Los jardines de lluvia destacan, por su efectividad, entre las propuestas para adaptar las ciudades a condiciones climáticas cada vez más extremas. Se trata de soluciones basadas en la naturaleza y enfocadas en hacer los espacios urbanos más resilientes, usando para ello una base científica.
Algunas de estas soluciones se enfocan en implementar sistemas de drenaje sostenible (SUDs) como los pavimentos permeables que imitan al “suelo natural”, adoquines intercalados con vegetación o bloques de hormigón y espacios que ayuden a reducir el volumen de agua. Construcciones en medio de la ciudad que tienen una ligera depresión donde se planta vegetación y se llena de agua cuando llueve. Estos ‘jardines de lluvia’ se conforman con especies de plantas resistentes tanto a la sequía como el exceso de agua.

Ahora bien, este tipo de jardines siempre fueron un producto natural de los ecosistemas no alterados de nuestro planeta. Sin embargo, a medida que la urbanización avanzó, su presencia general disminuyó gradualmente, lo que provocó que más agua se desbordara hacia los cuerpos de agua locales.
Estas medidas son parte de las acciones para crear más espacios verdes en la ciudad, pues con su suelo poroso y actúa como una esponja capaz de absorber el agua cuando llueve. Además, las raíces de árboles y arbustos ayudan a retenerla.
Mientras que el cemento es impermeable y, por lo tanto, no retiene el agua que se acumula y circula mucho más rápido. Por ello, cuanta más infraestructura verde exista en una urbe, menor es el riesgo de que se inunden calles y edificios. Sin embargo, es importante priorizar árboles y plantas que estén adaptadas a las condiciones locales y más resistencia a los eventos climáticos extremos.
Jardines con historia

Más allá del protagonismo que ha ganado en los últimos tiempos, estos jardines verticales tienen una rica historia que se remonta a civilizaciones antiguas. Diversas culturas han adaptado la jardinería vertical a sus necesidades.
Y, al referirnos a los jardines de lluvia, también se debe mencionar que la recolección de agua de lluvia también se ha practicado durante siglos, especialmente en regiones con recursos hídricos limitados.

La tradición milenaria, desarrollada en distintas épocas y culturas en todo el mundo, también fue abandonada a medida que fueron progresando los sistemas de tratamiento y distribución de agua.
Los especialistas en aguas pluviales de Maryland concibieron el jardín de lluvia moderno en 1990 para imitar las propiedades de filtración natural de los estanques de bioretención naturales. Desde ese momento, el concepto ha ido ganando popularidad.
¿Qué son los jardines de lluvia?

Son unas depresiones poco profundas en el terreno de entornos urbanos, transformadas y diseñadas para almacenar e infiltrar la escorrentía de aguas pluviales que fluye desde superficies impermeables cercanas.
Se pueden encontrar múltiples formas y tamaños de jardines de lluvia. Todas ofrecen un enfoque amigable a la gran familia humana al generar diversos beneficios ambientales, como la reducción de la contaminación por escorrentía, el aumento de la recarga de los acuíferos y el enriquecimiento de la biodiversidad. Además, al implementarlos y mantenerlos, se contribuye a revertir el daño ecológico causado por la urbanización y agravado por el cambio climático.

Usualmente son utilizados para captar agua de lluvia de techos, entradas para autos y calles adyacentes en entornos urbanos. Considerados una de las mejores prácticas de gestión (BMP) para el manejo de la escorrentía de aguas pluviales.
Su naturaleza rentable y práctica permite a los jardineros adaptar el espacio según las preferencias de su comunidad, realzando la belleza de los entornos locales. Al mismo tiempo, son funcionales y amigables con la fauna, al imitar los sistemas hidrológicos naturales que existían antes de la urbanización.
Beneficios

Concretando, son variados beneficios que ofrecen los jardines de lluvia, los cuales además de reducir la contaminación por escorrentía, ahorran espacio y contribuyen a mejorar la calidad del aire y fomentar la biodiversidad. Necesario es destacar que la captación de agua de lluvia implica recolectarla y utilizarla para diversos fines, reduciendo la dependencia de las fuentes de agua tradicionales, promoviendo la autosuficiencia y ayudando a conservar el vital líquido.
También mejoran la calidad del agua al filtrar contaminantes como fertilizantes, pesticidas, desechos animales, tierra, productos químicos, aceite y bacterias de la escorrentía de aguas pluviales, a través de una práctica conocida como “bioretención”. Ésta consiste en la filtración del agua de lluvia recolectada por las capas de plantas, suelo y arena mientras se infiltra en el terreno. Esto no solo reduce la cantidad de contaminantes que fluyen hacia las alcantarillas y, finalmente, a las cuencas hidrográficas, sino que reduce el potencial de que ocurra una erosión.

Los jardines de lluvia pueden reducir los altos volúmenes de escorrentía de aguas pluviales provenientes de grandes áreas de superficies impermeables. En comparación con el césped convencional de un vecindario, un jardín de lluvia permite que un 30% más de agua, aproximadamente, se infiltre en el suelo y contribuye a la recarga regional de los acuíferos subterráneos. Por otra parte, a diferencia de los estanques, el agua que capturan después de un evento de tormenta se drena en el suelo en una hora generalmente. Esto protege aún más a los residentes de inundaciones y otros problemas de drenaje.
Avances, retos, perspectivas

Durante el desarrollo de los jardines de lluvia, se han planteado diversos retos, los cuales se han enfrentado con la integración de la tecnología y la jardinería de interiores. En este caso los investigadores se centran en mejores técnicas de filtración y purificación para la captación de agua de lluvia y sistemas integrados de gestión del agua urbana.
Entre sus limitaciones se deben mencionar los altos costos y exigentes requisitos de mantenimiento. Al mismo tiempo, se han planteado controversias en torno a la captación de agua de lluvia, con desafíos legales y regulatorios, así como problemas con la calidad del agua.

