Cada 7 de enero, en el estado Anzoátegui, se celebra la Fiesta del Espuntón, sincretismo que refuerza la identidad de los descendientes cumanagotos de la población de Caigua, al honrar a los ancestros con la preservación de sus tradiciones, pese a los esfuerzos de los conquistadores por borrarlas.
Esta celebración del oriente venezolano, parte del patrimonio cultural, fusiona rituales indígenas de gratitud a la Pachamama (la Madre Tierra) y de reconocimiento a su Cacique Caigua, con prácticas católicas en honor a la Sagrada Familia: el Niño Jesús (popularmente llamado Niño Pasqualito o Niño Parrandero), la Virgen María y San José.
Cientos de feligreses locales y visitantes participan en esta fiesta de más de 150 años, que para la iglesia católica cierra el ciclo de las festividades por el nacimiento del Niño Jesús. Comienza en el templo del pueblo, declarado Patrimonio Histórico de Venezuela desde 1960, por su importancia como espacio donde se conservan relevantes signos de la época colonial.
Caigua fue fundada por una comisión tripartita

La población de Caigua, ubicada a una distancia de entre 25 y 30 minutos de Barcelona, la capital del estado Anzoátegui, fue fundada en 1667 por una comisión tripartita integrada por el sacerdote Fray Manuel Yangüese, el Cacique Caigua y el gobernador Juan Bravo de Acuña.
Fue bautizada en homenaje a Caigua, uno de los más aguerridos jefes indígenas cumanagotos. Sus primeros habitantes fueron los indios Palenques, Topocuáres, Cochaimas y Píritus, todos de la familia Cumanagoto y en consecuencia de la etnia Caribe, quienes lucharon con todas sus fuerzas contra los conquistadores españoles.
Llegado el momento de no poder continuar la resistencia indígena, se alcanzó un acuerdo para fundar el pueblo de Caigua en una llanura espaciosa que nuestros ancestros llamaban “Acuripacuar”, cuyo significado es lugar de los animales silvestres. Nombre que pasó a Caiguapatar que significa Casa de Caigua.
El espuntón es una lanza que representa al bastón de mando del cacique Caigua

La colonización fusionó con el catolicismo el ritual indígena de agradecimiento y ofrenda a la Pachamama por la fertilidad de la tierra durante las cosechas de maíz y yuca, vinculado a deidades totémicas y ciclos agrarios, cuya antigüedad era de unos 300 años.
Por ello, las y los participantes en la Fiesta del Espuntón se congregan alrededor de las 10:00 a.m. en la iglesia de Jesús, María y José de Caigua para la eucaristía, oficiada por el párroco en honor a estos tres santos patronos del pueblo.
Al concluir, y al ritmo de la parranda, sale la procesión con el trío de imágenes de la Sagrada Familia, la bandera de Venezuela y el espuntón que es una vara trenzada con cinta tricolor y lanza en una punta, que representa el bastón de mando del cacique Caigua.
En la plaza del pueblo son esperados por el grupo encargado de representar el ritual ancestral. Los Cumanaguatos originarios se untan el rostro con onoto, adornan su espalda con cintas, quimaldas o tiras multicolores, y se coronan con penachos de plumas
Jóvenes bailan al son del maremare cantado en lengua cumanagota

Esta celebración sincrética permite dramatizar el simulado hurto del Espuntón. Jóvenes vestidos con trajes tradicionales bailan, al son de un maremare cantado en lengua cumanagota, alrededor de quien encarna al Cacique. También interpretan himnos indígenas que hablan de sus dioses originarios como el sol y la luna; así como versos que exaltan la resistencia de la etnia Caribe ante los invasores.
“Caiguapatar… Casa de Caigua, raza bravía que a sangre y fuego defendió su orgullo e identidad. Hoy tus hijos flamean tus símbolos celebrando con inmenso amor ese hermoso legado que le dejaste, Cacique Caigua”, dice uno de los cantos.

Mientras que parte del maremare traduce: “El Caribe valiente pelea con las fieras más bravas por el amor de su Cariba. Toco estos tres instrumentos para ti divina Diosa, para ti mi trono reina, para ti mi tuna hermosa”. Ninguno de estos cantos guarda relación con las creencias católicas. No obstante, preservan la tradición oral de estos pueblos originarios y aquello que ellos veneraban como sagrado.
Al final del maremare, el danzante que porta una iguana para simular su ofrenda a los dioses, la besa y la acerca tanto al Cacique sentado en el centro del baile, como al resto de las y los participantes para que hagan lo mismo, en cumplimiento de la tradición de regalar a este animal sagrado, cuya caza está vedada en Caigua.
El ciclo se completa con la entrega del Espuntón a los nuevos festejadores

El ciclo de celebraciones se completa con la entrega del Espuntón, las imágenes de la Divina Familia y la bandera de Venezuela a los nuevos festejadores, vale decir al capitán y al festejador mayor que se encargarán de las festividades en el nuevo año.
Quienes se encargan de la celebración, durante todo un año, forman parte de las familias que así lo han solicitado. Zarina Troncoso de Lira, patrimonio cultural viviente del estado Anzoátegui, es la custodia de las fiestas del Espuntón de Caigua desde la década de los 80, responsabilidad que le fue conferida por su padre, Ramón Natividad Troncoso.

La Fiesta del Espuntón es acompañada por una feria artesanal y gastronómica, en la que participan emprendedoras y emprendedores de las comunidades originarias. El escenario de este encuentro económico y cultural es la plaza de Caigua.
Con información de El Foco, Radio Otilca, El Mercurio y Últimas Noticias
Fotos cortesía de Últimas Noticias, VTV y Antropología y Ecología UPEL Blog
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