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Joven creó bolsas de yuca que pueden ser comidas por peces y otras especies marinas

por Haiman El Troudi
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Joven creó bolsas de yuca que pueden ser comidas por peces y otras especies marinas

Un joven biólogo indonesio creó una bolsa resistente, funcional y completamente biodegradable hecha a base de almidón de yuca, capaz de disolverse en cuestión de semanas y puede ser ingerida tanto por peces como por otras especies marinas, sin causarles el más mínimo daño.

La historia comenzó frente al mar, cuando Kevin Kumala, quien además de biólogo es aficionado al surf y al buceo, dejó de disfrutar del agua porque encontraba plástico en todas partes: en la arena, flotando entre las olas y en el fondo marino.

Junto a un socio, Kumala fundó en 2014 Avani Eco, una empresa con sede en Bali y con su planta principal en la isla de Java. Tras numerosos ensayos en el laboratorio, dieron con una fórmula de almidón de yuca, aceite vegetal y resinas orgánicas que se procesa con las mismas máquinas que se usan para fabricar bolsas convencionales.

Un entorno asfixiado por la contaminación

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Bali, en Indonesia, es un archipiélago famoso mundialmente por sus paisajes paradisíacos, arrecifes de coral y playas de arena blanca. Tras vivir unos 10 años en los Estados Unidos, Kevin Kumala regresó a su tierra natal con una mirada renovada pero, a la vez, devastada. Lo que encontró no fue el paraíso que recordaba, sino un entorno asfixiado por la contaminación.

Cuando iba a surfear o a bucear ya no disfrutaba como antes. Las playas que alguna vez fueron su refugio se habían transformado en verdaderos vertederos a cielo abierto. La triste realidad de ver animales marinos atrapados en residuos o muertos por ingestión de plástico lo decidió a no ser un mero espectador de la destrucción de su hogar.

Con su formación en biología y una profunda conexión con la naturaleza, se propuso encontrar un reemplazo viable para las bolsas de plástico que estaban acabando con la belleza y la vida de su hermoso país.

La yuca es un tubérculo ampliamente cultivado en Indonesia

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La búsqueda del joven lo llevó a examinar los recursos naturales abundantes en su región. Su atención se centró en la yuca (también conocida como mandioca), un tubérculo ampliamente cultivado en Indonesia y en muchas otras regiones tropicales, del cual tradicionalmente se obtiene harina alimenticia.

Kumala descubrió que el almidón de la yuca poseía las propiedades poliméricas necesarias para ser transformado en un material flexible y resistente, similar al plástico convencional. Para llevar su idea al mercado, no reinventó la rueda, sino que la adaptó de manera brillante.

Utilizó la misma maquinaria industrial que se emplea en la fabricación de bolsas de plástico tradicionales: máquinas de moldeo por soplado, de corte y de sellado. Esto fue crucial, ya que demostró que la transición hacia materiales sostenibles no requiere necesariamente que las fábricas desechen toda su infraestructura, facilitando una adopción más rápida y económica por parte de la industria.

El producto final es una bolsa que, a simple vista, puede parecer plástico, pero que lleva impreso en mayúsculas un mensaje contundente y claro: “NO SOY PLÁSTICO”. Para demostrar la inocuidad de su creación, Kumala protagonizó un video que se volvió viral en las redes sociales. En él, se le ve disolviendo una de estas bolsas en un vaso de agua caliente y bebiendo el líquido resultante, probando de manera empática y visual que el material no es tóxico, en absoluto, para el consumo.

Bolsas de yuca se reintegran a la naturaleza sin dejar rastro tóxico

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Las propiedades de las bolsas de yuca de Avani Eco marcan un contraste abismal con los derivados del petróleo, y su ciclo de vida está diseñado para reintegrarse a la naturaleza sin dejar rastro tóxico. Cuatro comportamientos distintos, un mismo principio: imitar lo que la naturaleza ya sabe hacer con lo que la naturaleza produce. El primero es el compostaje. Si la bolsa se desecha en un entorno adecuado, se descompone en menos de 100 días y se transforma en materia orgánica capaz de enriquecer el suelo.

