Cuando el fantasma del cambio climático y la crisis civilizatoria aún no se cernían sobre el planeta Tierra, el visionario científico venezolano, Ibrahim López García, promovió el uso de la energía electromagnética en sustitución de la energía por combustión, y patentó un motor eléctrico de disco capaz de hacer funcionar a una aeronave que bautizó como el Giróscopo.
“De llegarse a extender este tipo de motores para el hogar, la industria y la navegación aérea, tendríamos un planeta sin contaminación sónica, química o nuclear”, destacó López García sobre el invento que data de la década de los años 70 del siglo XX.

El legado de este pionero en el desarrollo de sistemas energéticos sostenibles trasciende la ingeniería. Su visión defendía que el verdadero progreso se alcanza mediante la armonización de la ciencia y la naturaleza. Además, como académico puso un énfasis especial en la necesidad de una educación y una ciencia propias, vistas desde dentro y no desde fuera, con profundo amor al pueblo.
Labor científica por un cambio de modelo para la producción energética

Ibrahim López García orientó su labor científica a la promoción de un cambio de modelo para la producción de energía mediante el cual la “civilización del fuego”, basada en el uso de combustibles fósiles, dé paso a una nueva civilización en la que la energía fría y cósmica del electromagnetismo, cuya fuente es el sol, ocupe un lugar central.
De esta manera el modelo que ha llevado al planeta a un punto crítico de contaminación y calentamiento global, contaría con la prometedora alternativa de una fuerza fundamental de la naturaleza, del universo, que puede ser aprovechada por toda la humanidad, sin empresas intermediarias.

Como muestra, el innovador produjo un motor eléctrico de disco con fuerzas magnéticas muy alejadas del eje del giro, capaz de mover el denominado Giróscopo (1970), vehículo en forma de trompo que podría revolucionar los medios de transporte, las formas de producción y almacenamiento de energía; probado con éxito, de acuerdo participantes en la experiencia.
Este invento le granjeó la oposición de la comunidad científica y las grandes empresas transnacionales. Además, fue segregado de los circuitos académicos universitarios venezolanos por sus ideas y posturas ideológicas orientadas, entre otras, a romper con la cultura científica dominante en la institucionalidad universitaria.
Al traste con la dependencia tecnológica

Para Ibrahim López García “solamente la combinación de la teoría con el laboratorio artificial o natural dará al traste, a la larga, con nuestra dependencia tecnológica y generará una verdadera tecnología autóctona”. En sus escritos también califica como “profundamente subversiva” a la práctica científica que genera tecnología autóctona.
A su juicio, quienes hayan demostrado vocación activa por la investigación teórica y experimental y comprobado amor por el pueblo son quienes deben ocupar puestos claves de la educación, bien sea en instituciones u otras instancias vinculadas con la formación general y científica.
“Solamente así formaremos rápidamente a una generación que posea las armas ideológicas suficientes para acompañar a nuestro pueblo en la lucha por la liberación”, escribió, al tiempo de destacar que “¡Vetar todo lo que constituya desprecio, odio o traición a nuestro pueblo debe ser consigna inmediata en todos los niveles de educación!”
Tecnología al servicio del pueblo

Techo de la iglesia del barrio Las Malvinas concebido por Ibrahim López. García
La ciencia legada por Ibrahim López García es humana y sensible, reflejo de su compromiso con una tecnología al servicio del pueblo. Busca crear herramientas accesibles, independientes y con un enfoque social, inspirándose en la observación profunda de la naturaleza.
Su enfoque se basó en imitación y respeto a la naturaleza, utilizando las formas curvas presentes en elementos naturales como palmeras, flores, hojas y árboles para diseñar estructuras de membrana.
El arquitecto Fruto Vivas, quien en 1991 propuso se le otorgara el Premio Nacional de Ciencia mención ingeniería al innovador falconiano, exaltó que éste dominaba a la perfección la teoría de los modelos y que todas sus obras pasaban primero la fase experimental. Además, destacó la observación que tenía sobre las estructuras naturales.
Respeto a la naturaleza y uso de materiales autóctonos

Fiel a su visión humanista de la ciencia, Ibrahim López García fue un pionero en el desarrollo de tecnología sostenible, basada en el respeto a la naturaleza y el uso de materiales autóctonos. En 1977 fundó el Movimiento Ecológico Social Siglo 21 destinado a invertir en el ser humano para aprender a utilizar la naturaleza.
Dos ejemplos notables de su trabajo en el marco del referido Movimiento son el “ordeñador de nubes”, un dispositivo para capturar agua de la niebla en zonas montañosas, y la cámara solar, que permitía transformar agua de mar en agua dulce para comunidades costeras.
López García también diseñó una cocina y un carro solar, ambos fueron presentados en el primer Congreso de Tecnología Popular, celebrado en el estado Mérida, en la década de los ochenta del pasado siglo.
Palma “copernicia” inspiró Techo del estadio de béisbol de Maracay

Techo del estadio de béisbol José Pérez Colmenares (Maracay). Inspirado en las hojas de la palma “copernicia”,
Este ingeniero civil, egresado de la Universidad de Los Andes (1954), dejó obras como el techo del estadio de béisbol José Pérez Colmenares (Maracay). Inspirado en las hojas de la palma “copernicia”, permite una prolongación inusual en el espacio, sin columnas que sostengan su extremo exterior, lo cual ahorró muchísimo material.
Consecuente con su método de observación de la naturaleza, el también docente en la UCV, la LUZ y en el Tecnológico “Alonso Gamero” de Coro, concibió el techo de la iglesia del barrio Las Malvinas, así como el techo de la alcabala de los Médanos. Ambos partieron de la filosofía según la cual en tierra falconiana “la mata de coco aporta el modelo necesario para resistir la embestida de la brisa”.
Como sus soluciones tecnológicas implicaban costos menores para el Estado y las comunidades, en cuanto a la fabricación de techos, desarrollo de viviendas, distribución de agua potable para la población; y además ideó una energía alternativa a los fósiles y la nuclear, López García, fue invisibilizado y sus ideas desechadas. Pero todavía hay tiempo para retomar tan importantes aportes.
Ibrahim López García, quien nació el 18 de noviembre de 1925 en la población de Cabure, en pleno corazón de la Sierra de Falcón, murió el 12 de mayo de 1994, a la edad de 69 años, en Coro, capital de la entidad occidental.
Con información de Ecopolítica Venezuela, Suárez Nelson Blog y Frontera Digital
Fotos cortesía de Frontera Digital, La Inventadera, Hive Blog, Canteras Marmol (Instagram) y Dibujo Técnico 2
No te pierdas
> Héctor Rafael Rojas, oculto genio venezolano de la carrera espacial
> El deslumbrante brillo del legado de Humberto Fernández Morán
> Jacinto Convit, un científico entregado al servicio social
> Zoraida Luces de Febres una científica botánica pionera
> Evelyn Zoppi de Roa, primera planctóloga venezolana