naves enemigas cargadas de piratas dispuestos a saquear a Pampatar, con el robo de la sal que se producía como uno de los objetivos principales.
El castillo está abierto al público todo el año
La visita al castillo puede ser aprovechada para recorrer Pampatar, una encantadora ciudad apartada del caos de la zona comercial de la isla de Margarita, con otros sitios de interés y donde las playas son calmadas. De hecho, cerca de la fortaleza hay un pequeño embarcadero desde donde los vacacionistas se lanzan a las cristalinas y cálidas aguas.
Con información de Venezuela Tuya, Historia de Venezuela Visual, Casa Maya y Steemit
Fotos cortesía de Tripdvisor y Aquarius Hotel
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