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COP17: Otra cumbre sin resultados mientras la sequía aumenta en el mundo

por Haiman El Troudi
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La 17ª reunión de la Conferencia de las Partes (COP17) de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD), celebrada en Ulán Bator, Mongolia, el pasado mes de agosto, concluyó sin un acuerdo global vinculante para enfrentar la sequía, pese a que es un fenómeno que afecta a todas las regiones del mundo.

Así, en medio de un desafiante contexto mundial, determinado por temperaturas en constante aumento y agravado además por el avance de El Niño Extremo en el Pacífico, se aplazó la discusión de este tema vital para la familia humana para la COP18 que se realizará en 2028 en Egipto.

Si bien hubo algunos avances sobre mecanismos de financiamiento a favor de países vulnerables y herramientas de prevención y adaptación, otras propuestas planteadas por pueblos indígenas, comunidades locales, mujeres y jóvenes fueron bloqueadas y también postergadas para dentro de dos años en la COP18.

La Organización de Naciones Unidas (ONU) ha señalado que el 40 % de las tierras del planeta están degradadas y las sequías son cada vez más frecuentes y duraderas. En la COP17 sobre Desertificación, especialistas llamaron la atención sobre la relación entre los alimentos, los territorios donde se producen y las decisiones de consumo de las personas. En tanto, científicos y organizaciones plantearon transformar los sistemas alimentarios para aumentar el consumo de alimentos de origen vegetal, moderar el consumo de carne y explorar alternativas como algas y mariscos provenientes de sistemas sostenibles. La situación del planeta se agrava y no es momento de postergar decisiones importantes.

De nuevo sin acuerdo

En la COP17 realizada el mes pasado, al igual que en la COP de 2024, los países no lograron llegar a un acuerdo global para gestionar las sequías y se aplazó nuevamente el consenso hasta la COP18, que se celebrará en Egipto en 2028.

La única acción que puede tomarse como avance fue el reconocer que la sequía deberá tratarse como un asunto independiente en la COP 18. El tema será analizado por el Comité de Ciencia y Tecnología y el Comité de Examen de la Aplicación del Convenio, que sirven de auxiliares en la toma de decisiones.

Además, se ratificó que el Mecanismo Mundial, otro brazo operativo de la convención, continuará apoyando a los países a movilizar recursos para gestionar la sequía. Actualmente más de 70 naciones adelantan estos planes, sin embargo, la ONU considera que estas asistencias no fluyen al ritmo que demanda la magnitud y urgencia que enfrentan.

Importancia de la COP17

Realizada en Mongolia, la COP17 reunió a los 197 países que forman parte del tratado para discutir mecanismos de gestión sostenible y restauración de los suelos. La conferencia se planteó buscar soluciones a los desafíos relacionados con la desertificación, la degradación de la tierra y la resiliencia ante la sequía.

En todo el mundo, desde los Andes y el Sahara hasta los Alpes y la tundra ártica, diversas comunidades llevan siglos perfeccionando el arte de convivir con la tierra. En este sentido, el pastoreo trata de la cría de ganado en entornos extremos para la agricultura, guiada por un conocimiento perfeccionado a lo largo de generaciones. Con motivo de la COP17 sobre la desertificación, la Unesco muestra cómo los conocimientos de los pastores y las soluciones interdisciplinarias pueden contribuir a combatir la degradación del suelo, la sequía y el cambio climático. En este sentido, aporta su mandato interdisciplinario en ciencia, cultura, educación, información y comunicación para ayudar a restaurar los ecosistemas y apoyar a las comunidades que dependen de ellos.

Para las Naciones Unidas, la restauración de la tierra es fundamental para “reducir la inestabilidad, prevenir el desplazamiento y fortalecer la seguridad humana y nacional en las regiones vulnerables”. Por ello sitúa a las personas en el centro de la restauración, vinculando la ciencia con medidas prácticas y políticas públicas. Así, promueve acciones que van desde la protección de los recursos hídricos y los conocimientos pastorales tradicionales hasta el fortalecimiento de la resiliencia ante la sequía. Busca con ello salvaguardar los medios de vida, la seguridad alimentaria y la identidad cultural.

Desertificación en aumento

 

Ya en 2024 un informe de la ONU había advertido que en las últimas tres décadas tres cuartas partes de la superficie terrestre han sufrido un proceso de mayor desertificación. Destacó además que un 7,6% de las tierras del mundo, equivalente a una superficie mayor que la de Canadá, han pasado a ser tierras secas.

Al respecto, el organismo ha indicado que esta desertificación ocurre por acciones humanas que ponen una presión excesiva sobre la tierra y llevan a su degradación. Entre ellas está la deforestación, el crecimiento demográfico, los incendios, la sobreexplotación del agua, la agricultura y la ganadería intensiva y no sostenible.

