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Tratados de Armisticio y Regularización de la Guerra, pioneros de los derechos humanitarios

por Haiman El Troudi
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Tratados de Armisticio y Regularización de la Guerra, pioneros de los derechos humanitarios

Venezuela es la madre de los derechos humanitarios gracias a la combinación de la genialidad del Libertador Simón Bolívar y del Gran Mariscal de Ayacucho, Antonio José de Sucre, artífices de los tratados de Armisticio entre España y la Gran Colombia y de Regularización de la Guerra, textos considerados como una normativa sagrada y pioneros en su género en el continente americano.

“El tratado de Regularización de la Guerra lo propondremos hoy, tan generoso, liberal y humano como usted desea”, le escribió Sucre a Bolívar el 26 de noviembre del año 1820, luego de haber redactado su contenido, al que años más tarde el Libertador calificó como “el más bello monumento a la piedad, aplicado a la guerra”.

A juicio de los expertos, ambos tratados también sustentan y cimentan los derechos humanos en el mundo, a la vez que constituyen la esencia del Derecho Internacional Humanitario, que actualmente es aplicado en las naciones democráticas.

Guerra a muerte y regularización de la guerra en Trujillo

Proclama del Decreto de Guerra a Muerte por Simón Bolivar, estado Trujillo, 15 de junio de 1813.

El actual estado Trujillo fue el escenario de dos hitos en la lucha por la independencia del imperio español: La aprobación del Decreto de Guerra a Muerte y la firma de los tratados de Armisticio y de Regularización de la Guerra.

Siete años de guerra a muerte, declarada por Bolívar en 1813 para enfrentar las atrocidades cometidas por los españoles contra las y los venezolanos a quienes ultrajaban, degollaban y mutilaban, terminaron con la firma de los tratados el 25 y 26 de noviembre de 1820. Refrendados por Bolívar y Morillo el día 27.

Así llegó a su fin la guerra de exterminio que practicaban ambos bandos, en la que periódicamente se vivía el intenso drama del fusilamiento de prisioneros, del exterminio de poblaciones civiles, del reclamo de justicia por parte de los deudos.

La magnanimidad de Sucre

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Protagonista y testigo de la tragedia de la lucha armada, fue Antonio José de Sucre el encargado de redactar los tratados de Armisticio y de Regularización de la Guerra. En ello empeñó su grandeza espiritual y magnanimidad, posiblemente aliviado de contribuir a controlar tanto sufrimiento.

Especial reconocimiento le mereció el acuerdo para regularizar la guerra, descrito por el Libertador, en 1825, como “digno del alma del general Sucre. La benignidad, la clemencia, el genio de la beneficencia lo dictaron: él será eterno como el más bello monumento de la piedad aplicada a la guerra: él será eterno como el nombre del vencedor de Ayacucho”.

Antonio José de Sucre solo tenía 25 años cuando, además de redactar los tratados, tuvo que asumir las negociaciones con los emisarios del general Pablo Morillo, designado por la corona española para llegar a acuerdos con Bolívar y quien despreciaba tal encomienda.

Reconocimiento al gobierno de Colombia y a Bolívar como su presidente

El primer rasgo significativo del Tratado de Armisticio es que reconoce al gobierno de Colombia en su encabezado, al referir que con el gobierno de España desean “transigir las discordias que existen entre ambos pueblos”. Asimismo, reconoce al Libertador Simón Bolívar como presidente de Colombia y jefe de la República, al señalarlo entre los comisionados para estipular y fijar la tregua.

Por la Gran Colombia, Bolívar designó como negociadores al General de Brigada Antonio José de Sucre, al Coronel Pedro Briceño Méndez y al Coronel José Gabriel Pérez. Mientras que Morillo comisionó al General Ramón Correa, gobernador político de Venezuela; Don Juan Rodríguez del Toro, alcalde de Caracas y a Don Francisco González Linares.

El documento, suscrito el 25 de noviembre de 1820, consta de 15 artículos, el primero de los cuales establece que tanto el ejército español como el de Colombia “suspenden sus hostilidades de todas clases, en toda la extensión del territorio que posean”. La duración del armisticio por seis meses quedó estipulada en el artículo 2, con la posibilidad de prórroga, de ser necesario, ello para facilitar las conversaciones entre patriotas y realistas en busca de la paz definitiva.

De acuerdo al armisticio, ambos ejércitos quedarían ocupando sus respectivas posiciones, prohibiéndose que bajo cualquier pretexto se pretendiesen alterar. Además, eventualmente cesarían las hostilidades de mar en América y Europa y se restablecerían las comunicaciones mediante un sistema de servidumbre de paso a través de las posiciones ocupadas, entre otras estipulaciones.

