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Vicente Gerbasi concibió la poesía como un ejercicio trascendental del alma

por Haiman El Troudi
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Vicente Gerbasi concibió la poesía como un ejercicio trascendental del alma

Vicente Gerbasi concibió la poesía como “un ejercicio trascendental del alma expresado mediante el lenguaje”, perspectiva que transforma la escritura en una forma tanto de conocimiento interior como de relación con la naturaleza, la memoria y lo infinito.

“La poesía es una ecuación estética en la que van implícitas una gran carga vivencial y poderosas ráfagas de intuición creadora. No cabe duda que en la solución de esta ecuación, contribuye la sensibilidad. En ésta radica la posibilidad de ser poeta”, reflexionó quien es reconocido como una figura central de la modernidad poética venezolana, durante el acto en el que fue incorporado a la Academia Venezolana de la Lengua, como Individuo de Número.

 

Gerbasi, uno de los pilares fundamentales de la poesía venezolana del siglo XX, quien también destacó como político, diplomático y periodista advirtió que no obstante “la sensibilidad por sí sola no basta”, por lo que exaltó la necesidad de “ahondarla, depurarla, impregnarla de entusiasmo creador” mediante el trabajo.

Canoabo fue la matriz primordial de su sensibilidad poética

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Casa natal de Vicente Gerbasi, Canoabo, estado Carabobo.

El 02 de junio de 1913 nació Vicente Gerbasi Pifano en Canoabo, un pequeño pueblo del estado Carabobo inmerso en los imponentes espacios de la selva nublada local, señalado como la matriz primordial tanto de su sensibilidad poética como de su conciencia ecológica.

Su familia estaba conformada por padres italianos, Juan Bautista Gerbasi Vita y Ana María Federico Pifano, emigrantes italianos que huyeron de una Europa convulsa en busca de mejores oportunidades económicas, y que fueron acogidos por Venezuela a principios del siglo XX.  Ambos eran oriundos de Vibonati, una aldea vinatera situada en la provincia de Salerno, en la región de Campania.

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La “gran carga vivencial” de la inmigración, el desarraigo y la reconstrucción de la identidad en tierras tropicales se convirtió en el eje central de la obra cumbre de Vicente Gerbasi, Mi padre, el inmigrante (1945), poema que eleva la vivencia familiar a la categoría de mito universal.

Vicente Gerbasi concibió la poesía como un ejercicio trascendental del alma

De derecha a izquierda Juan Bautista Gerbasi con Vicente, Ana María Federico de Gerbasi con Ketty en brasos. Modesta. Canoabo, estado Carabobo 1917.

Gerbasi contrajo matrimonio con Consuelo Orta (su compañera desde 1931), pilar fundamental en su vida personal a quien llamó un bello escándalo. Con ella concibió a su tres hijos, Beatriz, Fernando y Gonzalo. Al enviudar, le dedicó conmovedoras elegías (composición lírica que expresa dolor por la pérdida de un ser querido) en sus últimos libros: Diamante fúnebre (1991) y Los oriundos del paraíso (1994).  Otra evidencia de lo que la profunda densidad vivencial era para su poesía.

Reuniones literarias en la casa de José Antonio Calcaño

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Reunión del Grupo Viernes

Don Juan Bautista Gerbasi murió en Canoabo y un muy joven Vicente regresó de Italia donde estudiaba. Ya en Valencia, trabajó como oficinista en una agencia bancaria, traductor de cables de agencias noticiosas, secretario del sindicato de tranviarios y redactor del diario Ahora.

Pero en sus ratos libres viajaba a Caracas, donde comenzó a frecuentar la tertulia de los sábados en la casa del poeta Jacinto Fombona Pachano y las reuniones literarias en la casa de José Antonio Calcaño.

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Vicente Gerbasi con Nicolás Guillén, Rolando Anzola y Oscar Rojas Jiménez. México DF 1937.

