Entre los muchos pueblos inolvidables del estado Trujillo destacan Jajó, con su frío clima de montaña y su arquitectura con más de cuatro siglos de historia; San Lázaro, pequeña población también ubicada en las alturas, e Isnotú, la tierra natal de San José Gregorio Hernández.
Estas tres poblaciones andinas tienen varios factores en común, como el mantener sus casas blancas con tejas rojas, remembranzas de un pasado colonial. Pero, mientras Jajó y San Lázaro se levantaron en medio de las montañas, Isnotú lo hizo en una meseta. Además, los tres pueblos comparten un legado ancestral indígena que dejó huella en sus pobladores.
También la profunda devoción religiosa y la importancia que sus habitantes les dan a sus tradiciones y costumbres se mantienen en estos pueblos trujillanos. Pero, sin duda, es en Isnotú donde palpita con más fuerza el fervor no solo de los andinos sino de todo el país, movido por la figura del primer santo venezolano.
Como tantos otros pueblos trujillanos comparten también un clima de montaña privilegiado, el desarrollo de la producción agrícola, la herencia artesanal y el fuerte arraigo a su patrimonio gastronómico.
La Perla de los Andes
Conocido como la «Perla de los Andes», Jajó, uno de los pueblos inolvidables de Trujillo, destaca por sus estrechas calles empedradas, casas blancas de techos rojos y balcones de madera que refieren a una arquitectura colonial con más de 400 años de historia.
Ubicado cerca de La Mesa de Esnujaque y Timotes, al sur del estado andino, en la vía que conduce a Mérida, a unos 1.800 m.s.n.m., resaltan sus posadas, bodegas, plaza, la iglesia dedicada a San Pedro Apóstol , y sus sembradíos en medio de majestuosas montañas.
El nombre viene de la etnia de los jajóes que habitaban la zona, los cuales, de acuerdo al etnógrafo Alfredo Jahn son de la rama cuica. Según Mario Briceño Iragorry, el extremeño Francisco de La Bastida tuvo una encomienda de indígenas timotes en el sitio de Xaxon1, actual Jajó. El pueblo fue fundado en 1611 por Sancho Briceño Graterol, Ángel Enrique Segovia y Fernando de Araujo.
Para llegar se puede seguir la carretera que va de Valera vía Quebrada de Cuevas. También se puede llegar desde Timotes. Otra vía, con gran parte de carretera de tierra, es viniendo de Boconó pasando por Niquitao, Las Mesitas y Tuñame.
La virgen del Talquito
En el interior de la Iglesia San Pedro Apostol de Jajó se encuentra una piedra que contiene la figura de la advocación Mariana llamada popularmente Virgen del Talquito.

Cuentan que en la navidad de 1936 un grupo de personas estaban elaborando un pesebre y adornándolo con piedras de talco, abundantes en la zona. Una merideña de nombre Digna López, que estaba de visita en el pueblo, encontró una piedra con la figura de la Virgen del Rosario la cual se podía ver por ambos lados de la lámina. Desde entonces, la imagen es resguardada en la iglesia del pueblo de Jajó.

Además de su fértil tierra, este pueblo trujillano es también la cuna del General Juan Bautista Araujo, conocido como el León de la Cordillera. En la entrada de la población hay un busto dedicado a él. Nació en Niquitao en 1833 y murió en Jajó en 1898. Fue un verdadero revolucionario, participó en la Guerra Federal, la Revolución Reivindicadora y la Revolución Legalista. Fue presidente del estado Trujillo y del Gran Estado Los Andes. Apoyó la Revolución Legalista de Joaquín Crespo en 1892 y posteriormente se retiró a su hacienda en Jajó, donde murió el 11 de febrero de 1898.
San Lázaro

San Lázaro, otro de los pueblos inolvidables de Trujillo, nació gracias a la tenacidad de las etnias de los tirandáes y chachues ante la intención de los invasores españoles de homogeneizar los grupos indígenas de la zona. Destaca al respecto el empleo de los recursos legales de la época por el mítico indio Agustín de esta parcialidad de los Cuicas, que marcó el destino de este pueblo luchador.
Fue fundado a mediados del siglo XVII por el obispo Fray Mauro Tovar en condición de doctrina, siendo sus primeros encomenderos el cruel Francisco Graterol y Jerónimo Sanz Graterol y Saavedra. Este último permitió la instalación de poblados en la zona a instancias del padre Juan Francisco Carmona, defensor de los ultrajados derechos indígenas.
Este pueblo sirvió de bisagra al paso entre las montañas, el piedemonte y el Lago de Maracaibo, comunicando al oriente de la gran Teta de Niquitao o pico Musí, el antiquísimo camino entre Las Mesitas y San Lázaro –pasando por Niquitao, Cabimbú y Santiago- y desde el pueblo a orillas del Jiménez el viejo camino hasta la estación del Gran Ferrocarril de la Ceiba en Motatán.
Esta situación le trajo prosperidad comercial y agrícola, llevándole a tener representantes de las casas internacionales que dominaban el tráfico mercantil en el occidente venezolano. El desarrollo de su arquitectura colonial quedó como testigo de esa época.
Arquitectura colonial

