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Lucila Palacios cimentó una vida alrededor de las letras

por Haiman El Troudi
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Lucila Palacios cimentó una vida alrededor de las letras

La escritora venezolana Lucila Palacios cimentó una vida alrededor de las letras. Quien fuera conocida al nacer como Mercedes Carvajal Montes, pasó a la literatura venezolana con un extraordinario seudónimo: Lucila, inspirado en el nombre original de la poetisa Gabriela Mistral, y Palacios, el apellido de la madre del Libertador. El significativo nombre identificaría a una de las expresiones más claras de la grandeza de las venezolanas.

Hija ilustre de Ciudad Bolívar, mujer de avanzada, en quien convivieron la luchadora social, que aspiraba a la transformación política, y la escritora apasionada.

Poetisa, ensayista, dramaturga y líder social, transformó sus vivencias en un prolífico legado literario de 12 novelas, cuentos, poesía y múltiples obras más. Por ello es reconocida como una destacada representante de las letras venezolanas del siglo XX.

Esta literata guayanesa extendió su hacer creador, honesto y leal a sus principios, más allá de su amada región, incursionando en campos que parecían destinados solo a los hombres, pues además fue política, constituyente, diplomática e incursionó en el periodismo.

Nacimiento accidental

Lucila Palacios cimentó una vida alrededor de las letras

El 8 de noviembre de 1902, Mercedes Carvajal Montes nació en Trinidad. Los avatares de la Revolución Libertadora determinaron su llegada al mundo en Puerto España y no en Ciudad Bolívar, donde habían echado raíces desde la gesta emancipadora sus ancestros, ilustres escritores, poetas, políticos y militares.

Al momento su nacimiento, Venezuela  atravesaba una época de profundos cambios sociales, políticos y económicos.

Su infancia transcurrió en una antigua casona de Ciudad Bolívar propiedad de su abuelo materno, el educador Ramón Isidro Montes. Desde pequeña estuvo rodeada por las letras de la extensa biblioteca de su abuelo, así como por la influencia cultural de su querido “papá Ramón”, tío materno, gran lector y poeta.

Positiva influencia masculina

Lucila Palacios cimentó una vida alrededor de las letras

Las zarzuelas, operetas y veladas literarias a las que las que asistió en compañía de su tío, los títulos de la biblioteca de su abuelo que disfrutó, los textos que leídos por su padre, el General Timoteo Carvajal, marcaron el sensible espíritu de Mercedes Carvajal Montes. La positiva influencia de las figuras masculinas que la acompañaron en una vida alrededor de las letras, fue determinante.

Asediada por constantes afecciones respiratorias permanecía en casa devorando libros. La niña Mercedes aprendió también música, pintura e incursionó en la escultura. Su imaginación se avivó con los relatos del padre sobre grandes personajes. “A medida que entraba en contacto con la vida, en mí se despertaba una curiosidad insaciable. Quería saberlo todo, ver, oír, comprender”, contó la escritora.

Las ideas avanzadas del General Carvajal, creyente de la incorporación de la mujer en la evolución de Venezuela y el mundo, sellaron su existencia. Su infancia fue compleja, reflexiva, formadora de conciencia. Su vida estuvo estrechamente relacionada con el acontecer político del país.

“¡Sigue tu vocación!”

Lucila Palacios cimentó una vida alrededor de las letras

“¡Yo quiero ser célebre!”, exclamó con entusiasmo a su padre. Desde los siete años sabía que tendría una vida dedicada a las letras. La impulsó, especialmente, una velada literaria organizada para celebrar el centenario del 19 de abril. Aseguró que tras escuchar esos poemas y rimas no podía dormir, pues vibraban en su interior. Y al día siguiente comenzó a escribir.

A pesar de los reproches de su esposa, Luisa Josefa Montes,  el general Carvajal escuchó con interés la primera estrofa de la pequeña Mercedes dedicada a su gato: “Yo tengo un Murrunguito/que busca en los rincones/que sale corriendito/y caza los ratones”.

Con la firme convicción de que las mujeres debían tener los mismos derechos, estimuló el interés de la pequeña en la literatura pues para él, no seguir su vocación era restar fuerzas al progreso y le aconsejó: “Cuando crezcas tienes que decidir tu vida. Y no vaciles, sigue tu vocación”.

