El Atlántico Norte se ha convertido en el epicentro de un hallazgo científico inquietante: 27 millones de toneladas métricas de nanoplásticos flotan en los primeros metros de la superficie de esa zona del océano.
Así lo revela un estudio exhaustivo realizado por el Real Instituto Neerlandés de Investigación Marina (NIOZ) y la Universidad de Utrecht. Los resultados de la investigación se publicaron, el pasado 9 de julio, en la revista científica Nature.
“Esta estimación muestra que hay más plástico en forma de nanopartículas flotando en esta parte del océano que en microplásticos o macroplásticos de mayor tamaño en el Atlántico o incluso en todos los océanos del mundo”, señaló Helge Niemann, investigador del NIOZ, profesor de geoquímica de la Universidad de Utrecht y uno de los autores del artículo de Nature.
¿Qué son los nanopláticos? Mil veces más pequeñas que un cabello humano, estas diminutas partículas plásticas, tienen dimensiones que oscilan entre 1 y 1.000 nanómetros. Se originan por la fragmentación de residuos plásticos más grandes sometidos a la acción conjunta de la luz solar, las olas y los cambios de temperatura.
La paradoja del plástico desaparecido

Por primera vez, la ciencia logra cuantificar la presencia de plásticos menores de una micra, desvelando su abrumadora cantidad y ubicuidad. Hasta ahora los estudios se habían centrado en macropláticos (botellas, bolsas, artes de pesca) y microplásticos (fragmentos de hasta 5mm) que, si bien resultan visibles, representan solo una fracción del total de desechos.
“Algunas publicaciones mostraban la presencia de nanoplásticos en el agua del océano, pero hasta ahora no se había podido estimar la cantidad”. Esta primera estimación fue posible gracias a la unión de esfuerzos de oceanólogos y al conocimiento del atmosférico del instigador de la Universidad de Utrecht, Dusân Materic, de acuerdo a lo expresado por Niemann.
El hallazgo ayuda a resolver la llamada “paradoja del plástico desaparecido”. Si bien durante décadas se ha reportado que sólo una fracción del plástico producido llega a localizarse flotando en los océanos, el resto parecía esfumarse misteriosamente. El nuevo estudio revela que esas toneladas ausentes en realidad flotan de manera invisible, en forma de nanoplásticos.
Para los investigadores, 27 millones de toneladas de nanoplásticos, cifra que obtuvieron al extrapolar los resultados de diferentes lugares a todo el Océano Atlántico Norte, es “una cantidad impactante”. Al respecto, Sophie ten Hietbrink opina que “con esto tenemos una respuesta importante a la paradoja del plástico desaparecido”. Hasta ahora, no se había podido recuperar todo el plástico producido en el mundo. Por lo tanto, resulta que una gran parte flota ahora en el agua en forma de partículas diminutas.
¿Cómo estimaron la cifra de nanoplásticos del Atlántico Norte?

La clave del hallazgo fue una tecnología pionera diseñada por el químico Dušan Materić, basada en espectrometría de masas por transferencia de protones (TD-PTR-MS) y desorción térmica. Este método permite identificar la “huella química” de cada plástico al exponerlo al calor, rastreando hasta los fragmentos más pequeños y elusivos.
Para este estudio, la estudiante de maestría de Utrecht, Sophie Ten Hietbrink, trabajó durante cuatro semanas a bordo del buque de investigación RV Pelagia. Tomó muestras de agua, recolectando agua a diversas profundidades (desde los primeros 10 metros hasta más de 4.500 metros bajo la superficie), en 12 puntos desde las Azores hasta la plataforma continental europea, donde filtró cualquier muestra de tamaño superior a un micrómetro.