Cómo ahorrar sufrimientos mientras se expulsa al opresor

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El Tratado de Regularización de la Guerra, fue encargado por el Libertador al general Sucre con el fin de ahorrar sufrimiento y penalidades innecesarias, dado el efecto devastador de la guerra, en el cumplimiento de la tarea histórica de expulsar al opresor español del territorio nacional y de conquistar tanto la independencia como el bienestar de los pueblos americanos.

El compromiso de este tratado fue asumido en el artículo 14 del armisticio “para dar al mundo un testimonio de los principios liberales y filantrópicos que animan a ambos gobiernos, no menos que para hacer desaparecer los horrores y el furor que han caracterizado la funesta guerra en que están envueltos (…) conforme el derecho de gentes, y a las prácticas más liberales, sabias y humanas de las naciones civilizadas”.

El convenio obligaba a España y Colombia a evitar el exterminio; así como a respetar a los prisioneros de guerra, asistencia médica a los soldados enfermos y heridos, además de honrosa sepultura a los muertos. También estableció la comunicación libre y abierta entre los respectivos territorios para la provisión de todo género de subsistencia y mercancías.

No a la pena capital para los desertores

Tratados de Armisticio y Regularización de la Guerra, pioneros de los derechos humanitarios

Siempre con una visión humanista, alejada de la barbarie hasta entonces reinante, el Tratado de Regularización de la Guerra también dispuso que “los militares o empleados que habiendo antes servido a cualesquiera de los dos gobiernos hayan desertado de sus banderas y se aprehendan bajo la del otro, no pueden ser castigados con pena capital” lo que también benefició “a los conspiradores y desafectos de una y otra parte”.

Carácter obligatorio y breve adquirió el canje de prisioneros, quienes no podían ser trasladados fuera del territorio de la Gran Colombia cualquiera fuese su grado y dignidad.  Por otra parte, a los jefes de los ejércitos se es dio la potestad de exigir la asistencia de los prisioneros “conforme quiera el Gobierno a quien estos correspondan, haciéndose abonar mutuamente los costos que causaren”.

En cuanto a los habitantes de los pueblos ocupados, se acordó respetarlos, darle una extensa y absoluta libertad y seguridad, sin importar sus opiniones, destinos, servicios y conducta con respecto a las partes beligerantes.

Sucre se proyectó en el futuro

Detalle del Momumento de Santa Ana de Trujillo, alusivo al abrazo de Bolívar y Morillo a proósito de la firma de los tratados de Armisticio entre España y la Gran Colombia y de Regularización de la Guerra.

La aparición de las conclusiones de la Convención de Ginebra de 1864, 44 años después de la firma del Tratado de Regularización de la Guerra entre España y Colombia, develó la dimensión futurista en la que se encontraba Antonio José de Sucre al redactarlo.

Así quedó evidenciado, entre otros, en el artículo 6° de la referida Convención: Los militares heridos o enfermos serán recogidos y cuidados, sea cual fuere la nación a que pertenezcan. Los comandantes en jefe tendrán la facultad de entregar inmediatamente a las avanzadas enemigas los militares heridos durante el combate, cuando las circunstancias lo permitan y con el consentimiento de las dos partes…”

“Sucre había escrito pues las bases de un Tratado que permanecerá indefinidamente en la historia del Derecho universal, que habrá de fomentar una rama desconocida como es el Derecho Internacional Humanitario que, sin discusiones de ninguna égida, brota de su talento, de su juicio de político, de caudillo y de estadista”, escribió Rafael Ramón Castellanos en su libro: La dimensión internacional del Gran Mariscal de Ayacucho.

En la referida obra también se da a conocer que «el jurista ecuatoriano, doctor Jorge Salvador Lara, logró que en el XV Congreso Mundial de Historia, celebrado en Bucarest, Rumania, en 1980, se reconociera a Sucre como el Precursor del Derecho Internacional Humanitario por haber sido el artífice de ese Tratado de Regularización de la Guerra firmado en Trujillo, de Venezuela, el 26 de noviembre de 1820.”

 

Con información de: 

– De Sucre, Antonio José. De mi propia mano. Fundación Biblioteca Ayacucho, Caracas 2009 (Segunda edición).

– Rumazo González, Alfonso. 8 Grandes Biografías. Tomo I, Antonio José de Sucre. Ediciones de la gobernación del estado Sucre. Cumaná, 2001 (Segunda edición).

– Castellanos, Rafael Ramón. La dimensión internacional del Gran Mariscal de Ayacucho. Colección Bicentenario Carabobo. Caracas 2021.


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