El Pacífico está viviendo el fenómeno de El Niño más extremo del que se tiene registro

 

Mongolia, sede de la COP17, se encuentra entre los países más afectados por la desertificación, casi el 77% de su territorio ya está degradado. En la Amazonía, la sequía entre 2023 y 2024 secó afluentes; afectó el transporte fluvial en regiones remotas de Brasil, Perú y Colombia; interrumpió el suministro de agua potable y provocó la muerte masiva de peces y delfines en peligro de extinción. Además, la combinación con la deforestación e incendios agrava el riesgo de que esta región deje de capturar carbono y comience a emitirlo.

En el Canal de Panamá, el descenso de los niveles de agua obligó a reducir en más de un tercio el tránsito de barcos, causando importantes perturbaciones en el comercio global. Mientras que, en África la sequía se tradujo en una crisis humanitaria. Adicionalmente, El Niño Extremo inició tres meses antes de lo previsto, prometiendo batir récords de temperatura en el océano Pacífico.

Lo que sí se logró

A pesar de que no se lograron los acuerdos esperados, en la COP17 se alcanzaron avances en mecanismos de financiamiento y resiliencia. la Conferencia concluyó con

un compromiso para invertir 1.300 millones de dólares en la restauración de tierras, aumentando la respuesta ante la sequía en 23 países en cinco continentes. La mayoría de este financiamiento, unos 1.200 millones de dólares, estará destinado a 45 proyectos sobre pastizales.  Sin embargo, no se acordó un protocolo para financiar proyectos de prevención de sequía en las regiones más vulnerables.

Por otra parte, se lanzó el Fondo para la Resiliencia ante la Sequía. Es una iniciativa conjunta entre la Convención de Naciones Unidas y el gobierno de Luxemburgo. Buscará movilizar hasta 400 millones de dólares, tanto públicos como privados, para invertir en seguridad hídrica, agricultura sostenible, soluciones basadas en la naturaleza y restauración de tierras.

Aunque estos anuncios representan un logro, al mismo tiempo evidencian un descenso significativo frente a los compromisos adquiridos en 2024, cuando se logró movilizar 12.000 millones de dólares para hacer frente a las sequías especialmente en países más vulnerables.

Por otra parte, en la conferencia también se presentó IDRO, una herramienta que permite evaluar la capacidad de los países para medir, prevenir y adaptarse a las sequías a través del procesamiento de información científica.

COP17 y Latinoamérica

Latinoamérica llegó a la COP17 sobre desertificación y sequía en medio de un complejo panorama. Por un lado, la degradación de los suelos ya tiene efectos concretos en la región, limitando el acceso al agua, causando menor producción de alimentos, mayor riesgo de incendios y desplazamiento de personas y comunidades.

Esta degradación en la región es originada principalmente por los monocultivos, semillas transgénicas y el uso de agrotóxicos.

Por otra parte, a pesar de que pastizales y sabanas cubren cerca del 18 % del territorio en América Latina, solo aparecen en el 10 % de las metas climáticas de los países de la región. Con ello se desconoce su rol fundamental en la regulación del agua, el almacenamiento de carbono y la seguridad alimentaria de más de 30 millones de personas.

Ante esta realidad, en la reciente conferencia científicos, pueblos indígenas, comunidades locales y representantes de gobiernos plantearon incluir estos ecosistemas en las políticas de restauración.

Desertificación, paz y otros asuntos

La desertificación, la pérdida de biodiversidad y el cambio climático están interconectados. A medida que la tierra se degrada, la competencia por los cada vez más escasos recursos hídricos y de pastoreo alimenta tensiones, desplazamientos y conflictos entre comunidades. Por ello, restaurar la tierra es también una forma de construir la paz.

En este sentido, la Unesco aboga por soluciones integrales, combinando ciencia, educación y la salvaguardia y promoción de la cultura y los sistemas de conocimientos locales e indígenas.

Por otra parte, durante la conferencia sobre desertificación, la bióloga Toby Kiers presentó un estudio aplicado en Mongolia sobre los hongos que viven bajo tierra. Según los resultados de la investigación, estos hongos podrían ser aliados clave contra la desertificación y más bien su pérdida podría acelerar la degradación de los suelos.

Familia humana fuera de la discusión

Tras una objeción de Estados Unidos a la agenda en el inicio de las negociaciones en la COP17, pueblos indígenas, comunidades locales, mujeres y jóvenes fueron excluidos de las negociaciones oficiales, dejando así fuera de discusión temas relacionados con la participación de la sociedad civil. Al respecto, organizaciones advirtieron que esto representó un retroceso para la participación de estos sectores en las decisiones sobre el futuro de los territorios y los suelos.

Marioldy Sánchez Santiváñez, representante de América Latina y el Caribe en el Panel de la Sociedad Civil de la conferencia contra la desertificación, afirmó que, pese al cambio de agenda, la sociedad civil mantuvo sus actividades con la mira colocada en poder recuperar estos temas en futuras negociaciones.

La creación de espacios representativos para la sociedad fue uno de los mayores logros de la COP16 de 2024, sin embargo, sus temas quedaron relegados.

 

 

Con información de Unesco, Mongabay, La silla vacia

Fotografías cortesía de Mongabay Latam, Montsame News, ONU y Euronews


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