El aumento del calentamiento global por encima de 1,5% ya es inevitable y esto echa por tierra la meta del planeta entero. Ante esta realidad, un reciente informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) afirma que aún es posible reducir las temperaturas y alcanzar los objetivos mundiales del Acuerdo de París y expone la urgencia de tomar acciones al respecto.
El informe Limiting Overshoot (Limitando el sobregiro) presenta una trayectoria de “sobrepaso, punto máximo y descenso” como la mejor opción para reducir la magnitud y duración de este exceso y tratar de volver a estar por debajo de 1,5 °C, lo antes posible. Expertos advierten que cada fracción de grado importa y que cada año que el planeta enfrenta esta situación aumentan los riesgos climáticos y el potencial de pérdidas irreversibles.

Frente a esta situación se requieren acciones urgentes e inmediatas como reducciones rápidas y sostenidas de las emisiones; control del metano y remoción del dióxido de carbono, junto con medidas ambiciosas de adaptación para proteger a las personas, las comunidades y el ambiente.
Ahora bien, si acciones como estas no se han tomado en años ¿podrán ser realmente efectivas ahora? ¿la evidencia del aumento de temperatura traerá la voluntad necesaria para revertir el calentamiento?, son preguntas que debemos hacernos los integrantes de la gran familia humana pues nuestro futuro depende de ello.
Limitando el sobregiro

En el informe del PNUMA se advierte que superar temporalmente el límite de 1,5 °C de calentamiento global en los próximos años es ya inevitable debido a la lentitud en la reducción de emisiones. En este sentido, sitúa el aumento máximo de la temperatura de 1,8 °C, como mejor escenario) hasta más de 2 °C, en las proyecciones más negativas.
El aumento de la temperatura global elevará los riesgos e impactos climáticos a niveles cada vez más peligrosos. Ante la inminente superación del límite de calentamiento, el Secretario General de las Naciones Unidas, António Guterres, urgió a hacer que el sobregiro sea el menor y más breve posible. Para lo cual llamó a acelerar la eliminación gradual de los combustibles fósiles y la revolución de las energías renovables; reducir drásticamente la contaminación por metano; así como proteger la tierra, los bosques y los océanos.

Dicho documento concluye que la última ronda de planes climáticos nacionales, que debían presentarse ante la ONU este año según las normas del Acuerdo de París, tendrá un “efecto limitado” en la reducción de esta brecha de emisiones.
También revela que las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero (dióxido de carbono (CO2), metano, óxido nitroso y gases fluorados alcanzaron un récord de 57.700 millones de toneladas de CO2 equivalente (GtCO2e) en 2024. Esto supone un aumento del 2,3 % en comparación con las emisiones de 2023. Asimismo, el informe concluye que, si se excluyen las emisiones derivadas del uso del suelo, las emisiones de los países del G20 representaron el 77 % del aumento total de las emisiones durante el período 2023-24. Por su parte, el grupo de los «países menos adelantados» contribuyó con tan solo el 3 % de dicho aumento.
El Acuerdo de París

Más de diez años atrás, en la COP21 de la Organización de Naciones Unidas (ONU) sobre el clima en París, unos 200 gobiernos se comprometieron a realizar esfuerzos para limitar el calentamiento global a 1,5 °C, umbral que señalaron los científicos como fundamental para evitar los peores impactos del cambio climático. El llamado Acuerdo de París fue ratificado por la Corte Internacional de Justicia y adoptado en la Asamblea General de las Naciones Unidas.
Una década después, la agencia de la ONU reconoce que el tratado climático desempeñó un papel “fundamental” en la reducción de las proyecciones de temperatura global y en el impulso del aumento de las tecnologías, las políticas y los objetivos de las energías renovables.
Sin embargo, advierte que si los países no reducen las emisiones con la suficiente rapidez, es “muy probable” que el mundo incumpla el ambicioso límite de temperatura de 1,5 °C establecido en el Acuerdo de París “en esta década”.
Trayectoria propuesta

El PNUMA propone en su informe una trayectoria que minimizaría el aumento máximo de la temperatura mediante recortes inmediatos y sostenidos de las emisiones de gases de efecto invernadero, en el camino hacia las emisiones netas cero, y reduciría las temperaturas mediante emisiones netas negativas a largo plazo, con la cuidadosa gestión de estrategias, prácticas y técnicas de remoción de dióxido de carbono como parte esencial del conjunto de medidas.
Seguir esta trayectoria implicaría medidas de adaptación que reduzcan la vulnerabilidad ante los impactos actuales, previstos e inesperados del cambio climático sobre la sociedad, las comunidades y las economías. También subraya el documento que esta trayectoria reduciría los riesgos y los impactos, haría que la adaptación fuera menos difícil y costosa, y aumentaría las posibilidades de reducir las temperaturas.
Asimismo, es importante tomar en cuenta los beneficios adicionales de estas acciones, entre ellos una mejor calidad del aire y de la salud pública, menores costos energéticos y un mayor acceso a la electricidad. Por ello, el informe insta a acelerar la acción colectiva y mundial para avanzar hacia una trayectoria de sobrepaso, punto máximo y descenso.
Por otro lado, el informe reconoce también que los impactos son inevitables y que se requerirá una combinación de mitigación y adaptación. Mientras la primera determinará la magnitud y la duración de los riesgos climáticos futuros, la segunda es esencial porque los impactos ya se están produciendo y el calentamiento adicional es inevitable. La mitigación determina el camino y el destino, y la adaptación determina quién llega allí. Adicionalmente, señala que deben existir compromisos en materia de financiación, solidaridad duradera y gobernanza inclusiva, establecidos mucho antes del pico de calentamiento, en vez de esperar e improvisar en condiciones de crisis.
Escenarios devastadores

