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El Ermitañito Gargantirrayado es uno de los tesoros de la ornitología venezolana

por Haiman El Troudi
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Por los caminos nebulosos de los bosques venezolanos, donde la luz del sol se filtra en rayos dorados entre los árboles, vuela el Ermitañito Gargantirrayado, uno de los tesoros más delicados y fascinantes de la ornitología venezolana, signo de bienestar ambiental.

Phaethornis striigularis, su nombre científico, es un residente común y local en las zonas montañosas y estribaciones andinas de Venezuela. Su presencia se extiende a lo largo de la Cordillera de la Costa, desde el Parque Nacional Henri Pittier (Aragua) y el Waraira Repano (Caracas – La Guaira), hasta las serranías de Turimiquire en el oriente del país.

El Ermitañito Gargantirrayado es uno de los tesoros de la ornitología venezolana

En la Cordillera de los Andes, este pequeño colibrí recorre los bosques de los estados Táchira, Mérida y Trujillo. Asimismo, se le puede ver adentrándose en las estribaciones de los llanos occidentales y la región de Guayana.

Nativo del Neotrópico, una de las grandes regiones biogeográficas del planeta, que abarca países de América del Sur, Centroamérica, el sur de México y las islas del Caribe, el Ermitañito Gargantirrayado también es conocido como Ermitaño Golilistado (Ecuador), Ermitaño Golirayado (Colombia), Ermitaño Gorguirrayado (Panamá), Colibrí Ermitaño enano (México), Ermitaño Enano (Costa Rica, Nicaragua y México) y Ermitaño Chico (Honduras).

Phaethornis striigularis memoriza una ruta específica

A diferencia de muchos colibríes que son altamente territoriales y defienden agresivamente un parche de flores, Phaethornis striigularis exhibe un comportamiento de alimentación conocido como traplining o rutas de pecoreo. Esto significa que el ave memoriza una ruta específica a través del bosque, visitando una flor aquí, otra más allá, y otra más adelante, recorriendo distancias considerables.

Esta estrategia es fundamental para la ecología del bosque. Al no defender un territorio fijo, estos ermitaños aseguran el flujo genético de las plantas que visitan, actuando como los polinizadores principales de numerosas especies de herbáceas, arbustos y epífitas del sotobosque.

Las flores que prefieren, a menudo de las familias Heliconiaceae (platanillo o falsa ave del paraíso), Zingiberaceae (jenjibre, cúrcuma, cardamomo, alpinia, hedychium) y Gesneriaceae (gesneria, bellonia rhytidophyllum, Pheidonocarpa), han coevolucionado con ellos, desarrollando corolas curvas que encajan perfectamente con la geometría de su pico.

En Venezuela, el Ermitañito Gargantirrayado no es un ave más: funciona como un indicador de la salud del bosque húmedo premontano y del montano bajo, porque su presencia y abundancia reflejan la salud, la calidad del hábitat, la continuidad del sotobosque y la disponibilidad de recursos como insectos y plantas.

Evolución para mimetizarse con la penumbra del sotobosque

El Ermitañito Gargantirrayado es uno de los tesoros de la ornitología venezolana

Perteneciente a la familia Trochilidae y a la subfamilia Phaethornithinae (ermitaños), Phaethornis striigularis es un colibrí de tamaño pequeño. Mide entre 9 y 10 centímetros de longitud y pesa apenas entre 3 y 4 gramos. A diferencia de los colibríes de colores metálicos y brillantes que suelen visitar los comederos en los jardines, los ermitaños han evolucionado para mimetizarse con la penumbra del sotobosque. Pero, en ocasiones, sus ruidosos aleteos alertan de su presencia.

Su plumaje es una obra maestra de la cripsis (mecanismo de camuflaje para pasar desapercibidos ante los sentidos de otros animales). Las partes superiores son marrones con un verde oliva apagado, que les permite confundirse con el follaje sombreado. Las partes inferiores son de un tono blanco sucio o crema. Pero su rasgo más distintivo está en la garganta: un fondo blanco o grisáceo muy claro atravesado por finas y oscuras estrías longitudinales, de ahí el gargantirrayado de su nombre común.

Una llamativa ceja blanca (supercilio) adorna su rostro, ésta contrasta fuertemente con una máscara ocular negra que atraviesa el ojo, dándole una expresión casi teatral. Su pico es largo, delgado y ligeramente curvado hacia abajo, generalmente negro, una herramienta evolutiva diseñada con precisión milimétrica para acceder al néctar de las flores tubulares y curvas del sotobosque.

El Ermitañito Gargantirrayado es omnívoro

Aunque el néctar es su principal fuente de carbohidratos y energía, el Ermitañito Gargantirrayado es omnívoro. El néctar de flores lo obtiene visitando distintas plantas de manera regular. También puede perforar la base de algunas flores para extraer el néctar, cuando éste no está a su alcance, una estrategia que le permite aprovechar mejor los recursos disponibles.