Sin embargo, desde el punto de vista de las perspectivas de estas instalaciones, se ha comprobado que proyectos exitosos de captación de agua de lluvia garantizan un suministro de agua fiable en regiones propensas a sequías, y reducen la presión sobre las fuentes de agua locales.
Ejemplos exitosos

Hormigón bio receptivo desarrollado por la empresa holandesa Respyre. Fotografías: Respyre
Hay casos exitosos de jardines de lluvia entre los que destacan el diseño de muros verdes en edificios comerciales y los jardines en azoteas de complejos residenciales, los cuales suelen ofrecer beneficios ambientales y de bienestar.
Podemos mencionar casos puntuales: el Programa Piloto de Cisterna Stormwatcher presentado por TreePeople, organización ambiental sin fines de lucro, como una iniciativa que busca unir a las agencias del condado y la ciudad de Los Ángeles con miembros de la comunidad para desarrollar cisternas y jardines “inteligentes” destinados a capturar aguas pluviales en respuesta a las condiciones de sequía continuas.

También en Los Ángeles, Crescent Farm tiene en el Arboretum un popular jardín de lluvia que evidencia varias estrategias de ahorro de agua diseñadas para conservar e infiltrar agua, mejorar la salud del suelo y enriquecer la biodiversidad del hábitat.
Por otra parte, la Agencia de Protección Ambiental financia parte del proyecto GREEN SGV, programa que se propone instalar jardines de lluvia en hogares de comunidades de alta necesidad en todo el Valle de San Gabriel.
Recomendaciones para diseño e instalación

Para instalar un jardín de lluvia se recomienda identificar los patrones de drenaje existentes y ubicar depresiones naturales o superficies planas que dirijan el agua, mediante gravedad, desde los puntos altos hacia el jardín. Las áreas en pendiente descendente que reciben naturalmente escurrimientos pluviales de techos o calles son ideales, pero las superficies más planas son más fáciles de excavar. Los suelos con buen drenaje son fundamentales, por lo que se recomienda evitar las áreas con mantos freáticos altos o suelos arcillosos que no drenan adecuadamente.
Asimismo, se sugiere evitar áreas ubicadas a menos de 3 metros de la vivienda, que estén frecuentemente saturadas, presenten raíces de árboles grandes, funcionen como estanques de retención, se encuentren sobre sistemas sépticos o bajo sombra densa. Antes de instalar el jardín, es recomendable verificar y marcar la ubicación de los servicios subterráneos para prevenir daños. Los jardines de lluvia deben ser lo suficientemente grandes como para capturar 1 pulgada de lluvia, suelen tener entre 10 y 20 centímetros de profundidad, y permanecer nivelados.

Para un buen flujo de agua, los canales o zanjas es necesaria una pendiente de al menos el 2% hacia el jardín de lluvia y una relación de profundidad a ancho no mayor a 2:1. El jardín de lluvia debe tener una ligera pendiente hacia el centro, con una berma en la pendiente descendente para prevenir la erosión. Es importante crear una ruta de desbordamiento para reducir aún más el riesgo de inundaciones durante tormentas fuertes.
Vale mencionar que se requieren sistemas de canaletas, bajantes, cadenas de lluvia o zanjas vegetadas para una captura eficiente del agua. Por otra parte, las rocas y la vegetación contribuyen a estabilizar las áreas susceptibles a la erosión del suelo al proporcionar barreras físicas, dificultar el escurrimiento y anclar la tierra con sus sistemas de raíces. Es recomendable, además, evitar el uso de fertilizantes sintéticos o herbicidas porque estos productos químicos pueden contaminar el agua.
¿Qué sembrar en el jardín?

Una ubicación con luz solar parcial permitirá que una mayor variedad de plantas prospere en los jardines de lluvia. Al respecto se recomienda reemplazar el césped con plantas nativas seleccionadas, adaptadas al clima local. Al elegirlas es importante considerar la altura de cada planta, el tiempo y color de floración, y su textura general. Mientras más diversa sea la selección mejor será la profundidad y dimensión del jardín. Además, los diferentes tiempos de floración crearán una temporada de flores más larga.
Por otra parte es recomendable plantar cuando el suelo esté seco y enmendar el suelo con compost orgánico para mejorar tanto su salud como la capacidad de retención de agua. Las especies de plantas deben ser organizadas aleatoriamente en grupos de tres a siete plantas. Lo ideal es que el jardín se divida en tres subsecciones principales: base, pendiente media y berma o franja lateral, seleccionando las plantas de acuerdo a éstas.
La vegetación de la base debe ser capaz de resistir inundaciones en invierno y sequía en verano. En tanto, las plantas de la pendiente media deben ser pequeñas y capaces de soportar condiciones más húmedas. Finalmente, las bermas pueden utilizar arbustos pequeños y árboles tolerantes a las condiciones secas del verano.
Con información de Universidad de California, Creaf (Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales), Green ORG
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