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La historia de Cañonero, 50 años de una gran hazaña

por Haiman El Troudi
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Corría la tarde del sábado primero de mayo de 1971. Ese día, Cañonero quedaría registrado en la historia del hipismo nacional e internacional para siempre.

Una tromba pasa por los últimos metros de los dos mil de la pista del hipódromo Churchill Down. Más de 120 mil espectadores contuvieron el aliento cuando este joven potro castaño vino de la nada, desde el fondo del pelotón, con su poderoso accionar, derrumbando todos los pronósticos para imponerse en el gran clásico: El Kentucky Derby. ¡Una gran hazaña deportiva para Venezuela y el mundo!

La más grande victoria en hipismo internacional, catalogada por conocedores de deportes, en su momento, como la mayor en cualquier disciplina protagonizada por venezolanos.

Cañonero había ganado así la carrera más importante del hipismo norteamericano, un triunfo con sabor venezolano.

Haciendo historia

La historia de Cañonero, 50 años de una gran hazaña

La tarde del primero de Mayo de 1971, un potro de tres años entrenado en Venezuela, logró la hazaña que nadie esperaba. Se impuso ante un grupo de 20 caballos con linaje y formados en Estados Unidos, en la más prestigiosa y tradicional carrera quizá a nivel mundial: el Derby de Kentucky, primer paso de la triple corona norteamericana.

Comenzaba la historia de Cañonero. Se desviaba así por primera vez, la atención del hipismo mundial a Suramérica.

De esos 20 ejemplares, sólo Cañonero II (llamado así porque existía un Cañonero en Estados Unidos), había corrido antes los dos mil metros venciendo a caballos de más de tres años en el primer cuatrimestre de la temporada. A pesar de su experiencia, fue menospreciado por los expertos.

300 a uno

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Y es que la situación de Cañonero no era la mejor. El potro había llegado al hipódromo de Churchill Down apenas cuatro días antes del Derby.

Su único ejercicio antes de tal compromiso fue correr 800 metros en 53 segundos, lo que provocó la burla del “timekeeper” o contador oficial, quien le asignó una posibilidad de triunfo de 300 a uno a este joven ejemplar que había hecho campaña en Venezuela, un país de Suramérica cuyo hipismo no era el más representativo de la región.

La condición física del potro evidenciaba los efectos de un largo y difícil viaje desde Caracas hasta Kentucky, travesía durante la cual sufrió innumerables contratiempos. El traslado en avión y la cuarentena prolongada de cuatro días en Miami.

Posteriormente, el trayecto de 20 horas por tierra (1.800 kilómetros) desde Florida hasta Louisville, pues no había dinero para pagar el avión, trajo como consecuencia su deterioro, con marcada deshidratación y pérdida de más de 30 kilos. Pero se recuperó y estuvo a punto para la carrera, pese a que era el hazmerreír de todos.

El “batacazo”

Llegado el día de la gran carrera, Cañonero se mostró nervioso antes de la salida y largó despacio, quedando en la retaguardia en el primer codo. Pero bajo el paciente e inteligente dominio de Gustavo Ávila, empezó a progresar gradualmente sin que nadie lo advirtiera.

La historia de Cañonero cambió cuando la veintena de ejemplares se disponían a girar el último codo de los dos mil metros de la pista del Churchill Down. Entre el grupo de potros que peleaban las primeras posiciones, aparece de repente al fondo del pelotón, un castaño de gran tamaño con chaquetilla oscura.

El brazo enérgico de Ávila, “El Monstruo”, lo activaría en el momento culminante. Justo antes de alcanzar el poste de los últimos doscientos metros comenzó la atropellada imparable.

La historia de Cañonero, 50 años de una gran hazaña

Los 123.284 espectadores contuvieron la respiración mientras lograban identificar con dificultad al animal que avanzaba con fuerza sobre los punteros, hasta lograr superarlos por varios cuerpos.

Por momentos el silencio se apoderó del hipódromo de Churchill Down. Con tres cuartos, Cañonero adelantaba a su escolta Jim French. Cubrió los dos mil metros de la pista en 123 segundos 1/5, pagando 19,40 dólares a ganador, ocho a placé (segundo lugar) y 4,20 a show (tercer puesto).

Muy pocos lograban entender el resultado de la prueba, que había sido ganada por un desconocido. Y es que en la historia de la triple corona americana, ningún ganador del Derby había sido tan menospreciado y subestimado como Cañonero.

La hazaña de Cañonero estremeció a Venezuela

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Una Venezuela con televisión en blanco en negro y sin transmisión en vivo, se enteraría poco a poco de la noticia que estremecería de emoción no solo a los aficionados del hipismo sino a todo el pueblo venezolano. ¡Cañonero se había impuesto en la carrera más importante en Norteamérica!

En una ocasión Andy Beyer escribió en el Washington Post, que en esa década ninguna de las series de carreras de la Triple Corona norteamericana provocó tanta emoción como la de 1971.

El cronista hacía referencia a la historia de Cañonero, el purasangre «invasor» que en defensa de colores venezolanos, estremeció al mundo hípico al ganar el Derby de Kentucky en la arena de Churchill Downs.