Literatura social y rebelde

Lucila Palacios cimentó una vida alrededor de las letras

Lucila Palacios y Miguel Otero Silva. Fotografía de Edmundo Gordo Pérez. Archivo El Nacional.

Siguiendo su vocación, esta valiente mujer construyó una vida alrededor de las letras, convirtiéndose en una prolífica productora de una literatura social sin perder la vena lírica, de acuerdo a sus propias palabras.

Novelas, cuentos, relatos breves, leyendas, obras de teatro, discursos, biografías y su auto biografía, forman parte de su inventario de obras de Lucila Palacios.

Esta recatada provinciana, criada en un severo ambiente, usó la rebeldía de su imaginación para testimoniar ambientes, hechos, personajes y su identidad ideológica, revelando la lucha de la mujer enfrentada a las restricciones sociales de la Venezuela de aquel entonces.

El amor avivó la llama

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A los 14 años Mercedes conoció el amor. Era una joven de frágil figura, rostro dulce, cabellos castaños, sonrisa sincera y soñadores ojos pardos. Seis años después contrajo nupcias con Carlos Arocha Rodríguez, oriundo de Villa de Cura, estado Aragua, diez años mayor que ella.

En ese tiempo pierde a su mayor confidente y cómplice, su padre. La campestre luna de miel en las afueras de su Ciudad Bolívar inspira el soneto “Poema nupcial”. Luego, el trabajo de su esposo como agente viajero creó en ella un vacío que logró “mitigar con versos, versos y más versos”.

Arocha seguiría dándole el impulso que su padre le había dado, pues fue el primer admirador de su obra, su “insustituible primer lector (…) un gran compañero, a quien debo parte de lo que soy, porque supo comprender y estimular mis actividades literarias y políticas”. Con él formó un hogar basado en el amor y el respeto, junto a cuatro hijos.

En 1931 un viaje con su esposo a Tucupido, estado Guárico, enriqueció su imaginación. Seguía viviendo una vida alrededor de las letras. Con personajes inspirados por el pintoresco pueblo inició “Cuento criollo”, e incluso leía sus escritos en la plaza a sus vecinos, quienes le pedían publicarlos. Esa experiencia la llevó a buscar un seudónimo. Así llegó Lucila Palacios, rindiendo homenaje a la poetisa chilena Gabriela Mistral y a la madre del Libertador.

Al servicio de la Patria

Lucila Palacios cimentó una vida alrededor de las letras

Foto Archivo de El Nacional

El encarcelamiento repentino de su esposo, debido a la supuesta participación en un complot contra Juan Vicente Gómez, marcó una época de estrechez económica que trajo profundos cambios en su visión del mundo. La luchadora social que aspiraba a la transformación política, comenzaba a convivir con la escritora apasionada.

De esta época data su actuación como líder de movimientos cívicos guayaneses. En 1936, con la bandera de los derechos políticos de la mujer, fundó en Caracas la Junta Patriótica Femenina. “Sin duda que, en nosotras, las mujeres de Venezuela, ha habido siempre un espíritu batallador. Puede haberse adormecido a causa de los prejuicios y de las tareas absorbentes del hogar, pero reaparece en el momento preciso”,  aseguró entonces.

Además de escritora, esta extraordinaria venezolana fue una luchadora social. Por ello fue electa representante del estado Bolívar en la Asamblea Nacional Constituyente de 1947, y senadora por el Distrito Federal entre 1948 y 1952. Pero después del golpe contra el recién electo presidente Rómulo Gallegos, pasó a perseguida política. Desde esta posición militó en las actividades de resistencia civil. Se desempeñó como embajadora de Venezuela en Uruguay entre 1959 y 1969.

Los reconocimientos

Lucila Palacios cimentó una vida alrededor de las letras

Fue incluida como Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de las Letras de Montevideo. En 1981, Venezuela la eligió como Individuo de Número de la Academia Venezolana de la Lengua, la primera mujer en obtener esa posición; y en 1982 fue nombrada Miembro Correspondiente de la Real Academia Española.

Entre los muchos reconocimientos que recibió Lucila Palacios destacan el Premio en el IV Concurso de la Asociación Cultural Latinoamericana y Premio Municipal de Teatro para niños, ambos en 1943. Gracias a su constancia literaria ganó, en 1949, el Premio “Arístides Rojas” por su novela “El corcel de las crines albas”.

