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Urbe, arte y conciencia en primer mural ecológico de Venezuela

por Haiman El Troudi
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Una idea siempre es el punto de partida de grandes logros. Si a esto le sumamos el trabajo en equipo, para rescatar un espacio común, y una visión consciente de la huella que dejamos en el planeta, tendremos una fórmula ideal para llenar de luz y color nuestros espacios. Y es que cuando urbe, arte y conciencia se conjugan, se logran grandes cosas como el primer mural ecológico de Venezuela.

Otrora espacio público abandonado y sin vida, hoy la Plaza Escalona está llena de color y vida. Una historia de voluntades que partió de una idea, hasta concretarse en una realidad que transforma la cara urbana de la entrada a El Hatillo, al este de la ciudad de Caracas.

La obra, considerada por sus promotores como uno de los murales ecológicos más grandes de Latinoamérica y el primero de su tipo en Venezuela, busca crear conciencia ecológica entre los habitantes de una gran urbe en la que escasean los espacios públicos.

Desde lejos se ve el impactante mural, pleno de color, que muestra figuras emblemáticas de Caracas pero al acercarse, se ven los detalles de más de 200 mil tapas plásticas que dibujan un paisaje lleno de alegría y reconocimiento por la identidad urbana.

Hoy esa idea se ha convertido en realidad transformando un espacio de la urbe, donde arte y conciencia confluyen en el primer mural ecológico de Venezuela.

De la idea a la realidad

La idea de la creación de un mural ecológico con material reciclado fue creciendo, hace más de un año, en la joven antropóloga y activista ecológica, María Daniela Velasco. Venía trabajando a través de Ökospiri, organización que fundó con objeto de promover acciones a favor de la conservación del planeta.

Su propuesta para crear espacios sostenibles, consiste en reconstruir espacios públicos a través de la alternativa del reciclaje. Inspirada en murales con tapas recicladas realizados en Chile, Colombia, China, Velasco se propuso replicar la experiencia en el país.

Nació así el proyecto Okomurales, con el fin de rehabilitar una superficie a través del upcycling o reciclaje creativo de tapas plásticas como técnica de revestimiento.

Las obras de reconstrucción de la Plaza Escalona eran el escenario perfecto y, consciente de ello, presentó el proyecto en agosto de 2019, ante las autoridades municipales, que se sumaron a la idea. Comenzaba a cristalizarse el sueño.

“Cuando trabajamos con amor y genuinamente a favor de crear una mejor humanidad y mundo, este es el resultado”, afirma Velasco ante la obra terminada.

Háblame de Caracas

Hermosos íconos de la ciudad de Caracas se reúnen en un lienzo vertical de 45 metros de largo, gracias a la mente creadora de Oscar Olivares, joven artista encargado del diseño del mural en el otrora muro mudo. Hoy el espacio expresa con imágenes el amor por la ciudad, con una colorida creación que muestra parte de los regalos que día a día ofrece la capital a sus habitantes, reuniendo los conceptos de urbe, arte y conciencia.

Con una altura que va de 3,5 a 7,25 metros, está integrado por más de 200.000 tapas plásticas de múltiples colores, de botellas y envases de todo tipo de productos de un solo uso, aportados por quienes atendieron la invitación a participar en el proyecto.

Varios escenarios forman parte del diseño general concebido por Oscar Olivares. Cuatro grandes y coloridas guacamayas, edificios de la ciudad de Caracas a los pies del Ávila con su bosque verde, un cielo estrellado, naves extraterrestres, grandes girasoles y un hermoso araguaney.

La atractiva propuesta, se aleja de los primeros trabajos del artista como ilustrador digital de superhéroes. Para plasmarla Olivares utilizó la técnica del puntillismo, juntando decenas de miles de tapas, con sus colores originales, para dar forma y vitalidad a las figuras de la composición.

El creador y su mensaje

Oscar Olivares, de 23 años, se planteó recordar a los habitantes de ciudad la importancia de cuidar la naturaleza, que podría extinguirse, perder su color y hasta su razón de ser.

Se inició en el arte cuando tenía solo 14 años, realizando dibujos digitales de superhéroes y, posteriormente, llegó a participar en la ArtExpo de Nueva York de 2017, donde fue el pintor más joven.

Para hacer realidad el primer mural ecológico de Venezuela, tuvo que llevar su diseño a cuadrículas de gran tamaño y coordinar la colocación de miles de tapas, labor que le llevó incluso a trabajar desde un andamio de tres metros de altura.

El joven artista ha asegurado que este mural es el más importante compromiso profesional de su carrera. “Un muro en blanco, abandonado, que se llenó de color gracias a las tapas donadas por miles de ciudadanos que las han reciclado. Fueron ustedes, cada persona que donó su tapa, quienes han hecho posible esta obra”, escribió en su cuenta en Instagram @Olivarescfc, en reconocimiento al aporte de decenas de personas que hicieron realidad su visión artística.