En 1938, aquella tertulia dio origen al grupo Viernes (día en que se reunían en un bar de la vieja Caracas), experiencia que significó para él una profunda inmersión en el universo de la poesía. Años más tarde, Vicente Gerbasi recordaría que “el grupo Viernes era, prácticamente, un seminario de poesía”. Sus integrantes proponían una poesía universal, simbólica y con matices surrealistas, pero firmemente arraigada en la realidad americana.

Gerbasi fue un teórico clave de este movimiento, argumentando que la poesía venezolana debía zafarse del “parroquianismo” para alcanzar una dimensión universal, sin perder por ello su esencia telúrica.

La poesía no le llegó con facilidad

De temperamento muy modesto, Vicente Gerbasi solía admitir que la poesía no llegó a él con facilidad. Decía que antes de asumir plenamente su vocación tuvo que dedicar mucho tiempo a leer versos y a conversar sobre el tema con amigos poetas, porque su formación italiana le había dejado la conciencia de no contar todavía con las herramientas suficientes para enfrentarse a la poesía en lengua española.

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En ese recorrido fue decisiva su cercanía al grupo Viernes, experiencia que marcaría de manera profunda su formación literaria. Ese Gerbasi que con el tiempo se volvería un auténtico “viernista” recibió además una parte importante de su aprendizaje de los escritores venezolanos de la generación del 18, así como de lecturas fundamentales de Antonio Machado y Juan Larrea.

También influyeron en su evolución poética, obras de figuras centrales de la generación del 27 como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Pedro Salinas, Jorge Guillén, Luis Cernuda y Miguel Hernández, entre otros.

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Desde su ópera prima, Vigilia del náufrago (1937), donde ya se percibía el impacto de la Guerra Civil Española, hasta la consagración con Mi padre, el inmigrante (1945), Gerbasi demostró una capacidad única para fusionar lo íntimo con lo colectivo.

El intelectual no podía permanecer al margen de los destinos de su nación

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Presentación de Cartas Credenciales como Embajador Extraordinario y Plenopotenciario de Venezuela en Dinamarca, junio de 1964.

La trayectoria de Vicente Gerbasi no puede desligarse de su profundo compromiso con la construcción institucional de Venezuela. Su activismo político comenzó temprano: en 1937, fundó el Partido Democrático Popular (PDP). Este gesto reflejaba su convicción de que el intelectual no podía permanecer al margen de los destinos de su nación.

Gerbasi desarrolló una extensa y distinguida carrera diplomática. Representó a Venezuela durante largos años en diversas misiones en América, Europa y Asia, utilizando su cargo no solo como un ejercicio protocolar, sino como una plataforma para la promoción de los derechos humanos y el intercambio cultural.

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Ana Maria Federico de Gerbasi y su esposa Consuelo Orta de Gerbasi.

Sin embargo, su carrera sufrió una interrupción forzosa tras el golpe militar contra el gobierno democrático de Rómulo Gallegos, en 1948. Vicente Gerbasi renunció a su carrera diplomática y se integró a la resistencia clandestina contra la naciente dictadura. En 1949, fundó junto al poeta Juan Sánchez Peláez la revista El perfil y la noche, una publicación que fue inmediatamente prohibida y censurada por el gobierno de Marcos Pérez Jiménez.

El poeta pudo retomar su labor diplomática en 1958. Su paso por embajadas y consejerías culturales dejó una huella imborrable, fortaleciendo los lazos entre Venezuela y países como Italia, Bélgica y Ecuador, consolidando su imagen como un embajador de la cultura venezolana en el mundo.

Una de las más extensas producciones de la poesía venezolana del siglo XX

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Vicente Gerbasi y Gabriel García Márquez

Paralelo a la experiencia diplomática de Vicente Gerbasi, suficiente por sí sola para cualquier ser humano, se desplegó su producción poética, una de las más extensas de la poesía venezolana del siglo XX. Su obra incluye al menos 16 libros, media docena de antologías y algunas incursiones en la prosa, entre las que destaca de manera especial Creación y símbolo (1942).

