La brisa del mar Caribe trae consigo el olor a sal, a pescado fresco y los sonidos de una expresión cultural arraigada en el alma de los neoespartanos desde hace siglos: El galerón margariteño.
Más que un género musical, con una gran relevancia dentro del acervo cultural del Oriente de Venezuela, es la crónica viva, la memoria colectiva y el latido poético de los habitantes de esa región del país. Un canto que entrelaza la devoción religiosa con la picardía popular de una tierra que lleva la música en sus venas.

Declarado Bien de Interés Cultural (2005), certificado oficialmente como Patrimonio Cultural Inmaterial de Venezuela, el galerón margariteño se caracteriza por un ritmo lento con acompañamiento de cuatro, guitarra, bandolín y/o bandola oriental. Este último instrumento es importante pues marca el ritmo característico de este género, “con interludios que van en contrapunto con el canto”, como lo señala Alberto “Beto” Valderrama Patiño, interprete y compositor, reconocido por su dominio de la bandola oriental en la interpretación del galerón.
Para el maestro Valderrama, quien fue declarado Patrimonio Cultural Viviente del estado Nueva Esparta “la identidad musical del neoespartano está en cada uno de los individuos que integran el ámbito insular, en su forma de ser, su dialecto, su gracia, su humorismo, su posición al mantener, a través del canto, la unión entre familiares y amigos. Es historia y leyenda oral o escrita, es la estirpe colectiva, que en cada pueblo tiene originalidad”.
El origen del galerón margariteño
Las raíces de esta manifestación musical se remontan a la época colonial española en las postrimerías del siglo XVI y los inicios del XVII. El término “galerón” aparece oficialmente el 29 de noviembre de 1625, cuando el rey Felipe IV decreta una fiesta en todos sus reinos para celebrar la llegada a Cádiz de la armada de galeones que transportaban desde las Indias grandes riquezas en oro, plata y perlas, evadiendo el acoso de piratas ingleses.
Así lo señala el sociólogo e investigador de los cantos folklóricos y galeronista desde los 16 años, Jesús Bellorín, llamado “El Pollo de Nueva Esparta”, quien explica que con la llegada de los colonos provenientes del sur de España – una región rica en coplas y poesía – desembarcó también la guitarra, el laúd conocido es esa época como “vihuelas de Flandes” y la décima.
Mientras que en otras regiones del continente la décima tomó rumbos diferentes – como el punto guajiro en Cuba o la trova en Puerto Rico -, en Margarita se transformó en un canto pausado, solemne y reflexivo, ideal para narrar las penurias del mar, la historia patria, la geografía local y los misterios divinos.
Las características de un canto que navega sobre diez versos
Musicalmente, este género se caracteriza por poseer un ritmo lento y un compás de 3/4 o 6/8 que se ejecuta bajo una estructura armónica constante de tónica, subdominante y dominante. A diferencia del frenesí del joropo, el galerón es un espacio para escuchar. La música no busca opacar al intérprete; funciona como un tapiz o fondo melódico sobre el cual el cantante despliega su voz con libertad.
La columna vertebral del galerón es la décima espinela, una estructura poética de diez versos octasílabos (de ocho sílabas métricas) que debe su nombre al poeta español Vicente Espinel, quien la perfeccionó.
El galeronista debe dominar con precisión milimétrica la rima consonante del esquema clásico: el primer verso debe rimar con el cuarto y el quinto; el segundo con el tercero; el sexto con el séptimo y el décimo; y el octavo con el noveno. Esta rigurosa arquitectura matemática de la palabra exige del cantor una agilidad mental asombrosa, especialmente cuando se trata de improvisar frente al público. El esquema de rima es a b b a a c c d d c. Un ejemplo:
(a) El esquema en Venezuela (b) Que más se ha utilizado (b) Por Espinel fue inventado (a) Y se le llama Espinela (a) La perfección se revela (c) Con firmeza y elegante (c) Su octosílabo constante (d) Su inicio en la redondilla (d) Y la belleza que brilla (c) En su rima consonante
Al compás de las cuerdas