Suma de voluntades

Poco tiempo después de que la Alcaldía de El Hatillo anunciara la creación del primer mural ecológico en la Plaza Escalona, y la recolección de 150 mil tapas multicolores, la gente comenzó a participar con entusiasmo. El reto fue superado rápidamente gracias a las decenas de voluntades que se sumaron. Reunieron más de 200 mil piezas PET.

Para los integrantes de la Fundación Ökospiri poder “dar a las tapas plásticas, que tardan siglos en degradarse, un segundo uso de tipo artístico, comunitario y pro ambiente, es decir a los ciudadanos de este municipio y de cualquier parte del mundo que, todos podemos ayudar al planeta reutilizando y haciendo cosas que valen la pena, y más si estamos unidos”. Así lo explican en sus redes sociales.

Fue la unión de voluntades la que pudo concretar la idea original de Velasco. Urbe, arte y conciencia en acción, pues al proyecto se sumaron vecinos, colegios, preescolares, jóvenes, instituciones públicas y privadas, artistas y creadores locales, organizaciones ecologistas y empresas conscientes.

¿Cómo lo hicieron?

A comienzos de noviembre de 2019, arrancó la instalación formal del primer mural ecológico de Venezuela. En primer lugar, se organizaron y clasificaron miles de tapas PET (plástico de un solo uso) de diferentes tamaños y características, según un código de identificación. Este proceso contó con el aporte de muchos voluntarios, bajo la coordinación de una empresa con experiencia en reciclaje.

Por otro lado, el equipo del Movimiento de la Arquitectura del Futuro (MAF) asumió la ejecución técnica de la propuesta. Se encargaron en primer lugar de preparar la superficie del muro, que revistieron con pintura blanca, para posteriormente colocar una cuadrícula que serviría para reproducir el diseño de Olivares. Calcularon y plasmaron 44 cuadros de 82.75cm x 80.5cm, a través de los cuales transfirieron las líneas del diseño.

La técnica

En la concepción del mural se optó por la técnica de reutilización del material conocida como upcycling, que consiste en la reutilización creativa de materiales que cumplieron su función original, aprovechando al máximo los recursos. Con esto se alarga la vida útil, se reducen los desechos y se ahorra energía.

El mural fue trabajado con degradé de tapas, a manera de puntillismo, dejando la superficie lisa de cada tapa como fachada para que aumentara la adherencia, lo que además aporta más color a la obra.

Como material adherente se usó el cemento, por ser más económico y sencillo de trabajar. A fin de optimizar los tiempos de ejecución, se organizaron grupos de voluntarios, junto al personal técnico.

Para garantizar la permanencia del material debieron superar varios retos. Por ejemplo, al participar voluntarios de todos los perfiles y edades, variaba la presión y forma de colocación de las tapas, e incluso algunas personas no tenían fuerza suficiente para fijarlas.

Se requirieron cuatro meses para completar el primer mural ecológico de Venezuela, en cuyo borde fueron colocadas tejas plásticas para protegerlo.

Conciencia ambiental a través del arte

En la actualidad la mayor parte de la población vive en ciudades, por lo que éstas son las protagonistas de la sociedad mundial del siglo XXI. Por ello la Unesco propone potenciar la cultura para promover ciudades humanas e inclusivas, y uno de los mejores motores para esto es el arte.

En este contexto, proyectos como el Okomural contribuyen sin duda a mejorar la calidad del medio urbano y natural a través de la cultura, mediante la creación de un espacio público inclusivo, que contempla la salvaguardia de la identidad urbana e integra, además, una positiva práctica ecológica como el reciclaje colectivo.

Para María Daniela Velasco, este mural será un mensaje para despertar conciencia ambiental y reflexionar acerca del consumo humano y su huella ecológica en el ambiente. “Sin darnos cuenta hemos naturalizado un material como el plástico, que dura mucho más tiempo que nosotros en este planeta, y que está contaminando en la actualidad a gran escala muchos, de nuestros ecosistemas”, afirmó la activista de 26 años.

“No va a ser nada más arte, sino también va a alimentar la plaza y a esta comunidad que va a ver este espacio de vida y conciencia a favor del planeta” agregó.

Tras el abandono de varios años, la Plaza Escalona se ha convertido en un ejemplo tangible de la positiva sinergia del arte y la conciencia ecológica para crear vínculos con el entorno urbano.

Este renovado espacio da la bienvenida a El Hatillo mostrando como urbe, arte y conciencia, confluyen en el primer mural ecológico de Venezuela.

 

Con información de Panorama, Correo del Orinoco, Unesco y Proyectos MAF

Fotografías cortesía de Fundación Ökospiri, Oscar Olivares y Movimiento de la Arquitectura del Futuro (MAF).


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