La ya mencionada obra que lo consagró como un creador original, Mi padre, el inmigrante (1945), es un extenso poema elegíaco compuesto por treinta cantos, donde se entrelazan el paisaje italiano y el americano, el viaje del padre y el suyo propio, así como la recuperación de la memoria infantil a través de la figura del padre inmigrante.

Durante la década de 1950 publicó los textos que consolidaron su prestigio como poeta de la naturaleza tropical: Los espacios cálidos (1952), Tirano de sombra y fuego (1955) y Por arte de sol (1958). Estas obras afianzaron su lugar dentro de la lírica venezolana por su fuerza imagística (uso, de imágenes, metáforas y representaciones visuales o sensoriales), y su íntima relación con el trópico.

Poesía de Vicente Gerbasi se caracteriza por una “pasión telúrica”

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Premio Municipal de Poesía en 1944.

Desde una perspectiva estética, la poesía de Gerbasi se caracteriza por lo que la crítica ha denominado una “pasión telúrica”, vale decir, una conexión visceral y profunda con la tierra, el paisaje, los elementos naturales y las raíces de la identidad.

Además fue un precursor del “realismo mágico” en la lírica venezolana; de hecho, él mismo reflexionó sobre cómo el trópico poseía una lógica surrealista propia, una idea que compartía con escritores como Alejo Carpentier.

En sus últimos poemarios, como El solitario viento de las hojas (1989) e Iniciación a la intemperie (1990), Vicente Gerbasi alcanzó una depuración estilística notable. Abandonó los versos largos y retóricos para abrazar el verso libre corto, con una economía del lenguaje que evoca la sencillez y la precisión del haikú (poema breve de origen japonés), logrando que la naturaleza y el tiempo se fundan en una experiencia metafísica y serena.

A lo largo de su vida su obra fue ampliamente reconocida. Obtuvo el Premio Municipal de Poesía en 1944 por Liras; el Premio Nacional de Literatura en 1969 por Poesías de viaje (1968); y el Premio CONAC en 1982 por Las edades perdidas. Además, en 1988 fue galardonado con el Premio Bienal de Humanidades Úslar Pietri.

Periodista y ensayista de primera categoría

Vicente Gerbasi concibió la poesía como un ejercicio trascendental del alma

Oscar Guaramato, Vicente Gerbasi, Héctor Mujica y Humberto Bártoli. Caracas 1940.

Aunque su fama descansa principalmente en su lírica, Vicente Gerbasi fue un periodista y ensayista de primera categoría. Su labor en el periodismo cultural venezolano fue estructurante. Durante ocho años ininterrumpidos (1939 – 1946) se desempeñó como redactor de la Revista Nacional de Cultura, una de las publicaciones más importantes del país, cuya dirección asumió a partir de 1971.

El enfoque periodístico de Gerbasi se alejaba del simple comentario de actualidad. Sus artículos y reseñas bibliográficas eran, en realidad, profundos ensayos valorativos que contribuían a la formación del criterio literario en Venezuela. Escribió con agudeza sobre figuras como Paul Valéry, Fernando Paz Castillo, Ida Gramcko y Juan Liscano, siempre con una perspectiva que buscaba conectar la obra con su contexto histórico y filosófico.

Como ensayista, recopiló sus reflexiones teóricas en volúmenes fundamentales como Creación y símbolo (1942) y La rama del relámpago (1953), textos en los que sostuvo que la autenticidad es el mayor problema del poeta: “Un poema sólo es auténtico y es bueno cuando antes de ser escrito ha existido en el alma del poeta”, señaló. Vicente Gerbasi murió en Caracas, el 28 de diciembre de 1992.

 

Con información de El Perro y la Rana, Círculo de Escritores de Venezuela, Biografías y Vidas, Vicente Gerbasi y Agencia Venezolana de Noticias

Fotos cortesía de Vicente Gerbasi (Página Web), Wikipedia, Canoabo Turístico, Fundación Pedro Grases y Radio Mundial


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