Dentro de los escenarios planteados, el más optimista prevé que el aumento de la temperatura alcance un máximo de 1,8 °C por encima de los niveles preindustriales, superando el objetivo de limitar el calentamiento a 1,5 °C establecido en el Acuerdo de París. La mayoría de los demás escenarios prevén máximos más elevados.
Advierte el documento del PNUMA que la probabilidad de cruzar puntos de inflexión irreversibles aumenta con la magnitud y duración de las temperaturas más elevadas. Algunos impactos podrían surgir de manera abrupta, mientras que otros se acumularán con el tiempo. Entre ellos se encuentran impactos en la criosfera, como la pérdida de hielo marino y hábitat en el Ártico, la pérdida de glaciares, el deshielo y la degradación del permafrost; la degradación del bosque lluvioso amazónico y la alteración de la Circulación de Vuelco Meridional del Atlántico. Asimismo, aumentará la pérdida de biodiversidad en mar y tierra, derivada del cambio en el uso del suelo y la acidificación de los océanos.
Por encima de 1,5 °C, los riesgos y efectos se intensificarán con cada fracción adicional de grado y con cada año. Estos impactos previstos incluyen la intensificación de los fenómenos meteorológicos extremos, la pérdida de ecosistemas y la inundación de los pequeños Estados insulares en desarrollo (PEID) y de las ciudades costeras de baja altitud sobre el nivel del mar. También se prevén daños a la salud humana, la seguridad alimentaria, los suministros de agua, la naturaleza, las ciudades, las infraestructuras y las economías.
Las repetidas olas de calor e incendios forestales, considerados desastres naturales en 2026, son ejemplos de los impactos sobre los que ya se nos ha advertido, escenario que podría incrementarse con un aumento de más de 1,5 °C.
¿Qué se requiere?

Como se ha venido planteando en los últimos años, para superar esta situación en el mundo se requiere firme voluntad política y multilateralismo, políticas eficaces, gobernanza inclusiva y financiamiento. Asimismo, se ha señalado que las naciones con mayor responsabilidad en el cambio climático deberían actuar con mayor rapidez y con el mayor nivel.
Indica el PNUMA en su informe que deben ser priorizadas las intervenciones que logren simultáneamente objetivos de mitigación y adaptación, como el enfriamiento basado en la naturaleza. Las medidas de adaptación que se establezcan ahora serán la base de esfuerzos futuros, pero deben ser transformadoras y responder a riesgos cambiantes, no lineales y de aparición súbita.
Por otra parte, enfatiza que las emisiones netas cero son un hito en el camino hacia las emisiones netas negativas, y que tanto la eliminación de dióxido de carbono (CDR, por sus siglas en inglés) como las reducciones sostenidas de las emisiones de gases de efecto invernadero serán necesarias. En este contexto, será fundamental contar con sólidos marcos de gobernanza que permitan la implementación responsable de la reducción de carbono y gestionar sus implicaciones para la integridad y la equidad ambientales al ser implementada a gran escala.
Tras años de inacción, incluso si se logra volver a estar por debajo de 1,5 °C, resultan irreversibles las pérdidas, y las transformaciones indeseadas permanentes son inevitables. Muchas comunidades podrían verse obligadas a trasladarse o cambiar sus medios de vida, mientras que las sociedades afrontarán el reto de reajustarse. Esto plantea cuestiones relacionadas con la justicia, el poder y la legitimidad política.
Cita crucial

En medio de esta coyuntura, resalta como una cita crucial la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2026 (COP31), la cual se celebrará en el Centro de Exposiciones de Antalya, Turquía, del 9 al 20 de noviembre de 2026.
Se trata del octavo encuentro de la COP que reúne a las partes para debatir sobre el Acuerdo de París.
“La COP31 debe transformar esta urgencia en acciones concretas. Necesitamos acelerar la electrificación a nivel mundial, reducir las emisiones de metano procedentes de los desechos, fortalecer la resiliencia climática de las ciudades y aumentar la resiliencia de los ecosistemas marinos y costeros. Al mismo tiempo, la mitigación y la adaptación deben avanzar de manera conjunta” señala al respecto Murat Kurum, Presidente Designado de la COP31.
Advierte además que las decisiones que se tomen hoy determinarán hasta qué punto aumentarán las temperaturas, cuánto tiempo permanecerán en esos niveles y con qué seguridad se podrá regresar a los 1,5 °C.
Con información de Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA o UNEP), PNUMA II, PNUMA III, Carbon Brief, Instituto Internacional para el Desarrollo Sostenible (IISD, siglas en inglés)
Fotografías cortesía de PNUMA, ONU, ACNUR, Ecoportal, Alamy Stock Photo, Energía y Sociedad, France 24, PX y Organización Mundial de la Salud.
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