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Batalla de Ayacucho, cumbre de la gloria americana

por Haiman El Troudi
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Ayacucho, cumbre de la gloria americana

“La Batalla de Ayacucho es la cumbre de la gloria americana, y la obra del general Sucre. La disposición de ella ha sido perfecta, y su ejecución divina”. Así exaltó el Libertador Simón Bolívar el triunfo del Ejército Unido Libertador, con Antonio José de Sucre al mando, en la batalla que desterró al imperio español de Nuestramérica, hace 200 años.

Los últimos restos del poder español en Nuestramérica expiraron el 9 de diciembre de 1824 en el campo de Ayacucho, una llanura situada a 3.396 metros sobre el nivel de mar y al pie del cerro Condurcunca, donde destacó el elevado porcentaje de peruanos enfrentados en ambos bandos.

Tres horas duró el combate catalogado como el más sangriento de toda la guerra de independencia suramericana. La victoria y liberación del Perú fue obra del talento militar de Sucre, orientado por Bolívar y secundado por jefes y tropas de destacada trayectoria en la lucha, a quienes no pudo doblegar ni la decisión del virrey José de La Serna de dirigir al ejército realista.

Bolívar dispuesto a consolidar la independencia del Perú

Ayacucho, cumbre de la gloria americana

Luego de la Batalla de Junín, con las tropas realistas debilitadas y desmoralizadas por la derrota de su caballería, el Libertador Simón Bolívar se dispuso a completar y consolidar la independencia del Perú.

Por su parte, el Virrey José de la Serna, confiado en que su infantería se había salvado, decidió la ofensiva final contra el ejército patriota unido, a finales de 1824, razón por la cual el Libertador y sus generales se dispusieron a recuperar a los heridos, explorar el terreno y hacer acopio de armamento, en espera de un refuerzo del ejército de Colombia solicitado al vicepresidente Francisco de Paula Santander.

Pero comenzando el mes de octubre, ante el retraso de Santander en el envío de la ayuda, Bolívar decidió desplazarse a la costa del país andino para organizar una nueva fuerza que reforzara a su ejército, además de atender asuntos de Estado.

En el trayecto, el Libertador se enteró que el Congreso de Colombia le anuló los poderes concedidos en 1821, los cuales le conferían facultades extraordinarias sobre las regiones en guerra. Por ello le cedió el mando a Sucre, no sin antes hacerle saber su confianza en que en sus manos el ejército no sufriría “ni el más leve daño o perjuicio”.

Sucre asume el mando

Sucre venció en Pichincha con una aguerrida fuerza multinacional

Siguiendo instrucciones del Libertador, de no presentar combate hasta no estar seguro de la victoria, Sucre evitó el enfrentamiento con el ejército que defendía a la corona española, durante unos dos meses.

La táctica de marchas y contramarchas de Sucre para no enfrentarse al enemigo dio resultado. El ejército del virrey de la Serna recorrió tres veces más distancias que las fuerzas patriotas, con el desgaste que ello implica, sin alcanzar su objetivo de cortarles la retirada y obligarlos a dar una batalla desventajosa.

Ayacucho, cumbre de la gloria americana

Óleo sobre lienzo, autor desconocido realizado en Lima en 1824. Forma parte de la colección pictórica del Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú

Pero el constante acecho también afectaba a la tropa revolucionaria, que se tenía que defender con pequeños enfrentamientos casi a diario y ya sufría escasez de recursos. A finales de noviembre, llegó la liberación del compromiso para Sucre. “… Ud. está autorizado para hacer lo que mejor le parezca; y esta autorización no recibe ni modificación ni restricción alguna”, le escribió Bolívar.

Las constantes marchas del ejército al mando de Sucre terminaron con esta autorización. “La orden que me trajo Medina para poder librar una batalla me ha sacado de apuros, pues en la retirada de las inmediaciones del Cuzco hasta Huamanga al frente del enemigo y teniendo que presentar un combate cada día, he sufrido mucho, mucho mi espíritu, he tenido mucho qué pensar, y ha padecido mi cabeza más que demasiado”, escribió.

Ejército Libertador en desventaja numérica

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Al amanecer del 9 de diciembre de 1824 el combate era inevitable. El Ejército Unido Libertador estaba en desventaja al tener menos cantidad de soldados. Eran 5.780 revolucionarios enfrentando a 9.310 realistas. Las tropas de Sucre contaban con una sola pieza de artillería, mientras que las del bando contrario poseía 10.

El tan esperado día de la batalla inició con el toque de varias dianas al alba. Sobre su caballo castaño, el general Sucre arengó a cada uno de los batallones para henchir la euforia de sus hombres.

“Soldados, de los esfuerzos de hoy depende la suerte de América del Sur; otro día de gloria va a coronar vuestra admirable constancia. ¡Soldados! ¡Viva el Libertador! ¡Viva Bolívar, salvador del Perú!”, fueron las palabras de quien estaba a punto de convertirse en el Gran Mariscal de Ayacucho.

Familiares y amigos de ambos bandos se dieron un afectuoso saludo

Ayacucho, cumbre de la gloria americana

Un hecho destacó antes de la refriega. A las ocho de la mañana el general Juan Antonio Monet cabalgó al campamento patriota y propuso un saludo entre los combatientes con familiares y amigos en ambos bandos. Sucre dio el permiso con suma complacencia.