“Al secar y calentar el material restante, pudimos medir las moléculas características de diferentes tipos de plásticos en el laboratorio de Utrecht mediante espectrometría de masas”, explicó Ten Hietbrink.
Se detectaron principalmente nanopartículas de tereftalato de polietileno (PET), cloruro de polivinilo (PVC) y poliestireno (PS), comúnmente utilizados en botellas, vasos y películas de plástico, en todas las muestras desde la superficie hasta más de 4.500 metros de profundidad. Pero se sorprendieron por la ausencia de nanoplásticos de polietileno (PE) y polipropileno (PP), dos de los polímeros más comúnmente usados en envases y embalajes. Esto obedecería a mecanismos de sedimentación acelerada o enmascarados por otras moléculas.
Omnipresencia de nanoplásticos y el impacto en la vida marina y humana
Los investigadores de nanoplásticos llegan al océano Norte a través de los ríos y la atmósfera: la lluvia arrastra polvo y partículas plásticas desde la tierra, mientras que los ríos depositan residuos industriales y urbanos, especialmente en las desembocaduras. Los llamados giros oceánicos, donde las corrientes forman grandes remolinos, funcionan como trampas que acumulan y fragmentan los residuos plásticos hasta su mínima expresión.
Más inquietante aún, estos contaminantes han sido encontrados en todas las profundidades, desde la superficie hasta el lecho marino, demostrando su capacidad de dispersión global.

Las estaciones 1 a 5 se ubican en el NASG (giro), las estaciones 6 a 9 están en mar abierto (es decir, profundidad del agua ≥ 200 m; giro exterior) entre la plataforma y el NASG, y las estaciones 10 a 12 están en la plataforma europea (profundidad del agua por debajo de 200 m; costero). La extensión del NASG (Figs. 5 y 6 de Datos Extendidos) está resaltada en naranja, y la parte restante del Atlántico Norte abierto, de subtropical a templado (8° N a 55° N), está resaltada en azul. Los datos batimétricos se recopilaron de las bases de datos de libre acceso de GEBCO (https://www.gebco.net/) y EMODnet (https://emodnet.ec.europa.eu/en), y el mapa se creó con el paquete de software Global Mapper.
Por su diminuto tamaño, los nanoplásticos no se comportan como los plásticos convencionales: pueden ser transportados largas distancias por el viento, mezclarse con otros compuestos tóxicos e ingresar fácilmente en los organismos. Estudios preliminares sugieren que pueden atravesar barreras biológicas, como los intestinos de peces y otros animales marinos, llegando incluso a órganos y tejidos, donde causan inflamación y estrés oxidativo. Sobre sus efectos a largo plazo en la salud humana, la ciencia apenas comienza a buscar respuestas.
“Los nanoplásticos que están ahí nunca podrán limpiarse. Por lo tanto, un mensaje importante de esta investigación es que, al menos, deberíamos prevenir una mayor contaminación de nuestro medio ambiente con plásticos”.
Un desafío urgente y global

Estos hallazgos subrayan que el problema de la contaminación plástica es aún más grave y complejo de lo hasta ahora estimado. Las legislaciones y estrategias de limpieza actuales apenas abordan la superficie: mientras los microplásticos y macroplásticos son visibles, los nanoplásticos requieren nuevas regulaciones, así como tecnologías para su evaluación y mitigación.
La información aportada por el estudio, publicado en la revista Nature, constituye un llamado de alerta a la comunidad internacional. Es urgente adoptar estrategias de reducción de plásticos desde la producción hasta el reciclaje, fortalecer la investigación sobre nanomateriales y desarrollar innovaciones para monitorear estos contaminantes emergentes.
Las consecuencias de todos esos nanoplásticos en el agua podrían ser fundamentales, enfatiza Niemann. “Ya se sabe que los nanoplásticos pueden penetrar profundamente en nuestros cuerpos. Incluso se encuentran en el tejido cerebral. Ahora que sabemos que son tan omnipresentes en los océanos, también es obvio que penetran en todo el ecosistema: desde bacterias y otros microorganismos hasta peces y grandes depredadores como los humanos. Es necesario investigar más a fondo cómo afecta esa contaminación al ecosistema”.

Niemann y sus colegas quieren seguir investigando, por ejemplo, los diferentes tipos de plásticos que aún no se han encontrado en fracciones de 1 micrómetro o menores. “Por ejemplo, no hemos encontrado polietileno ni polipropileno entre los nanoplásticos. Es posible que estos estuvieran enmascarados por otras moléculas en el estudio. También queremos saber si los nanoplásticos son tan abundantes en los demás océanos. Es de temer que así sea, pero aún está por demostrar”.
Empezar a tomar medidas será crucial para evitar que el océano – fuente de vida, alimento y clima – se hunda bajo una marea de plástico que no podemos ver, pero sí sentir en sus consecuencias.
Con información de Nature, Real Instituto Neerlandés de Investigación Marina, Universidad de Utrecht y Levante
Fotos e imagen de Nature y Real Instituto Neerlandés de Investigación Marina
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