El segundo atributo es su relación con el agua caliente. Basta con sumergirla en agua a alta temperatura para que se disuelva en cuestión de minutos, una característica que simplifica enormemente su gestión en hogares, restaurantes y comercios. Esta disolución rápida convierte un problema de logística de residuos en un gesto doméstico, casi trivial, que reduce la presión sobre los sistemas de recolección.

La propiedad más extraordinaria, no obstante, es su comportamiento en el mar. Si una de estas bolsas llega al océano, el agua salada la descompone en aproximadamente 60 días. A diferencia del plástico, que provoca asfixia, obstrucciones intestinales y muerte en la fauna marina, el almidón de yuca disuelto resulta inofensivo.

El último rasgo es el comportamiento ante el fuego. Mientras que el plástico convencional, al quemarse, se derrite, libera gases altamente tóxicos y puede causar graves quemaduras en la piel, la bolsa de yuca se comporta como el tubérculo del que proviene, simplemente se ennegrece y se carboniza, sin fundirse ni liberar sustancias peligrosas.

En 2014 se funda Avani Eco

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En 2014, lo que comenzó como la búsqueda de una alternativa a la bolsa de plástico, se convirtió en una compañía dedicada a erradicar los residuos de un solo uso, con la fundación de Avani Eco,por parte de Kevin Kumala y su socio Daniel Rosenqvist.

Aunque la bolsa de yuca es su producto estrella, el portafolio de Avani Eco se ha expandido para incluir otros artículos esenciales en la lucha contra la contaminación: ponchos, pitillos hechos a base de almidón de maíz y envases desechables para comida fabricados con bagazo de caña de azúcar. Todos estos productos comparten la misma filosofía: biodegradación rápida, cero residuos tóxicos y una fuente de materia prima renovable.

En cuanto al aspecto económico, cada bolsa de yuca tiene un costo de alrededor de cinco centavos de dólar (unos 445 bolívares). Si bien esto representa un precio superior al de una bolsa de plástico convencional, el equipo argumenta que el costo real del plástico barato lo pagan el medio ambiente y la salud pública. Sostienen que invertir unos centavos más en un producto que no destruirá los océanos durante cuatro siglos es, en realidad, una de las gangas más grandes para cualquier consumidor.

Plásticos biodegradables solos no resuelven crisis global

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A pesar del entusiasmo que genera esta innovación, es importante mantener una perspectiva realista. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha señalado en diversos informes que, si bien los plásticos biodegradables y las alternativas ecológicas son herramientas valiosas, por sí solas no pueden resolver la crisis global de los detritus marinos (materia orgánica muerta y en descomposición que se acumula en el fondo del mar).

El verdadero desafío radica en cambiar los hábitos de consumo, mejorar la infraestructura de gestión de residuos a nivel mundial y reducir la producción innecesaria de empaques de un solo uso. Las bolsas de yuca no son una licencia para seguir desechando productos indiscriminadamente, sino una red de seguridad innovadora que mitiga el daño mientras la humanidad realiza la transición hacia una economía circular.

No obstante, el valor simbólico y práctico del invento de Kumala es incalculable. Su éxito ha demostrado que las soluciones no siempre provienen de complejos laboratorios en el primer mundo, sino que pueden nacer de la observación profunda de la naturaleza y de la necesidad urgente de proteger el propio hogar.

La historia de Kevin Kumala y sus bolsas de yuca es un recordatorio poderoso de que la innovación humana, cuando se alinea con el respeto por la naturaleza, tiene el poder de sanar las heridas que ella misma ha causado. En un mundo donde el plástico ha convertido los océanos en cementerios silenciosos, esta creación ofrece un mensaje de optimismo tangible: un futuro donde los productos que usamos a diario pueden regresar a la tierra sin dejar cicatrices.

 

Con información de Inquirer, El Tiempo, El Norte al Día y El Comercio

Fotos cortesía de Forum Natura, Bekaa, CNN y El Norte al Día

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