El sonido característico del oriente venezolano se distingue por la dulzura y el protagonismo de las cuerdas líricas. En el galerón de Nueva Esparta, la instrumentación base la componen:
Cuatro venezolano. El motor rítmico y armónico que marca el compás.
Guitarra acústica. Encargada de dar cuerpo, profundidad y los bajos al acompañamiento.
Bandola oriental y la madolina. Instrumentos líderes. Ejecutan los interludios melódicos o “paseos” entre una décima y otra, entablando un diálogo directo y nostálgico con la voz del galeronista.
A diferencia del galerón llanero, que suele acompañarse con arpa, cuatro y maracas, el formato oriental es puramente de cuerdas, lo que le otorga esa sonoridad íntima y envolvente que evoca la nostalgia del pescador.
El contrapunteo: un duelo de ingenio poético

José Ramón Villarroel Marín “El Hijo del Huracán” fue un reconocido galenorista, compositor e interprete, popularmente llamado Monguito. Era hijo primogénito del legendario cantautor y figura insigne del galerón oriental, José Ramón Villarroel, conocido como “El Huracán del Caribe”.
El contrapunteo es la esencia misma del galerón margariteño. Esta modalidad consiste en la improvisación de décimas entre dos o más cantores, quienes se enfrentan en una disputa poética donde demuestran su agilidad mental, cultura y dominio del verso
La regla de oro en el contrapunteo es la continuidad: el galeronista que responde debe recoger la idea del contrincante, mantener el hilo temático y cerrar su décima de forma contundente sin perder la métrica ni la rima consonante.
Es un espectáculo de agilidad mental donde la picardía oriental sale a flote, pero donde el insulto grosero está prohibido; se vence con elegancia, conocimiento y humor.
Los galeronistas son conocidos por sus nombres a lo que se añade su mote artístico. El público presente aplaude a sus preferidos y generalmente los decimistas margariteños gozan del favoritismo cuando les toca enfrentarse a sus pares de tierra firme.
Exponentes más representativos del galerón margariteño
A lo largo de las décadas, distintos pueblos y comunidades del estado Nueva Esparta han parido voces extraordinarias que se convirtieron en leyendas del galerón margariteño. Entre sus referentes históricos está José Elías “Chelías” Villarroel (“El Decano del Folklore de Nueva Esparta”), Premio de Cultura 2012 y Patrimonio Cultural Viviente de su tierra natal, quien falleció en agostos de 2025 a los 102 años.
También José Ramón González (“El Hombre del Galerón” o “El Cardonero”), Patrimonio Cultural Viviente de Nueva Esparta; José Ramón Villarroel (“El Huracán del Caribe”); considerado el más notorio improvisador de décimas del Oriente venezolano. Cada 31 de mayo se celebra el Día del Galerón en homenaje a su nacimiento. Fue precursor de las escuelas de cantos tradicionales en Nueva Esparta.
Otros que integran el grupo de los decanos de este género son: Hernán José Malaver (“El Tacarigüero”), compañero de canto del “Huracán del Caribe” junto a quien fundó la primera escuela de cantos tradicionales de la Isla de Margarita, y José Ramón Villarroel Marín (“El Hijo del Huracán”), cantautor también conocido cariñosamente como «Monguito». Era el primogénito del legendario cantautor José Ramón Villarroel.
Otros exponentes destacados incluyen a Dalmiro Malaver Quijada “La Culebrita de Oriente”; Renato José Marín “El Choro Choro Marín”; Luis Marín “El Rayo de Margarita”; Francisco Jiménez “El Remolino de Oriente”, Ángel Marino Ramírez “El Estudiante de Oriente”, y los actuales galeronistas Ernesto Da Silva “El Ciclón de Margarita”, José Ágreda “El Vengador del Serafín” y Anacar Quijada Cardona “La Hija de Las Musas”.
Con información de Otilca Radio, Otilca Radio I, Otilca Radio II, Sol de Margarita I, Sol de Margarita II, Festival D’Canto
Biblioteca Digital de Historia y Literatura Neoespartana: Guía Didáctica para el Conocimiento y Aprendizaje del Galerón y Otros Cantos Tradicionales (Jesús Bellorín)
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