San Lázo, estado Trujillo
San Lázaro es la cabecera de la parroquia Andrés Linares del municipio Trujillo del estado homónimo. Esta población está situada a unos 810 metros de altitud sobre el nivel del mar, entre montañas en la Sierra de las Calderas, concretamente en uno de los valles del río Jiménez. Se levanta a los pies de una de las estribaciones del ramal de Piedras Negras de la Cordillera de Trujillo. Posee una geografía montañosa que incluye páramos, varias quebradas y muchos campos.
La agricultura, pilar económico de la región, floreció gracias a las técnicas y cultivos introducidos por los españoles. Al igual que Jajó, San Lázaro refleja la grandeza de la arquitectura colonial. Con calles empedradas, aceras de paneles y casas de una sola planta y techos de tejas. Rodeado de montañas, con la imponente Teta de Niquitao, el pueblo se adaptó magistralmente al terreno andino, demostrando la ingeniosidad hispana en la planificación urbana.

Monumento Natural Teta de Niquitao-Güirigay
San Lázaro, etimológicamente significa que Dios ayuda, este nombre en honor al santo de los pobres, refleja el profundo fervor católico traído por España, que impregnó la identidad de la comunidad. Sin embargo, su historia está unida a la figura de Andrés Linares, el «Sansón Trujillano», quien participó en el bando republicano durante la guerra secesionista.
Isnotú

Imagen cortesia de Isnotú, Trujillo (Página de Facebook)
Isnotú es sin duda otro de los pueblos inolvidables de Trujillo, entre otras razones porque allí nació el 26 de octubre de 1864 José Gregorio Hernández Cisneros, el primer santo venezolano, conocido como el Doctor de los pobres.
Ubicado en el municipio Rafael Rangel, a unos 30 minutos de Valera, fue convertido por la devoción en un lugar de peregrinación y turismo con visitantes de todo el país y más allá de las fronteras, quienes vienen a pagar promesas, pedir un milagro o conocer la tierra natal del hombre de Dios.
La población toma su nombre de la etnia que ocupaba la región. Tiene como base una meseta ubicada en las proximidades de las quebradas La Vichú y Juan Pérez. Fue fundada en 1.640 por Pérez Revollo.
Se levanta a 726 m.s.n.m., ubicándose cerca de Betijoque, en la vía a Valera. Tiene una superficie de 24 kilómetros cuadrados. Posee calles angostas y viviendas de arquitectura colonial.
Cuna de San José Gregorio Hernández

Fotografía de Jose ILIDIO Spinola
Una imagen en bronce de San José Gregorio Hernández da la bienvenida a Isnotú en el parador turístico José Gregorio El Negro. Más adelante está el Santuario Niño Jesús, edificado en el antiguo espacio de la residencia de la familia Hernández Cisneros. Exhibe gran cantidad de placas y presentes que devotos otorgan al santo por favor concedido.
En el lugar funciona el Museo Diocesano el cual busca preservar su memoria, permitiendo al visitante conectarse con su dimensión humana. 65 piezas conforman la colección del museo, 18 tridimensionales y 47 bidimensionales, todas referidas al primer santo venezolano. Incluyen reliquias de segundo grado y objetos que le pertenecieron.

También se pueden observar 14 obras del artista polaco-ucraniano Ivan Belsky que representan 14 escenas de la vida del ilustre trujillano que se colocaron al cumplirse 100 años de su nacimiento. Además, conservan documentos originales como récipes, cartas dedicadas a sus hermanas Avelina e Isolina, fotografías del entierro y la primera página del diario El Universal donde se informa la muerte del santo.

Está, igualmente, una imagen colonial de la Virgen del Rosario ante la cual la madre de José Gregorio lo orientó en la fe. Se suman ladrillos del piso original de la casa familiar, maderos de las columnas, bisagras, tornillos y una llave. Se conserva también la estructura de la cama, un estante, una mesa, el piano y el tapiz bordado utilizado en la época para proteger el teclado.
Son muchos los pueblos inolvidables de Trujillo, desde Isnotú se pueden visitar varios más como Betijoque, Escuque y Valera.
Con información de Saber ULA, Pueblos de Venezuela, Últimas Noticias y Isnotú Interactivo
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