Obtuvo también la Orden del Libertador en el grado de Gran Cordón (1967); Mujer de Venezuela, por la Unión Americana de Mujeres, Capítulo Venezuela (1971); Ordenes Andrés Bello (1978), Francisco de Miranda (1978) y Manuel Piar (1986). En 1969 fue declarada Hija Ilustre de Ciudad Bolívar.

El Círculo de Escritores de Venezuela creó en 1991, el “Premio Lucila Palacios” para reconocer al escritor del año. Varias instituciones educativas llevan con orgullo el nombre de esta ilustre venezolana.

La Biblioteca Nacional guarda la colección Lucila Palacios, en la cual se encuentran los manuscritos, discursos, fotografías y otros documentos de una vida alrededor de las letras.

Legado literario

Lucila Palacios cimentó una vida alrededor de las letras

En palabras del poeta Juan Liscano, Lucila Palacios era una escritora “de impulso reformista y sensibilidad política”, sello que plasmó en los distintos géneros literarios en los cuales incursionó.

Su primera novela “Los buzos”, publicada en 1937, refleja la rebeldía interior que la motivó a despertar la conciencia en la mujer sobre su propio valor y el derecho a la independencia de ideas. Esta obra ganó la Mención Honorífica en el Concurso Permanente de Libros Americanos en Matanzas, Cuba,  en 1938.

Estrenó, en la década de 1940, las siguientes obras teatrales de contenido infantil y poético: “Orquídeas azules”, (1941) ambientada en las míticas leyendas de Guayana; “La gran serpiente” (1943) basada en elementos de la naturaleza y personajes indígenas; “Cuento de las riberas del Yuruari”, inspirada en el origen mítico del nombre de la población de El Callao; “Juan se durmió en la torre”, pieza que ganó el Premio Municipal del Teatro Infantil; y en 1965 “Una estrella en el río”.

“Trozos de vida”, libro de cuentos y relatos costumbristas, rurales y citadinos salió a la luz pública en 1941. Le siguieron “Mundo en miniatura” (1955), “Ayer violento” (1965), “Cinco cuentos del Sur” (1972) y “Cristal de aumento” (1982).

Su tercera novela, “Tres palabras y una mujer” (1944) causó revuelo por la audacia de abordar el sometimiento de la mujer a las imposiciones de la sociedad. Esta obra fue galardonada con el Premio Literario de la Asociación Cultural Interamericana de Caracas.

Escritora en todos los espacios

La imagen inclemente de la violencia primitiva y el trato inhumano hacia la mujer en El Callao quedó evidenciada  en su obra “Cubil” (1951). Luego vendría  “El día de Caín”, novela publicada en 1958, a dos meses del derrocamiento de la dictadura y con la cual obtuvo Lucila Palacios obtuvo el Premio Nacional de Literatura en 1959.

También forman parte de su producción literaria las novelas “Rebeldía” (1940), “Tiempo de siega” (Madrid 1960), “Signos en el tiempo” (México 1969) y “Látigo” (1983). Los cuentos “El bazar de Venus” y “Trozos de vida” (1942); “Poemas de noche y de silencio” (Montevideo 1964), Los estudios breves “Cuartillas cívicas” (Montevideo 1968) y “Dos hombres y un mundo mágico” (1977). En su inventario está una biografía de Teresa Carreño y el discurso que escribió a propósito del traslado de la compositora al Panteón Nacional.

Lucila Palacios también incursionó en el periodismo, colaborando en medios de Venezuela y Uruguay. Su nombre quedó plasmado en las páginas de periódicos ambos países, así como en la “Revista Nacional de Cultura”, “Arte y Libros”, “Ellas”, “Kelenda” y “El Alba”.  También produjo la serie para niños“La caja de juguetes” para Radio Caracas Radio (1939).

Se mantuvo productiva hasta una edad muy avanzada. La insigne escritora falleció en Caracas, el 31 de agosto de 1994.

 

Nací con vocación de servicio, con vocación literaria y sensibilidad humana, y los he puesto a la orden de mi país.

Lucila Palacios

 

Con información de Ministerio para la Cultura, Lucila Palacios Blog y AVN


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