Con el fin de obtener las proteínas necesarias para mantenerse activa, especialmente durante la época de cría, esta ave realiza el rebusqueo (gleaning), mediante el cual captura pequeños insectos y arañas que encuentra en las hojas, ramas y telarañas del sotobosque. De hecho, las telarañas no solo son una fuente de alimento, sino también el “cemento” arquitectónico que utilizarán para construir sus nidos.

Phaethornis striigularis generalmente forrajea en niveles bajos del bosque, aunque en ocasiones también puede alimentarse en zonas más altas. Su conducta de búsqueda de alimento suele ser constante y precisa, lo que le ayuda a adaptarse a la disponibilidad de flores en su entorno.

El macho no participa en la crianza de los polluelos

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Polluelos

La temporada reproductiva del ermitañito gargantirrayado en Venezuela y sus otras áreas de distribución suele coincidir con los períodos de más flores disponibles, que a menudo se alinean con las estaciones lluviosas. El cortejo es relativamente simple comparado con otras especies de colibríes; los machos realizan vuelos de exhibición en “U” desde una percha favorita, emitiendo cantos repetitivos y agudos para atraer a las hembras. Tras la cópula, el macho no participa en la crianza de los polluelos.

La hembra asume la tarea de construir el nido y criar a la descendencia. El nido de esta especie es una maravilla de la ingeniería natural. Tiene forma de cono alargado y es construido en la punta o en el envés de una hoja ancha y colgante, frecuentemente de plantas como el plátano, la heliconia o el bijao. Esta ubicación no es casual: protege el nido de las fuertes lluvias tropicales y de depredadores como serpientes y monos.

Para su construcción, la hembra utiliza musgo, líquenes, fibras vegetales y pelusa de semillas, que une con hilos de seda de araña. El exterior del nido es decorado con fragmentos de líquenes y corteza, para lograr un camuflaje tan perfecto que, incluso mirando directamente hacia él, es casi imposible distinguirlo de la hoja que lo sostiene.

La hembra pone dos huevos blancos, del tamaño de un guisante, y los incuba durante aproximadamente 15 a 16 días. Los polluelos nacen altriciales (ciegos y desnudos) y son alimentados exclusivamente por la madre con una regurgitación de néctar e insectos hasta que están listos para volar, unas tres semanas después de la eclosión.

Categoría de Preocupación Menor para la UICN

Actualmente, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) clasifica Phaethornis striigularis bajo la categoría de Preocupación Menor (LC). Su amplia área de distribución y su capacidad para habitar en bosques secundarios y hábitats ligeramente alterados, le otorgan cierta resiliencia frente a otras especies de ermitaños más estrictas.

No obstante, esta clasificación no debe interpretarse como una luz verde para la inacción. En Venezuela, la presión sobre los bosques de la Cordillera de la Costa y las estribaciones andinas es intensa. La expansión agrícola, la urbanización descontrolada, la tala ilegal y, más recientemente, el impacto de la minería ilegal en las regiones del sur y oriente, amenazan la integridad del sotobosque.

Los ermitaños son particularmente sensibles a la fragmentación del bosque, ya que sus rutas de alimentación requieren corredores continuos de vegetación para ser eficientes. Si un tramo de bosque desaparece, la ruta se rompe, y las plantas que dependen de ellos para la polinización también desaparecen.

Además, el cambio climático representa una amenaza silenciosa. El aumento de las temperaturas y la alteración de los patrones de lluvia pueden desincronizar la floración de las plantas del sotobosque con los ciclos reproductivos de Phaethornis striigularis, creando un cuello de botella ecológico devastador.

Eslabón vital en la compleja red trófica

El Ermitañito Gargantirrayado es uno de los tesoros de la ornitología venezolana

El Ermitañito Gargantirrayado es mucho más que un simple colibrí de hermoso plumaje. Es un eslabón vital en la compleja red trófica (conjunto de todas las cadenas alimentarias de un ecosistema que están conectadas entre sí) de los bosques neotropicales.

Cada vez que un Phaethornis striigularis introduce su largo pico en una de sus flores favoritas en los bosques del Parque Nacional Henri Pittier, el Waraira Repano, o en las montañas de Mérida, está participando en un baile evolutivo que ha durado millones de años.

Proteger a esta especie requiere, inevitablemente, proteger los bosques húmedos de Venezuela y del Neotrópico. Para ello, son pasos esenciales fomentar el ecoturismo, apoyar la investigación ornitológica local y promover la conservación de los corredores biológicos.

Al preservar el hábitat del ermitañito gargantirrayado, no solo se salvaguarda a un ave extraordinaria, sino que se asegura la supervivencia de las plantas que poliniza, los insectos que comparten su hábitat y la magia misma de los bosques nublados para que, generación tras generación, sigan brindando el espectáculo de verlos volar.

 

Con información de Ebird, Birds Colombia, Bioexploradores Farallones, Wikipedia

Fotos cortesía de Birds Colombia, Birds World, Inaturalist, Adrián R. Sevilla (Facebook)


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