Unos 50 hombres, entre hermanos, parientes o amigos, que combatían en lados opuestos, confraternizaron durante media hora en terreno neutral. Muchos comandantes estaban vinculados por lazos de sangre o amistad con los realistas o viceversa

Historiadores coinciden que en la batalla de Ayacucho el llamado Ejército Real del Perú estaba conformado en un 95% por peruanos. Mientras que, en el Ejército Unido Libertador del Perú, donde hubo combatientes de varias nacionalidades, unos 1.800 soldados eran naturales del Perú.  Por ello se afirma que Ayacucho fue una batalla entre hijos de la misma tierra, separados por ideas y creencias.

El Sucre táctico coronó la obra del Sucre estratega

 

Ayacucho, cumbre de la gloria americana

Ya en el campo de batalla de Ayacucho, una llanura de 1.000 metros de largo y 600 metros de ancho, cuyo nombre en idioma quechua significa “el rincón de los muertos” el Antonio José de Sucre táctico coronó la obra del Sucre estratega.

Para compensar la inferioridad numérica de sus batallones, el plan estratégico del venezolano consistió atacar a fondo al enemigo, destrozando una detrás de otra las columnas que bajarían del cerro, sin permitirles desplegarse en la llanura.

El Ejército Unido Libertador se organizó en cuatro Divisiones: en el flanco izquierdo 1.600 hombres (Legión Peruana, batallones de Línea 1.º,2.º y 3.º) al mando del mariscal José de la Mar. En el centro una división de caballería (Húsares de Colombia, Granaderos de Colombia y Húsares de Junín) bajo el general William Miller.

En la reserva (Rifles, Vencedor y Vargas) 1.700 hombres dirigidos por el general Jacinto Lara. A la derecha 2.300 hombres (Caracas, Bogotá, Voltígeros, Pichincha) a las órdenes del general José María Córdova. Sucre ordenó mover cuatro escuadrones de caballería para hostigar al enemigo y acuartelar la única casa de la pampa, ubicada a su izquierda.

Los españoles fundaron su estrategia en una sola posición

Ayacucho, cumbre de la gloria americana

Para el general de las fuerzas monárquicas, Gerónimo Valdés, la estrategia estuvo fundada en una sola posición: situarse al otro lado de la barranca para, sin gran dificultad, posesionarse de una importantísima posición de su enemigo, pero las fuerzas patriotas los forzaron a retroceder y a pagar muy caro, en vidas, la audaz irrupción.

El Ejército Realista del Perú también estaba separado en cuatro Divisiones: el general Gerónimo Valdés en el flanco derecho con 3.000 hombres (Cantabria, 1.º Imperial Alejandro, Centro, Castro) y 6 cañones. En el centro, la división de 2.000 hombres (Infante, Burgos, Guías, Victoria, 2.º del Cuzco) del general Monet. Próximo a éste se encontraba el general Ferraz con 1.200 jinetes.

En el lado izquierdo, estaba el general Villalobos con 3.200 hombres (Gerona, 2.º Imperial de Alejandro, Fernando VII, 1.º de Cuzco) y 5 cañones. El virrey de la Serna, aprovechando la artillería y el número de sus hombres, ordenó a través de Canterac, segundo jefe del ejército (caído en desgracia tras su derrota en Junín), emprender tres maniobras, que no tuvieron feliz término.

De hecho, el virrey terminó herido y capturado por el sargento Pantaleón Barahona, cuando en un intento desesperado, fue a unirse al combate al ver que el flanco izquierdo realista estaba en total colapso. Esta captura, la destrucción casi plena de las divisiones de Monet y Villalobos y el clavado del tricolor colombiano en el cerro Condorcunca, anunciaron el fin de la batalla de Ayacucho a la una de la tarde.

Capitulación reconocida por el respeto a derechos de los vencidos

Ayacucho, cumbre de la gloria americana

La Capitulación de Ayacucho. Óleo de Daniel Hernández.

La capitulación fue pactada entre Antonio José de Sucre y José de Canterac al atardecer del 9 de diciembre. Una casa de la población de Quinua fue el escenario de la redacción de la rendición, ese mismo día, en una lluviosa noche. Pasaron cinco días para que el documento, reconocido mundialmente por el respeto a los derechos de los vencidos, quedara firmado en la sede de la Intendencia de Huamanga.

Las batallas de Carabobo, Boyacá, Pantano de Vargas y Pichincha no superaron los dos mil fallecidos. La llanura de Ayacucho y las faldas del Condorcunca quedaron ensangrentadas con la muerte de 1.800 realistas y 370 patriotas; además de 700 heridos del bando imperial y 609 del ejército revolucionario.

El elevado número de muertos equivalía al 25 por ciento de los combatientes. En un balance preliminar para el Libertador Simón Bolívar, hecho por Sucre tras el violento combate, fueron contabilizados 1.000 prisioneros, “entre ellos el virrey de la Serna y sesenta jefes y oficiales”; junto a 14 piezas de artillería y 2.500 fusiles. Tal fue el saldo de la caída del último baluarte monárquico en Nuestramérica, de la cual celebramos el bicentenario este 2024.

 

  

Con información de:

  • De Sucre, Antonio José. De mi propia mano. Fundación Biblioteca Ayacucho. Caracas, 1981.
  • Rumazo González, Alfonso. 8 Grandes Biografías. Tomo I. Ediciones de la Gobernación del estado Sucre, Cumaná, 2001.
  • Pereyra Plasencia, Hugo. La Campaña Libertadora de Junín y Ayacucho. Publicaciones de la Comisión Nacional del Sesquicentenario de la Independencia del Perú. Lima, 1975.

Fotos cortesía de Cagigal Web, El Peruano y Wikipedia


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