Aquel pequeño grupo de profesionales venezolanos y el joven potro, desviaron la atención del hipismo mundial hacia el país por algunos meses. Y la hazaña no quedaría así, faltaba mucho aún por ver de la historia de Cañonero.

Un largo camino

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Nadie imaginó que el hijo de Pretendre en Dixieland II, nacido el 24 de abril de 1968, en Estados Unidos, llegaría tan lejos. Pero quizás la historia de Cañonero comenzó cuando, en 1969, el venezolano Luis Navas lo adquirió por 1.200 dólares en una subasta, y lo trajo al país junto a otros caballos.

Ofreció el grupo a potenciales compradores en La Rinconada y Pedro Baptista lo adquirió por 4.500 dólares, más atraído por la nominación que tenía para correr el “Del Mar Futurity”, en California, y el Derby en Kentucky, que por su físico.

Baptista lo llamó Cañonero en homenaje a los grupos que tocaban retretas cerca de Plaza Venezuela. Con 16 meses, le entregó el caballo a Juan Arias para que lo entrenara. Debutó el 8 de agosto de 1970, con un triunfo en 1.200 metros. Rápidamente fue enviado al óvalo de Del Mar, California, donde llegó de tercero en una prueba clasificatoria, para luego ubicarse quinto en el Futurity.

De regreso a Venezuela, Cañonero obtuvo cinco victorias en nueve salidas. Luego que un primer intento fracasara por desperfectos mecánicos del avión, en abril de 1971 fue embarcado a Miami. «No te olvides de traernos un poquito de la tierra que vas a comer allá», le dijeron al jinete Gustavo Ávila, antes de partir.

Doble corona

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Con una increíble carrera en el Preakness Stakes, coronada con su victoria, en mayo de 1971, continuó la historia de Cañonero. Esta vez, los venezolanos pudieron seguirla en la narración del inolvidable Aly Khan (Virgilio Decán).

El triunfo pudo ser de Eastern Fleet que salió a correr en un tren violento. Pero, en la recta final, Cañonero se impuso y cruzó la meta con una ventaja de cuerpo y medio.

Venezuela entera estaba de fiesta, caravanas de celebración llenaban las calles. La expectativa creció, el singular purasangre fue objeto de las más diversas ofertas, pero no se concretó la venta.

Los días previos al Belmont Stakes, en junio del mismo año, se corrieron rumores sobre un problema que al parecer presentaba el caballo, producto de una micosis en sus cascos.

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En el Belmont Stakes los fanáticos se emocionaban ante la posibilidad de un triplecoronado, que haría historia como nunca antes se había visto. Desafortunadamente el sueño no cristalizó y Cañonero llegó en cuarto lugar.

Sin embargo, la Doble Corona de Cañonero II pasaría a convertirse en el mayor logro internacional conseguido por el hipismo venezolano. Con estos méritos fue nombrado Campeón Tresañero del año 1971.

En conjunto, la historia de Cañonero en las pistas de Venezuela y Norteamérica sumó 23 actuaciones de las cuales, en nueve ocasiones cruzó la meta en ganancia, además de tres segundos lugares y cuatro terceros.

Tiempo después, Cañonero se presentó en el Hipódromo La Rinconada, en febrero de 1981, donde fue ovacionado por miles de aficionados, para luego continuar su campaña como semental. Lamentablemente apenas pudo dejar una pequeña producción, pues murió en noviembre del mismo año debido a un cólico fulminante.

Protagonistas venezolanos

La impresionante historia de Cañonero no hubiese sido posible, sin la audaz participación de destacados personajes. Entre ellos su dueño, Pedro Baptista, reconocido empresario y quien disfrutaba del hipismo en todas sus facetas.

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Juan Arias, Pedro Baptista y Gustavo Avila.

A pesar de ser tildado de loco, en un valiente gesto, arriesgó todo para inscribir a su caballo Cañonero en el Derby de Kentucky, una carrera reservada para los mejores.

Baptista tomó muchos riesgos y actúo pensando en grande para al fin ver su sueño cristalizado, dejando con ello una huella indeleble. Uno de sus mayores orgullos fue el poder disfrutar de las notas del Himno nacional en tierras lejanas.

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Juan Arias, el entrenador de Cañonero, fue conocido en el medio hípico venezolano a partir del gran triunfo, como el Derby Winner . Continúo entrenando puransangres hasta 1998. Se despidió al ganar la copa Hypocrite, con el último ejemplar presentado oficialmente: Preferido. Posteriormente trabajó como comisario en el hipódromo de La Rinconada, en Caracas.

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Por su parte, Gustavo Ávila, jinete conocido como el “monstruo”, ya tenía un nombre bien ganado en el hipismo de América antes de montar a Cañonero. Cinco años antes había ganado el Clásico del Caribe con Victoreado, un caballo nacido en Venezuela.

Aunque dudó en algún momento, Ávila tomó la mejor decisión al aceptar el compromiso que lo convertiría en el jinete de una leyenda del hipismo venezolano.

Y es que definitivamente la historia de Cañonero le valió al inolvidable potro y a todos los que participaron en el sueño de su triunfo, un lugar en el hipismo criollo y en lo afirmativo venezolano.

 

Con información de Anécdotas Hípicas, Triángulo Deportivo, El Universal y Últimas Noticias


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